Detengan la masacre

De tres mil a siete mil muertos. Y hasta más. La cifra depende de quien lo dice: organizaciones de derechos humanos, la oposición siria, el mismo régimen de Bachar el Asad, contra quien se hace una revolución. Contra una dictadura heredada y 41 años de falta de libertad.

A golpe de balas y bombas intenta Asad doblegar Homs, tercera ciudad de Siria y centro de la rebelión. No le importan las condenas de los árabes, de Estados Unidos, Europa, Turquía y la mayor parte del mundo. Detrás del tirano, Irán. Con él, Rusia. China, que presta veto a su favor. Y lo defienden, ciegos y sordos de conveniencia, triste comparsa, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

Ya se sabe que Siria es diferente de Libia, que es mucho más complicado intervenir… pero, señores, ¿cuántos más morirán antes de que alguien haga algo para poner fin a esta masacre?

El fin de Muamar Gadafi

Muamar Gadafi no tuvo la muerte heroica que había prometido. Pocos dictadores la tienen. Su fin se parece más al de Mussolini, detenido por los partisanos italianos cuando intentaba huir a Suiza. Al menos, dicen que el Duce se abrió la camisa y pidió que le dispararan al pecho. Cuentan que el Hermano Líder, como se hacía llamar el ex déspota de Libia, apeló a la clemencia de sus captores. Esperaba una compasión que no tuvo con sus oponentes en los cuarenta y dos años que fue dueño y señor de aquel país.

Fue un desenlace ignominioso: lo sacaron de una cloaca, lo mataron sin miramientos y pasearon su cadáver como el mayor trofeo. Los medios nos avisan que las imágenes son brutales. Es cierto, lo son; pero mucho menos, infinitamente menos, que la violencia y el terror que caracterizaron su gobierno. Nada comparables, por ejemplo, a los restos carbonizados de presos políticos, muertos o heridos a granada y quemados en una cárcel de Trípoli.

Conocida es la sevicia del gadafismo aunque todavía queda mucho por documentar sobre las torturas, los asesinatos, los actos de terrorismo más allá de las fronteras de Libia ordenados por un tirano delirante, cuyo último desvarío le costó la vida. Creer que podría organizar una resistencia de sus partidarios lo llevó a parapetarse en Sirte, en lugar de ponerse a buen recaudo en Argelia o Zimbabue. De nada sirvieron sus desesperados llamados a la rebelión.

Los dictadores que quedan en el mundo deberían tomar nota de una lección de la historia que se repite: los regímenes que presiden, por férreos, violentos y económicamente solventes que sean, caen tarde o temprano.

Yemen: ¿rebelión olvidada?

Libia acapara la atención de la prensa internacional por sobradas razones. No menos seria es la situación en Yemen donde un ciclo de protestas-represión podría conducir a un levantamiento contra el presidente Alí Abdula Saleh, un aliado de Estados Unidos que está en el poder desde 1978.

Ayer grandes multitudes asistieron a los funerales de decenas de manifestantes muertos el viernes cuando supuestos agentes de los servicios de seguridad del gobierno, vestidos de civil, abrieron fuego en la llamada Plaza del Cambio de la capital Sanaa.

Aunque Washington ha deplorado la represión, el tono de condena es apenas perceptible. Quizás porque Yemen es considerado una cantera del extremismo islámico, en específico de Al Qaeda. El régimen de Saleh ha sido un elemento importante en la estrategia de Estados Unidos contra el terrorismo.

Si bien hay un componente religioso en las protestas, los otros factores que las  motivan son los mismos de otras rebeliones en el Medio Oriente: la pobreza, la falta de oportunidades, la carencia de libertades democráticas, la incuria de los gobernantes.

Tal parece que a Saleh se le acabó el tiempo. El anuncio de que no se presentará para la reelección presidencial en 2013 y su promesa de reforma de la constitución no satisfacen a una gran parte de sus conciudadanos. Las protestas continúan.

El mundo debe actuar con urgencia ante lo que sucede en Yemen.

Argumentos a favor de la intervención en Libia

El intento de las fuerzas del dictador de Libia Muamar Gadafi de tomar Bengasi, la segunda ciudad del país y el principal bastión de los rebeldes, aceleró el comienzo de la intervención militar de Estados Unidos, Francia y Reino Unido en cumplimiento de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. Esta declaración autoriza el establecimiento de una zona de exclusión aérea y todas las medidas que sean necesarias para proteger a los civiles libios.

Los primeros ataques de la operación Odisea al Amanecer lograron detener la ofensiva gadafista en el este del país. Sin embargo, a pesar de una promesa inicial de cese el fuego, Gadafi continúa beligerante: intenta recuperar la ciudad de Misrata al oeste de Tripoli y amenaza con convertir el Mediterráneo en un apocalíptico lago de fuego.

Con el alud de bombas y misiles Tomahawk vienen críticas que rallan en el absurdo y rezuman politiquería. Es el caso de un señor que es secretario general de la Liga Arabe y aspira a la vacante que dejó Hosni Mubárak en la presidencia de Egipto. Se llama Amr Moussa. Este diplomático fustigó a la alianza anti-Gadafi porque, en su opinión, va más allá de su mandato al causar la muerte de civiles con sus bombardeos.

Aunque todavía no hay evidencia de bajas entre la población civil, Moussa siembra dudas sobre la actuación de norteamericanos, británicos y franceses. El parece abogar por una zona de exclusión aérea sin que antes se neutralicen las baterías del ejército libio. Es decir, habría primero que probar la mala fe de Gadafi antes de desarmarlo. Moussa sueña o se cura en salud en caso de que las cosas vayan mal, lo que podría costarle votos en las elecciones presidenciales egipcias. Falta por ver si el secretario general habla de motu proprio o si refleja una nueva inquietud entre los países árabes que, sin excepción, decidieron apoyar la resolución 1973.

En todo caso, Estados Unidos y sus aliados deben terminar lo que han emprendido. Estos son algunos de los argumentos a su favor:

1 –  La intervención evita una catástrofe humanitaria. No sólo tiene la legitimidad que le otorga las Naciones Unidas sino que es solicitada por los rebeldes libios. Debe juzgarse por sus propios méritos. No se trata aquí de una acción deliberada para apropiarse del petróleo libio como dirían los trasnochados y los cínicos. La rebelión, como las de Túnez y Egipto, tomó por sorpresa a Estados Unidos y Europa. En todo caso: ¿para que habría querido Occidente derrocar a Gadafi si ya tenía ventajosos acuerdos con Libia? ¿Para qué cambiar estabilidad por incertidumbre?

2 – Un Gadafi victorioso podría ser un peligro no solo para su pueblo sino para todos aquellos países que apoyaron a los rebeldes. Dado su historial, no puede descartarse que el dictador recurra nuevamente al terrorismo contra Estados Unidos y Europa.

3 – La decidida actuación de Washington y sus aliados podría modificar la opinión negativa de Occidente en una buena parte de la “calle árabe”.

4 – La intervención obraría como una advertencia a cualquier déspota que intente masacrar impunemente a su pueblo. Sin embargo, para que norteamericanos y europeos sean consecuentes en este punto deberían adoptar una posición más crítica ante la violenta represión de los gobiernos de Yemen y Bahrein contra sus opositores.

Bengasi bajo ataque

Un avión de combate es derribado sobre Bengasi. Foto de AP.

Las fuerzas del dictador libio Muamar Gadafi atacan en estos momentos la ciudad de Bengasi, el principal bastión de los rebeldes, a pesar de un anuncio de cese el fuego. El ataque se produce después de que las Naciones Unidas declarara una zona de exclusión aérea y autorizara a sus estados miembros las medidas necesarias para proteger a los civiles libios.

La noticia en El País, BBCThe Guardian y Al Yazira.

Gadafi maniobra

El régimen de Muamar Gadafi acaba de anunciar un cese el fuego a solo unas horas de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobara una resolución que establece una zona de exclusión aérea sobre Libia y autoriza el uso de todas las medidas necesarias para proteger a los civiles libios. Gadafi evidentemente se siente amenazado ante la superioridad militar de Francia y Gran Bretaña, los dos países más decididos a actuar.

En París y Londres, el anuncio de un cese de hostilidades se ha recibido con escepticismo. Ciertamente hay que evitar una situación parecida a la de Irak tras la Guerra del Golfo en 1991. En todo caso, Gadafi lo tiene más difícil que Saddam Hussein. No se trata ahora de una simple zona de exclusión aérea. Naciones Unidas ha otorgado un claro mandato para poner fin a las atrocidades del dictador.

Update – Obama lanza ultimátum a Gadafi

 

Naciones Unidas autoriza ataques contra Gadafi

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó el uso de todas las medidas necesarias para impedir que el gobernante de Libia, Muamar Gadafi, ataque a civiles en la actual ofensiva contra sus opositores. Diez países votaron a favor de la resolución y cinco se abstuvieron (Rusia, China, Alemania, Brasil e India).

Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y algunos países árabes tienen ahora el instrumento legal que necesitaban para evitar una matanza a gran escala. Por el momento se trata de establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia pero no se descarta que, de ser necesario, se produzcan ataques contra objetivos militares del gobierno libio.

La pregunta inevitable es si serán suficientes para detener una locura del “Hermano Líder” que amenaza con represalias dentro y fuera de Libia de producirse una intervención militar extranjera. Si bien el objetivo de la ONU es humanitario, a nadie debe caberle la menor duda de que la única solución de la crisis es el derrocamiento de Gadafi.

Libia update

El Consejo de Seguridad vota hoy una resolución para declarar una zona de exclusión aérea sobre Libia. La incógnita está en si China y Rusia usarán el frustrante derecho al veto que les otorga su condición de miembros permanentes en caso de aprobarse.

La resolución autoriza a que se tomen todas las medidas necesarias para proteger a los civiles de los ataques de las fuerzas de Muamar Gadafi y excluye una invasión de Libia.

Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y el Líbano votarán a favor pero ¿cómo lo harán Alemania, Bosnia, Brasil, Colombia, Gabón, India, Nigeria, Portugal y Sudáfrica?

Todavía hay esperanza de evitar la catástrofe que significaría el triunfo de Gadafi sobre sus adversarios sublevados. El dictador sabe que el tiempo podría jugar en su contra y acelera su ofensiva contra Bengazi, desde donde se informa ya de bombardeos.

Mientras tanto aquí en Londres, cuatro opositores libios mantenían su protesta en el techo de la embajada de su país.

Un desastre en ciernes en Libia

Mientras el mundo mira aterrado la tragedia de Japón, en Libia el ejército de Muamar Gadafi avanza inexorablemente hacia Bengazi, la capital de los rebeldes. Después de la negativa del G8 de involucrarse en una intervención militar en el país norafricano, Francia, Gran Bretaña y el Líbano presentaron una resolución ante Naciones Unidas para que se declare una zona de exclusión aérea.

La medida tiene escasas posibilidades de aprobarse ante la franca oposición de países como China sino la reticencia de Alemania a involucrarse en un conflicto en el norte de Africa. Añádase la incertidumbre sobre cuál es la posición de Estados Unidos en lo referente a prohibir que Gadafi use su fuerza aérea para bombardear a los alzados. De todas formas, una zona de exclusión aérea sobre Libia no garantiza que los rebeldes puedan resistir la ofensiva del régimen gadafista. Un caso de too little too late.

El loco dictador libio vaticina la derrota de Estados Unidos y el Reino Unido, según informa el diario español El País. La Bengazi que celebraba no hace mucho su liberación se prepara para lo peor. Ahmed, un rebelde que cita el periódico británico The Guardian sabe de quien es la culpa: “Nos traicionaron. Si nos matan a todos, Occidente tendrá sangre en sus manos. Ellos no creen en la libertad. Son unos cobardes”. Razón no le falta.

Se avecina una catástrofe en Libia cuando el déspota reimponga su dictadura. Entre tanto pusilánime, Francia encabeza la breve lista de honorables excepciones.

Periodistas de la BBC detenidos y golpeados en Libia

La brutalidad del régimen de Muamar Gadafi se puso nuevamente de manifiesto con la detención, golpiza y conatos de ejecución de tres periodistas de la BBC. Chris Cobb-Smith, Goktay Koraltan y Feras Killani intentaban llegar a la ciudad de Zawiya en la que el ejército libio libra una intensa batalla contra los rebeldes. Se trata de una muestra más de ilegitimidad de un gobierno que viola los más elementales derechos humanos.

Los reporteros de la cadena británica están ya fuera de Libia. Durante las 26 horas en que estuvieron en manos de los militares de Gadafi fueron testigos de las torturas y maltratos a que son sometidos los opositores del dictador. El testimonio de Koraltan y Killani puede verse aquí.

Libia: ¿y qué espera Occidente?


El dictador de Libia, Muamar Gadafi, parecía cada vez más acorralado en su bastión de Trípoli a finales de febrero. Pocos se aventuraban a darle más de unos días en el poder ante el empuje de un levantamiento que había comenzado a mediados de mes.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, William Hague, que se ha revelado como todo un incapaz, lo hacía en camino a Venezuela. Por cierto, si ese habría sido el caso, es de suponer que el presidente Hugo Chávez le hubiera dado la más cálida acogida a quien, en sus propias palabras, “es para Libia lo que Bolívar es para Venezuela”.

Sin embargo, contra todos los vaticinios, Gadafi resistió el embate de sus opositores, mal armados y organizados.  Con apoyo de paramilitares y mercenarios, el ejército del Hermano Líder o El Guía (los que me leen saben de la ridiculez de las dictaduras) se ha lanzado a la reconquista de ciudades que habían sido tomadas por los rebeldes.  Al paso que va la contraofensiva, Gadafi podría restablecer su control sobre el país en relativamente poco tiempo.

Por supuesto, el dictador recurrirá a todo su arsenal si es necesario. Un psicópata como él, con un largo historial de desmanes, no vacilaría en ordenar un baño de sangre con tal de conservar el poder. La represión de las primeras manifestaciones contra su gobierno sugiere lo que vendría si Gadafi logra sofocar la rebelión.

La capacidad de Gadafi para reorganizar sus fuerzas va paralela a la reacción de Estados Unidos y la Unión Europea. La retórica es un arma insuficiente cuando se trata de un régimen que no vacila en los métodos más brutales para acallar a quienes exigen su fin. El problema es que europeos y estadounidenses no han podido organizar una respuesta contundente a lo que ocurre en Libia que incluya la imposición de una zona de exclusión aérea, el reconocimiento de los rebeldes y, de ser necesario, la misma captura de Gadafi, un hombre que tiene en su haber suficientes crímenes para ser enjuiciado por la Corte Penal Internacional.  Mal va este asunto cuando lo mínimo, que es el establecimiento de una zona de exclusión aérea, está en el pantano de las Naciones Unidas.

Estados Unidos y la Unión Europea tienen ante sí el dilema de actuar ahora o esperar a que, por su falta de acción, se afiance en el poder un dictador demente que no dudó en el pasado a emplear el terrorismo en su contra. ¿Es que hay que recordarles Lockerbie y Berlín?

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Más:

Y mientras Estados Unidos y la Unión Europea pierden tiempo en Libia, Egipto estaría ayudando a los rebeldes según una consultoría estadounidense de seguridad que cita este reporte.

 

 

¿Rebelión en Cuba?

“Creo que es preciso seguir presionando sobre las grietas del régimen, establecer puentes con los sectores más favorables a los cambios organizados, sacar ventaja de las debilidades del sistema y procurar ampliar en todo lo posible los espacios cívicos, porque sin ciudadanos ningún cambio democrático en Cuba será posible ni permanente. En esto juegan un papel importante los cubanos que viven en democracia fuera de la Isla y también los que hemos encontrado la libertad al interior de nosotros mismos. Alguien dijo una vez, magistralmente, que en las guerras solo hay perdedores. Yo añadiría que en los diálogos y en las negociaciones solo hay ganadores”.

Miriam Celaya a propósito del reciente llamamiento a una rebelión en Cuba . El artículo completo en su blog Sin Evasión:

http://desdecuba.com/sin_evasion/

La lección de Egipto

Y Hosni Mubárak se fue. El autócrata intentó todo lo posible por quedarse en el poder. Como todos los de su especie, se creía imprescindible. Sin él, habría caos y la nación estaría en grave peligro.

El rais por casi tres décadas intentó lo posible en sus circunstancias: hizo cambios en el gabinete, se comprometió a no postularse en las elecciones presidenciales de septiembre y dio garantías para una transición a la democracia. Pocos le creyeron: tenía en su haber demasiadas promesas incumplidas. El Ejército, renuente a mancharse en la represión de los manifestantes, le dio el empujón final.

Los héroes de estos 18 días de rebelión son los hombres y mujeres que exigieron pública y pacíficamente la renuncia de Mubárak como precondición para un país más libre y justo. Son ellos los que celebran esta noche con toda razón en las calles y plazas egipcias.

La insurrección en Egipto demuestra una vez más el poder de los pueblos dispuestos a poner fin a los regímenes que los oprimen. Y en esto los números son decisivos: cuando cientos de miles reclaman sus derechos a viva voz, no hay fuerza que los detenga. Los dictadores del Medio Oriente y los de más allá tienen motivos para estar preocupados.

¿Y después de Mubárak?

“Nos iremos sólo cuándo él se vaya” gritan hoy los manifestantes en la Plaza Tahrir (Liberación) de El Cairo. La frase resume la determinación de los egipcios, hartos de Hosni Mubárak, el cuarto presidente de Egipto y el que más tiempo lleva en el cargo: él ordena y manda desde hace  29 años y casi cuatro meses.  La Revolución de Jazmín, que así se ha dado en llamar a la revuelta en Túnez, parecería comenzar a tener un efecto dominó en el Medio Oriente donde son norma los regímenes de mano dura, algunos con maquillaje de democracia.

Nadie en su sano juicio lamentaría el derrocamiento de un hombre fuerte que se perpetúa en el poder y hace caso omiso de las aspiraciones de una gran parte de su pueblo.  Sin embargo, hay suficientes motivos para temer lo que podría pasar si se crea un vacío de poder en Egipto.  No cabe la menor duda de que el mayor peligro es la instauración de un régimen islamista, el caso del remedio peor que la enfermedad. Las consecuencias se harían sentir en toda la región y más allá.

Hace unos días mi amigo David Mendoza me recordaba un proverbio de sus ancestros judíos: “no reces por la muerte del rey porque no sabes quien lo reemplazará”. Lo sabemos bien nosotros, los cubanos.

Túnez: pájaros que danzan; caldera que estalla


Al atardecer, decenas de miles de pájaros ejecutan una frenética danza sobre los árboles de la avenida Habib Bourgiba de Túnez, capital del país del mismo nombre que hace noticia desde hace algunas semanas. El cielo rojizo que tiñe el sol poniente compite en protagonismo con el bamboleo del enjambre. Por casi media hora, las alas y los chichidos se adueñan de la tarde magrebí. No hay cómo escapar de ellos. Tan pronto están en un extremo del elegante bulevar, herencia de Francia, tan pronto están en su lado más distante. Es el juego que pone fin a la jornada, un ejercicio antes del descanso de horas que interrumpirá el sol del día siguiente.

Así era hace 12 años cuando visité Túnez y así debe ser ahora. Hay cosas inmutables o, al menos, más duraderas que aquellas que levantamos los humanos. No hay que ir muy lejos para probarlo: la misma vía principal de la ciudad fue escenario reciente de un cambio impensable en aquel otoño de 1998. Los tunecinos simplemente perdieron el miedo. Todo lo guardado, lo callado, lo dicho en voz baja, se desbordó. El suicidio de uno de ellos,  triste culminación de la desesperanza, los convocó a una revuelta para deshacerse de un tirano y su corte de corruptos aprovechados. El autócrata Zine El Abidine Ben Alí, tan ubicuo él, retrato con sonrisa y mano derecha en el corazón, ganador de elecciones por abrumadoras mayorías, huyó precipitadamente como conocemos bien en América Latina. El mismo viaje sin regreso de Machado, Batista, Somoza y Stroessner.

Tal como iban las cosas, Túnez era una caldera que tenía que estallar tarde o temprano aunque nadie hubiera podido predecir cuándo. Un orden injusto sin oportunidades de progreso para la juventud y una clase gobernante egoísta  son caldo de cultivo para levantamientos que algunas veces devienen en verdaderas revoluciones.

Al ver las imágenes de jóvenes que alzan los puños y claman por un país nuevo, recuerdo inevitablemente a Ramzi, el muchacho de veintitantos años que conocí en la avenida Bourgiba una tarde. Como otros, estaba a la caza de turistas. Me preguntó la hora en árabe; yo le respondí en francés que no hablaba su idioma. Su respuesta fue que yo parecía tunecino. Era el truco para entablar conversación. Ya otros lo habían ensayado antes.

Ramzi no tenía mucha educación, como otros jóvenes que hablaban de historia y política en los cafés y que pedían cerveza sin pudor a sus interlocutores extranjeros. El, que era desempleado, quería regresar a Italia donde había trabajado en los campos en el verano anterior. Su problema era que no tenía dinero para costearse el viaje. Al parecer, la estrategia para lograrlo era hacer amistad con un extranjero que lo patrocinara.

Ramzi temía acercarse a los hoteles para no buscarse problemas con la seguridad, celosa de los turistas. El día que nos encontramos, conversamos en un café del centro. Lo vi dos o tres veces más. Quizás se dio la tarea de atenderme a su manera: tal vez pensó que yo podría ser el occidental que lo ayudaría. Me acompañó por ejemplo a unas ruinas romanas a varios kilómetros de la ciudad bajo un fuerte aguacero. Con mi mochila al hombro y paragua en mano, él no se explicaba cuál era la gracia de ver piedras a cielo abierto.

Al despedirme de él en el aeropuerto, le di los dinares que me sobraban. Tal vez eso le dio la idea de que yo podría ser su tabla de salvación. Días después de mi regreso a Londres, se comunicó conmigo para que le prestara la suma que necesitaba para viajar a Italia. No supe más de él después de explicarle con franqueza que no podía ayudarlo.

Espero que Ramzi haya logrado al final lo que, según dijo, se proponía: hacer dinero y, en su momento, formar familia. Prefiero pensar que no malgastó su juventud y que nunca se expuso a peligros innecesarios. De cierta forma puedo identificarme con él porque yo también crecí en un país pobre donde la frustración engendra muchos males y demasiadas tragedias.

Ciertamente me gustaría regresar un día a Túnez para ver de nuevo esa danza extraordinaria de los atardeceres y, más que nada, un país donde los jóvenes como Ramzi tengan futuro.

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