De las UMAP a Wendy Iriepa

Foto de AFP


Wendy Iriepa e Ignacio Estrada tienen suerte. Son jóvenes cubanos que hoy celebraron su boda en La Habana. Ella nació varón y ahora es mujer, después de someterse a una operación de cambio de sexo. El es homosexual, disidente, ex seminarista católico y seropositivo, por más señas.

Si Wendy e Ignacio hubieran vivido entre 1965 y 1968 en Cuba probablemente habrían terminado en las Unidades Militares de Apoyo a la Producción, las UMAP, donde se les habría humillado y hecho trabajar hasta el agotamiento para “hacerlos hombres”.

Si hubieran buscado empleo después de salir de aquellos centros de castigo y adoctrinamiento, es casi seguro que les habría sido difícil. En el mejor de los casos, habrían tenido que conformarse con trabajos en los que no habrían podido progresar. Habrían intentado mantener ocultas sus preferencias, so pena de sanciones como las que se aplicaban por “escándalo público” o el acoso y escarnio de sus compañeros.

Sin embargo, Cuba ha recorrido un largo trecho. Por lo menos en cuanto a los derechos de sus minorías sexuales. Lentamente, como todo lo que pasa en aquella isla cuando se trata de cambios. Cambios de toda forma. La misma Wendy no fuera hoy mujer sin las operaciones de sexo que comenzaron en 2008.

Cuba se ha hecho un país más moderno en ese sentido de la mano de Mariela Castro, directora del CENESEX, el Centro Nacional de Educación Sexual e hija del actual presidente. A mediados de los noventa, Mariela asumió la tarea de promover más tolerancia hacia los homosexuales, travestis y transexuales. Al hacerlo, revertía una política oficial de discriminación que en su momento alentó su tío Fidel y de la que fue cómplice su padre Raúl. Inevitablemente, tarde o temprano, se imponía un mea culpa.

Fidel aceptó su responsabilidad por la persecución de los homosexuales en una entrevista con el diario izquierdista mexicano La Jornada en agosto del año pasado. Con atenuantes: el enfrentamiento con Estados Unidos, los atentados en su contra, la inexperiencia en el ejercicio del poder. Además, según él, no sabía que se cometían abusos en las UMAP.

Mariela, por su parte, siempre ha tenido una actitud defensiva ante cualquier mención de las tenebrosas UMAP. Si bien reconoce que fue “un error de la Revolución”, señala a la vez que hay que enmarcarlas en el contexto de una época donde se cometían crímenes contra homosexuales en otros países del mundo. Uno de los hechos con que refuerza su argumento es que la Organización Mundial de la Salud solo dejó de considerar la homosexualidad como una enfermedad en 1990.

Ayer el mismo diario La Jornada publicó unas declaraciones de Mariela en las que afirma que se investigarán los casos de abusos a homosexuales en las UMAP y durante el tristemente célebre quinquenio gris de los años setenta. Una vez más, su tono es eximente.

“Una nación viviendo una epopeya tan compleja, que llevaba cambios inimaginables. Era realmente difícil tener la capacidad para ser justos en todos los temas, además, en una sociedad machista…”, le dice Mariela al periodista Gerardo Arreola.

Según la directora del CENESEX, la investigación se propone impedir que vuelvan a cometerse abusos contra los homosexuales. Es un objetivo loable en sí. Sin embargo, una indagación profunda de las UMAP y del quinquenio gris que comenzó con el estalinista Congreso de Educación y Cultura de 1971 no es posible en la Cuba actual. Hacerlo supondría llamar a declarar ante una comisión independiente a todos los que tuvieron responsabilidad en su creación, incluyendo Fidel y Raúl Castro, que, como Ministro de las Fuerzas Armadas, debía estar al tanto de lo que sucedía en esas granjas militarizadas.

Una investigación a fondo de las UMAP tampoco puede circunscribirse a los excesos contra los homosexuales. Sacerdotes católicos, pastores protestantes, testigos de Jehová, y jóvenes supuestamente descarriados también pasaron por ellas. El actual cardenal Jaime Ortega y el cantante Pablo Milanés están entre los miles de cubanos que podrían dar testimonio. Es un asunto que como nación nos queda pendiente.

Wendy e Ignacio firmaron su contrato matrimonial el día en que Fidel Castro cumplió 85 años. Ellos le dedicaron con mucha ironía su boda al ex presidente. Los novios hicieron historia y al mismo tiempo le dieron una nalgada a un gobierno que, a pesar de enmendarse en su homofobia, mantiene a Cuba todavía rezagada en una legislación que consagre los derechos de las parejas homosexuales. A los dos, enhorabuena.

Cubanos en el lente de Ida Kar

La obra de Ida Kar se expone en la National Potrait Gallery de Londres.


Considerada una maestra del retrato, la fotógrafa rusa de origen armenio Ida Kar se fue a Cuba en 1964. En Londres, donde residía desde 1945, había conocido al entonces consejero cultural de la embajada de Cuba, el escritor Pablo Armando Fernández, quien gestionó su visita a la Isla.

Las fotos de personalidades de la política, el arte y la literatura que consiguió tomar pueden verse en esta página de la BBC con textos de mi coterráneo y amigo Manuel Toledo.

Artistas y políticos de Cuba, vistos por Ida Kar

El voto infame de Cuba

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en Naciones Unidas. (Foto de archivo)

La bloguera Yoani Sánchez pide a Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, el CENESEX, una explicación por su tibio rechazo a un voto cubano en Naciones Unidas que contradice su trabajo a favor del respeto de la diversidad sexual en la Isla. Como es sabido, Cuba se sumó a un grupo de países encabezado por Benin que propuso retirar la mención de la orientación sexual de una resolución que condena las ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias o sumarísimas. La enmienda fue aprobada por 79 votos a favor, 70 en contra y 17 abstenciones el pasado 16 de noviembre.

Es poco probable que Mariela responda porque simplemente no sabe cómo explicar que Cuba apoye crímenes contra personas por su inclinación sexual. Si ha hablado del asunto con su padre, el presidente Raúl Castro, o con el Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, no tiene una explicación creíble que ofrecer.

Al alinearse con Irán, Sudán y otros violadores de los derechos humanos, el gobierno de Cuba parece lanzar por la borda su iniciativa para vender una imagen más favorable en el exterior con Mariela como portaestandarte: desde hace unos años la directora del CENESEX viaja con regularidad a Europa para hablar del respeto de las minorías sexuales en la Isla. Ella no lo hace a nombre propio, sino como representante de una institución oficial.

Como bien observa Yoani, la interpretación más lógica de este voto es que los actuales gobernantes de Cuba hacen un favor a países que a su vez lo devolverán cuando llegue el momento. En realidad Cuba ya estaba en deuda: muchos de ellos se opusieron a las condenas de las violaciones de los derechos humanos en la Isla cuando estas se presentaban en la ONU. Otra conclusión es que en los círculos del poder en Cuba no se toman muy en serio la labor de Mariela.

Más que a la hija del presidente, es a él y a su canciller al que habría que pedir explicaciones. Ellos bien podrían corregir el error retirando el voto de Cuba pero eso requiere que alguien muy arriba admita haberse equivocado. Por supuesto, no hay que hacerse ilusiones: el derecho a la vida de los homosexuales en el mundo no parece interesar a Raúl Castro y mucho menos a Rodríguez Parrilla.

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Para referencia, Cuba votó con los siguientes países a favor de la enmienda de marras:

Afganistán, Arabia Saudita, Argelia, Angola, Azerbaiyán, Bahamas, Bahrein, Bangladesh, Belize, Benin, Birmania,  Botswana, Brunei, Burundi, Camerún, China, Comoros, Congo, Costa de Marfil, Corea del Norte, Djiboutí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Eritrea, Etiopía, Ghana, Granada, Guyana, Haití, Indonesia, Irán, Irak, Jamaica, Jordania, Kazajstán, Kenia, Kuwait, Líbano, Lesotho, Liberia, Libia, Madagascar, Malawi, Malaisia, Maldivas, Mali, Marruecos, Mozambique,  Namibia, Níger, Nigeria, Omán, Pakistán, Quatar, República Democrática del Congo, Rusia, Ruanda, Saint Kitts and Nevis, Santa Lucía, San Vicente y Granadinas, Senegal, Sierra Leona, Siria, Somalia, Sudáfrica, Sudán, Surinam, Suazilandia, Tanzania, Tayikistán, Túnez, Uganda, Uzbekistán, Vietnam, Yemén, Zambia, Zimbabwe.

De ciertos cambios en Cuba

Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX) e hija del presidente Raúl Castro, dijo a un corresponsal de la agencia de noticias AP en La Habana que en el país se hacen operaciones de cambio de sexo desde 2008 costeadas por el gobierno cubano. Es un “rompimiento con el pasado”, dice el título del reportaje donde se cuenta la historia de Yilliam González, nacido varón y hoy rubia despampanante. La versión de la crónica en video está al final de esta entrada.

Cuba ciertamente ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales en los últimos 20 años. Es – hay que admitirlo – fruto de la dedicación e influencia de Mariela Castro, a quien tuve la oportunidad de conocer hace unos años en misión de la BBC. Sin embargo, los esfuerzos de Mariela tienen límites. Por ejemplo, su empeño no ha sido suficiente para que se apruebe una ley que otorgaría derechos a parejas del mismo sexo y transexuales cubanos.

Con evidente frustración Mariela me confió por email que el mayor obstáculo a la legislación venía de las iglesias. Un colega en el entorno periodístico comentó entonces que si así fuera nunca a los dirigentes religiosos se les habría tenido tan en cuenta. Sea como sea, ya le había advertido su tío Fidel que en esa materia no se podía andar con apresuramientos.

Si bien es un logro que en Cuba se faciliten las operaciones de cambio de sexo a las personas que las necesitan, es notoria la falta de voluntad de las autoridades para permitir que los gays y lesbianas cubanos gocen de una vida social independiente como la de sus pares de cualquier país sin leyes homofóbicas. En pleno siglo XXI, La Habana es quizás la única capital latinoamericana donde no hay bares y discotecas para la comunidad homosexual. Aquellos que han aparecido son cerrados tarde o temprano por la policía, bajo el pretexto de combatir la prostitución.

Por supuesto, habrá quienes consideren sospechoso el timing del reportaje de AP, viniendo de un país en que se presiona a los corresponsales extranjeros por una dosis de buenas noticias como remedio a la mala imagen en el exterior. No hay que ser muy suspicaz para creerlo si se considera que al gobierno de Cuba le llueven críticas por la muerte en huelga de hambre del preso de conciencia Orlando Zapata y una protesta similar del disidente Guillermo Fariñas, hoy en grave peligro de perder la vida por inanición.

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