El Delfín

Raúl Castro finalmente tiene un sucesor aparente en Miguel Díaz-Canel Bermúdez quien ocupa ahora esa plaza vacante desde el descalabro de Carlos Lage en 2009.

Díaz-Canel fue elevado al puesto de primer vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros el pasado 24 de febrero ante una Asamblea Nacional que,rutinariamente obsecuente, refrendó sin objeciones su nombramiento.

Si no comete ningún error que dañe la escurridiza confianza de sus jefes, el ingeniero eléctrico será el próximo presidente de Cuba en febrero de 2018 después de que Raúl, tal como prometió, deje el cargo.

Díaz-Canel trae consigo una hoja de servicios que le ayudó a pasar el tamiz de los Castro. Quienes conocen su trayectoria dicen que dejó una estela de obras en su natal Villaclara y en Holguín, provincias en las que fungió como Primer Secretario del Partido Comunista.

El nuevo delfín tiene una imagen de dirigente probo y sin ínfulas que seguramente también le allanó el camino hacia el Palacio de la Revolución.

Sin embargo, su virtud mayor es la lealtad a Raúl y Fidel, que estará, como nunca antes, bajo constante escrutinio durante los próximos cinco años. No cabe duda de que Díaz-Canel es hoy uno de los hombres más vigilados en Cuba. El debe saberlo bien. Basta con que tenga en cuenta las escuchas de las conversaciones privadas entre Felipe Pérez Roque y Carlos Lage que pusieron estrepitoso fin a su carrera política.

La verdadera novedad dentro de cinco años no será la ausencia de un Castro en la dirección del Estado sino el cambio en cómo se ejerce el poder en Cuba. Sea Díaz-Canel u otro, el ungido como mandatario será un mascarón de proa, una suerte de administrador que hará lo que le dicten los dueños del negocio.

Obama y Marco Rubio

Qué destino el de los políticos. Miren a Barack Obama, primer presidente negro de Estados Unidos al que una ola de esperanza por el cambio le abrió las puertas de la Casa Blanca. A los dos años de su elección, Obama sufre, después de la anunciada derrota de su Partido Demócrata en las urnas que tuvo lugar ayer.

¿Qué queda del airoso senador devenido mandatario, todo sonrisa, encarnación de una supuesta nueva era, orgullo de su raza, vivo mentís de los que niegan la igualdad de oportunidades en aquella gran nación? Un hombre visiblemente desilusionado ante la pérdida de popularidad, medio en parapeto ante la andanada de críticas en su contra. Una reciente entrevista de televisión así lo mostró: con cara, cuerpo y ademán a la defensiva.

A pesar de todo, es temprano para declarar que Obama llegó a su nadir. Un descalabro mayor le puede sobrevenir si decide postularse a la reelección en noviembre de 2012. Es una posibilidad si se tiene en cuenta que la economía de Estados Unidos no crea suficientes empleos para generar ese sentimiento de bienestar que le haría recuperar votos. Dicen que aquella burla política de los demócratas contra Bush padre, la de “it’s the economy, stupid”, adquiere nueva vigencia en bocas de republicanos. La percepción es que el actual presidente se ha equivocado de prioridades. En todo caso, aún si una recuperación económica se hiciera sentir, a Obama le será difícil avanzar en su agenda de gobierno con la oposición republicana en la Cámara de Representantes.

El desencanto con Obama coincide con el ascenso de Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos que fue electo ayer como senador por la Florida.

A sus 39 años, bien parecido y carismático, Rubio podría ser la respuesta del Partido Republicano a Obama, señalan con entusiasmo algunos compatriotas. El cálculo se fundamenta en que el presidente demostró que no hay que hacer una larga carrera en el Senado para llegar a la Casa Blanca. Por lo tanto, si Rubio cultiva su buena estrella, podría ser el candidato republicano en las presidenciales de 2012.

La realidad es que a Rubio le queda un largo camino que recorrer para alcanzar las alturas de la política. El Senado puede ser la arena para alcanzar una proyección nacional pero conviene recordar cómo terminaron congresistas que se perfilaban como futuros presidentes. Tómese como ejemplo a Newt Gingrich, líder de una marea conservadora republicana que puso en jaque a Bill Clinton en 1994. Gingrich, aquel hombre del momento, tuvo que renunciar a su cargo de presidente de la Cámara de Representantes cuatro años después, en medio de la ignominia.

Como todo político, Rubio hace promesas: evitará que Washington lo cambie, no olvidará para qué lo eligieron y siempre será un hijo de inmigrantes. Son sólo las primeras líneas en una página en blanco. No es casual que eso mismo, aunque no con las mismas palabras, lo haya dicho Obama al llegar a la presidencia.

Gente en la noticia: Berlusconi, Tartaglia y Piñera

Pobre Silvio Berlusconi. El primer ministro de Italia inspira lástima después de la agresión que sufrió ayer en Milán. Conozco bien las pasiones que provoca Il Cavaliere, a favor y en contra, por sus políticas y excentricidades. Sin embargo, nada justifica el golpe con una réplica en miniatura de la catedral milanesa que lo dejó con dos dientes rotos y una fractura en la nariz. El hombre que vi ayer no es el político engreído de declaraciones provocadoras: era simplemente un señor de edad, adolorido y aun bajo la sorpresa del ataque. El agresor, Massimo Tartaglia, es un perturbado mental. Sólo hay que ver la foto para darse cuenta. Mala nota para el servicio de seguridad de Berlusconi: es inexplicable que hayan bajado tanto la guardia. Más inexplicable aun es que se haya constituido un club de fans del desquiciado Tartaglia en Facebook (Massimo Tartaglia) que tiene ya 74 773 miembros. Cosa de locos.

En Chile, el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, obtuvo el 44% de los votos en las elecciones presidenciales de este domingo. El empresario Piñera se enfrentará a su rival más cercano, el ex presidente Eduardo Frei, de la gobernante coalición de centro-izquierda, en una segunda vuelta que se celebrará el próximo 17 de enero. Todo indica que los dos aspirantes a la presidencia tienen ante sí una ardua campaña para obtener el 50% de los sufragios. El triunfo debería ser de Piñera, que representa un cambio necesario. La Concertación ha ganado todas las elecciones desde 1989. Aunque los dos últimos presidentes, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, se han destacado por su buena gestión, es hora ya de que partidos de otro signo político tengan su oportunidad en la dirección de ese país, ejemplo de envidiable estabilidad y democracia.

Honduras: el gran perdedor


Los resultados de las elecciones de ayer en Honduras confirman lo que más o menos se sabía: el depuesto presidente Manuel Zelaya no cuenta con el apoyo de la mayoría de sus conciudadanos. Más del 60% de los hondureños ejercieron su derecho a elegir su próximo presidente de forma pacífica a pesar de que Zelaya, desde su refugio en la embajada brasileña en Tegucigalpa, había pedido la abstención como forma de protesta contra unos comicios que considera ilegítimos.

Aun cuando la cifra de participación no fuera todo lo alta que indican los datos oficiales, es imposible falsear los números de votantes ante la mirada de los observadores extranjeros. Zelaya lo sabe pero insiste en desconocer una realidad que le es adversa. Lo ha hecho desde que los militares lo enviaron en un avión a Costa Rica en la madrugada del pasado 28 de junio.

Mal aconsejado, Zelaya se empeñará en que lo restituyan en el poder, aunque sea en lo que queda de su mandato presidencial que termina oficialmente el 27 de enero de 2010. Con más de medio país en contra, no parece que esa sea una opción viable. Los enemigos de Zelaya sospechan que su regreso sería algo así como un suicidio político. No les falta razón: ¿cómo confiar en alguien que se ha conducido con tanta negligencia?

El veterano político Porfirio Lobo tiene ahora ante sí la ingrata misión de dirigir un país profundamente dividido. Aunque se ha desmarcado de las actuales autoridades que desalojaron del poder a Zelaya, la minoría zelayista – una alianza de un sector del Partido Liberal y organizaciones políticas y sindicales de izquierda – parece tener el propósito de hacerle difícil la tarea de gobernar.

Sin embargo, el peligro para Lobo no viene tanto de los partidarios internos de Zelaya. Ellos por sí mismos no tienen la capacidad de desestabilizar el país. La amenaza podría venir de los valedores extranjeros del derrocado presidente, principalmente Hugo Chávez, que considera a Honduras como una plaza imposible de perder.

El interrogante es si Chávez estaría dispuesto a financiar una resistencia a largo plazo en Honduras a través de sus aliados en Nicaragua. De hacerlo, se expondría al peligro de un enfrentamiento con Estados Unidos que ya anunció su disposición a reconocer el nuevo gobierno hondureño. Es una posibilidad que a esta hora debe considerarse en Caracas.

Al final, el mayor perdedor en Honduras no es un político fracasado como Manuel Zelaya sino Chávez, que apostó fuerte por integrar ese paupérrimo país a su esfera de influencia. Los ganadores son, sin lugar a dudas, todos los hondureños que actuaron ayer con responsabilidad y sentido común.

Aung San Suu Kyi: ¿Mandela de Birmania?

Aung San Suu Kyi

Dieciocho meses más de arresto domiciliario.

Esa es la condena que un tribunal de Birmania emitió contra la líder opositora y Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

La junta militar que gobierna ese país del sureste de Asia parece empeñada en castigar una y otra vez a esta frágil mujer de 64 años.

Aung San Suu Kyi, quien ganó las elecciones de 1990 pero nunca llegó a la presidencia, ha pasado 14 de los últimos 20 años bajo arresto.

En esta ocasión se le acusó de violar las condiciones de su detención domiciliaria por permitir que un ciudadano estadounidense, John Yettaw, visitara su residencia en Rangún.

En mayo de este año, Yettaw, llegó a la casa de Aung San Suu Kyi después de nadar en un lago, a fin de burlar la vigilancia de los guardianes de la líder de la Liga Nacional por la Democracia.

Por su imprudencia, Yettaw fue condenado a siete años de cárcel, cuatro de ellos de trabajo forzoso.

Este hombre dio a los militares un pretexto para prolongar la detención de Aung San Suu Kyi.

“Motivo”

El verdadero motivo de la condena a la líder birmana, según sus partidarios, es impedirle que participe en las elecciones generales de 2010.

Algunos observadores creen que la pena impuesta a la dirigente opositora podría haber sido mucho más severa.

Con optimismo, esbozan la idea de que esta sufrida mujer emergerá como un Nelson Mandela para llevar a Birmania por el camino de la reconciliación.

Aung San Suu Kyi podrá tener las virtudes de Mandela, al que lo asemeja su estoica apuesta por la reconciliación a pesar de una cárcel injusta.

Sin embargo, el paralelo tiene sus límites.

Condiciones diferentes

Es cierto que los militares birmanos son objeto de sanciones y críticas, sobre todo de parte de Occidente, pero éstas no son comparables al aislamiento internacional al que se vio sometido el régimen del apartheid en Sudáfrica.

La junta militar que preside el general Than Shwe está muy lejos de la asfixia económica.

Mientras la mayoría de la población birmana malvive, la clase gobernante se financia con la venta de rubíes, perlas, zafiros y jade.

La economía birmana también tiene una multimillonaria fuente de ingresos en la producción y tráfico de drogas.

Birmania, el segundo productor mundial de opio, integra con Laos y Tailandia el llamado Triángulo Dorado del sureste de Asia.

No hay ninguna posibilidad de que se organice un cierre de fronteras o una paralización del comercio que haga que los militares birmanos entreguen pacíficamente las riendas del poder y regresen a sus cuarteles.

De todas formas, la junta prefiere curarse en salud porque, después de tantos años de detención, sabe que Aung San Suu Kyi todavía arrastra pueblo.

De los Kirchner y Kim Jong-il


Es imposible pedir a los gobernantes que no vivan bien. Acomodarse es inherente a la naturaleza humana.

Sin embargo, cuando los que llevan la conducción de un país dicen actuar por el bien de los que menos tienen, lo consabido va más allá de la ironía.

Tomemos el caso del ex presidente de Argentina Néstor Kirchner y su esposa, la actual mandataria Cristina Fernández, quienes durante sus años de gobierno han visto aumentar considerablemente su fortuna personal.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa destaca este fin de semana en su columna Piedra de Toque del diario español El País la incongruencia entre el discurso político de los Kirchner y el incremento de su hacienda en el ejercicio de la presidencia.

De ello se viene hablando en Argentina desde hace tiempo.

Sin embargo, es cuando alguien como Vargas Llosa denuncia, que muchos afuera toman nota.

Lo único que habría que añadir es que el enriquecimiento de los Kirchner contrasta con el elevado índice de pobreza en Argentina.

Según las cifras oficiales un 15% de la población es pobre. La Iglesia Católica sostiene que es del 40%.

Agradezco al amigo Lor Rabna por hacerme llegar el artículo.

Del otro lado del mundo, y sin las credenciales democráticas de los Kirchner, Kim Jong-il, quien recientemente hizo noticia al indultar a dos periodistas estadounidenses durante la visita del ex presidente Bill Clinton, vive como lo haría cualquiera de sus pares.

Eso no es novedad. Lo insólito es tener pruebas de ello.

La BBC publica una foto de satélite que encabeza esta entrada. En ella pueden grandes residencias, jardines y una piscina.

Las instalaciones muestran que la vida de la “primera familia” norcoreana no puede ser más diferente de la de la mayoría de sus 23 millones de conciudadanos expuestos a la penuria económica.

Algunos de ellos se arriesgan a morir cruzando hacia China en busca de un mejor futuro como puede verse en el documental Escaping North Korea transmitido por la BBC en abril de este año.

La imagen del satélite es como la piedra de Vargas Llosa.

Irán: la prudencia de Obama

Por quinto día consecutivo, los partidarios de Mir Hossein Musaví salen a las calles de Irán.
Anoche los paramilitares de la milicia basij asaltaron residencias estudiantiles, llevándose consigo a decenas de jóvenes.
El régimen ha puesto llaves a los periodistas extranjeros a los que no se permite cubrir manifestaciones no autorizadas.
Los guardas del poder hacen más lentas la conexión de internet para entorpecer el flujo de información a través de servicios como Twitter.
Mientras tanto, en Estados Unidos se escuchan críticas al presidente Obama por no apoyar a la oposición iraní.
Algunos argumentan que al sindicato Solidaridad se le dieron en su momento máquinas de fax, que contribuyeron a dispersar el mensaje de rebeldía contra el gobierno comunista.
¿Por qué no ofrecer ayuda a Musaví y los suyos?, preguntan.
Tiene razón Obama en su cautela.
Tomar una posición de apoyo a los opositores iraníes es servirle en bandeja a Ahmadinejad el pretexto para presentarlos como la quintacolumna de Estados Unidos.
Irán no es Polonia, ni Musaví es Lech Walesa.
La posición de Washington es la misma de Londres.
Hoy, el ministro de Relaciones Exteriores, David Miliband, volvió a referirse con hábil cuidado sobre la situación política en Irán.
Recordó Miliband que no se trata de la pugna entre un político pro-occidental y su contrario.
Además, puntualizó que en materia de relaciones internacionales se desconoce cuan diferente de Ahmadinejad podría ser Musaví.
Tras la prudencia de los dos gobiernos hay, sobre todo, dudas.
Según la BBC, informes de inteligencia indican que, a pesar de todo, Ahmadinejad sí ganó las elecciones.
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