Laura Pollán no descansará en paz

Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, murió hace unas horas de un paro cardíaco en La Habana. Un agresivo virus hizo estragos en sus pulmones. Por si fuera poco, el dengue, que al parecer recorre la isla en estos días ante el silencio de las autoridades, quebrantó aun más su salud. Fue demasiado para una diabética e hipertensa de 63 años.

Durante ocho largos años, Laura se atrevió a desafiar a un régimen que infunde miedo entre los cubanos. La impelía, más que nada, lograr la libertad de su esposo, Héctor Maseda, uno de los disidentes arrestados y condenados a largas penas de cárcel en la Primavera Negra de 2003. Sin embargo, el regreso de Héctor el año pasado no mitigó su compromiso con la causa de los derechos humanos. Es así que rechazó el exilio y se propuso continuar exigiendo libertad.

Ni golpes, ni empellones, ni amenazas, ni insultos, ni detenciones, ni campañas de descrédito -algunas de las armas del poder para acallar a sus opositores- hicieron mella en la determinación de Laura. Al contrario, esta profesora de español desempleada mantuvo vivo su movimiento de mujeres que, empuñando solo gladiolos, siguieron marchando en silencio después de misa cada domingo.

Laura ya no tendrá que sufrir las consecuencias de su oposición a un gobierno dictatorial. Sin embargo, tengo la impresión de que por dejar tanta obra inacabada, y a pesar de nuestros deseos, no descansará en paz. Y tal vez sea mejor así: que no repose en nuestras malas conciencias.

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