Una especie de milagro (a propósito del día de La Caridad)

Los cubanos de la Isla y su Diáspora celebramos ayer el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra Patrona. Es la fecha del nacimiento de María según el calendario católico.

De todas las advocaciones de la Madre de Cristo, el de “la Caridad” nos recuerda la principal virtud cristiana que es amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Paradójicamente, si algo está en falta todavía entre nosotros es un elemental respeto al otro, indispensable premisa para la reconciliación de Cuba con sí misma.

Muchos son los agravios acumulados en más de medio siglo: fusilamientos, expropiaciones, cárceles, humillación, separación, destierro, innumerables injusticias. Es algo que nunca podrá olvidarse. Sin embargo, si queremos un futuro mejor para los nuestros, urge poner a un lado las ofensas y aprender a convivir con quienes las infligieron o con sus herederos. La historia indica que ese ha sido el caso de la España posfranquista y de los países de Europa del Este después de la caída del comunismo. Esos casos demuestran que la prosperidad económica va de la mano de la paz social y esta a su vez nace de un acomodo con quienes formaron parte del régimen anterior.

La mayoría de los que deseamos un cambio profundo en Cuba estamos dispuestos a poner en segundo plano las diferencias entre nosotros e incluso estrechar la mano de quienes detentan el poder si fuera necesario. El problema radica en realidad en éstos últimos, tan aferrados a sus puestos y tan temerosos de su supervivencia.

En los últimos meses, impelidos por la necesidad de mejorar las relaciones con Europa, los gobernantes cubanos han liberado a presos políticos. La medida es perfectamente calculada pero si alguna conclusión puede sacarse de ella es que el régimen sí está dispuesto a negociar cuando le conviene.

Si bien es cierto que hasta ahora el gobierno sólo parece estar interesado en obtener ventajas en el extranjero, es necesario que comprenda los beneficios de una liberalización interna que no se circunscriba al ámbito económico. La Iglesia Católica cubana ha abierto una ventana en el edificio cerrado y hermético del régimen en su papel de intercesora por la liberación de los presos políticos. Dada la renuencia de los gobernantes a escuchar a sus críticos cubanos, la jerarquía católica debería continuar sus gestiones ahora por la libertad de expresión, asociación, prensa y a entrar y salir del país por sólo citar algunos de los derechos que no están vigentes en Cuba.

Los pueblos engañan y las circunstancias cambian de la noche a la mañana pero tal como se ven las cosas, Cuba no cambiará con revoluciones violentas ni intervenciones extranjeras. La inmensa mayoría de los cubanos no lo quiere, ni siquiera piensa en esas dos posibilidades como solución a sus problemas. Es por eso que la negociación con quienes controlan el país se presenta como la única vía. La Iglesia tiene entonces al alcance de sus manos obrar una especie de milagro: el que los cubanos construyamos un país para todos. Ese sería el mejor homenaje a La Caridad.

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