Oswaldo Payá, el hombre que puso en jaque a Fidel Castro

Oswaldo Payá (1952-2012) – Foto AP

Oswaldo Payá, líder del opositor Movimiento Cristiano Liberación, murió en un accidente de tránsito ayer en Cuba en circunstancias que necesitan ser esclarecidas. En este caso no basta decir que “el chofer perdió el control del vehículo”, como anuncian los funcionarios del gobierno. Según la hija de Payá, el auto en que viajaban su padre y acompañantes fue embestido varias veces.

La causa de la democracia y los derechos humanos en Cuba ha perdido uno de sus más firmes abanderados. Desde hace más de dos décadas Payá luchaba por una sociedad más libre e incluyente sufriendo muchas veces los ataques de turbas oficialistas que cubrían la fachada de su casa con insultos.

El mérito de Payá consiste en haber logrado coordinar una iniciativa pacífica por el cambio en Cuba, el Proyecto Varela, que tomó al gobierno por sorpresa en 2002. Bajo el manto de la actual Constitución, Payá y sus seguidores recogieron más de 11 mil firmas en demanda de un plebiscito para que los cubanos se pronunciaran sobre libertades cívicas, una amnistía de los presos políticos y elecciones multipartidistas. Fidel Castro se vio en la necesidad de convocar a un referéndum para declarar el socialismo como sistema “único e irreversible”.

El éxito en la recogida de firmas por parte de los activistas del Movimiento Cristiano Liberación demostraba una valentía y una organización que el gobierno no estaba dispuesto en tolerar. No es extraño que muchos de ellos terminaran en la cárcel durante la ola de arrestos de marzo de 2003. Payá no fue a prisión quizás por ser una figura demasiado conocida fuera del país. Sin embargo, su organización quedó diezmada. Iniciativas posteriores como el Proyecto Heredia y El Camino del Pueblo han tenido menor resonancia que el Proyecto Varela.

Duele la muerte a destiempo de un hombre que hizo tanto por la reconciliación de los cubanos y que habría jugado un importante papel en esa Cuba democrática que sigue siendo, para nuestro mal, la más escurridiza de las entelequias.

Gracias, Oswaldo Payá, por tu dignidad y coraje.

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