Y el oso se cansó del fardo

El breve pontificado de Benedicto XVI llegó a su fin, casi ocho años después de ser electo en la mañana del 19 de abril de 2005. Al final, la enorme tarea de conducir una Iglesia aquejada por graves problemas fue demasiado para un frágil anciano de 85 años.

Al comenzar su ministerio, el ahora Papa Emérito se trazó la ambiciosa meta de recuperar los espacios que el laicismo ha ido arrancando al cristianismo en Europa. En sus viajes por el continente, Benedicto fue recibido con entusiasmo por los católicos. Sin embargo, no hay indicios de que a la fecha la religión cristiana haya recobrado alguna presencia en la esfera pública, allí donde la ha perdido. El avance del laicismo en Europa pareciera irreversible.

Quizás lo que más limitó la gestión de Benedicto fueron los numerosos escándalos por casos de pedofilia perpetrados por sacerdotes. A pesar de que él puso en marcha una política de no tolerancia para enfrentar este flagelo, el daño a la Iglesia ha sido considerable.

Otro de los dolores de cabeza para Benedicto fue el escándalo en el que se ha visto el Banco Vaticano, oficialmente Instituto para las Obras de Religión, por sospechas de lavado de dinero, evasión de impuestos y otros delitos.

Sin embargo, lo que más tocó de cerca al ex Papa fue el robo de cartas y memos confidenciales por su mayordomo Paolo Gabriele. Los documentos fueron publicados en mayo del año pasado.

Para colmo de males, un reciente informe redactado por tres cardenales y cuyo contenido no ha sido dado a conocer habría revelado corrupción, abuso de poder e intentos de chantaje contra clérigos homosexuales.

No en balde, Benedicto, con una salud mermada, se consideró incapaz de poner orden en la Iglesia y al mismo tiempo hacer frente a sus múltiples retos en siglo XXI.

El ex Papa se identificó alguna vez con el oso de una leyenda medieval que debe cargar un fardo. Al final del camino, el oso deja el bulto y desaparece. Podría decirse que eso precisamente sucedió hoy.

Ver: Benedicto XVI, el oso y su fardo

¿Quién ganó y quién perdió con la visita del Papa?

Previsiblemente la reciente visita de Benedicto XVI a Cuba ha dado pie a innumerables reacciones de condena, sobre todo entre las comunidades cubanas en el extranjero. Con el excesivo apasionamiento que nos caracteriza, se concluye apresuradamente que la presencia del Papa en la Isla confiere legitimidad al gobierno.

Los críticos, denostadores en su mayoría, dicen que la reunión del Pontífice con Fidel Castro muestra un presunto contubernio de la jerarquía católica con el poder para recuperar espacios perdidos en la sociedad cubana. La confirmación es que no se reunió con los disidentes, nos aseguran. Algunos llegan incluso a predecir una enorme pérdida de fieles para la Iglesia cubana como consecuencia de esta y otras aparentes faltas de solidaridad con la oposición.

El viaje del Papa a nuestro país merece ser visto en realidad con menos emoción y más mesura; debe considerarse en el contexto en que se realiza y en su complejidad. Cualquier análisis ha de tener en cuenta además que falta la necesaria distancia del tiempo para pasar un justo balance y, por consiguiente, cualquier conclusión sobre ganadores y perdedores puede ser prematura.

En todo caso, en el torrente de juicios adversos sobre la visita hay omisiones que no deben pasarse por alto. Es notable por ejemplo que los más obvios beneficiarios, los católicos cubanos, brillan por su ausencia de estos dictámenes reprobatorios. Algunos repiten sin cesar, y hasta con no oculta fruición, que los fieles de Roma son una minoría. Lo son, pero eso no es motivo para ignorar que ellos son los primeros favorecidos del encuentro con el Papa.

A la luz del receso laboral decretado por el Viernes Santo, no son solo los católicos quienes ganan sino también todos los cristianos cubanos. Aun con su carácter provisional (hasta tanto “los órganos superiores de la Nación” no lo hagan permanente), la declaración de esta importante fecha del calendario cristiano como feriado nacional es el primer resultado tangible de la visita del Papa. Por supuesto, permitir la enseñanza de la religión en las escuelas y universidades, otra de las demandas del pontífice, es harina de otro costal.

Algunos críticos pierden perspectiva al soslayar el aspecto religioso de esta visita y magnificar el político. El Papa fue a Cuba más que nada a fortalecer su grey, lo que parece estar consiguiendo. Su encuentro con Fidel Castro es parte de ese mismo objetivo y no debe interpretarse ligera y erróneamente como un aval al gobierno. Nuestra historia en los últimos 53 años demuestra que cualquier avance de la libertad de culto es fruto de las buenas relaciones con el Estado, no de antagonismos. Es así como se explica que el Papa se haya reunido con el mayor de los Castro, que – ¿hay alguien que lo dude? – aun en su decrepitud influye en las decisiones de su hermano.

El gobierno no se beneficia tanto de la visita como se afirma. Aunque de un lado y otro se trate de minimizar las palabras del Pontífice, en ellas se puso de manifiesto lo que está en falta en nuestro país: libertad, apertura, inclusión, reconciliación. Los medios de prensa internacionales transmitieron esos llamados, como también las imágenes de agentes o simpatizantes del régimen que golpeaban a un hombre por gritar abajo el comunismo antes de la misa en Santiago. ¿Es así como se logra legitimidad?

Quizás lo más difícil de entender es por qué el Papa no se encontró con ningún disidente, ni aun con aquellos de fe católica. Sin embargo, es falso que Benedicto XVI no haya tenido en cuenta su causa. ¿Cómo puede decirse seriamente lo contrario después de escucharlo abogar por un país en el que se respeten los derechos fundamentales, que sea casa de todos y para el bien de todos? En ese sentido gana también la oposición con la visita.

En medio del escepticismo que engendran las frustraciones de más de medio siglo, puede vislumbrarse la esperanza de que nos encaminamos hacia algo mejor. La ruta no será fácil pero lo que no deberíamos olvidar es que, si hacemos realidad las palabras de ese anciano tan vituperado y desconocido que ocupa la silla de Pedro, ganará Cuba.

El Papa en Cuba: entre la discordia y la reconciliación

La visita que Benedicto XVI se dispone hacer a Cuba está inmersa en una controversia política, como pocas en los casi siete años de su pontificado. Si bien sus viajes anteriores no han estado exentos de críticas, protestas y hasta amenazas, esta vez el Papa se ha visto convertido en una suerte de manzana de la discordia entre nosotros los cubanos.

Algunos de nuestros disidentes quieren que el Obispo de Roma los reciba y escuche sus justificadas quejas sobre la falta de libertades y la represión de quienes las reclaman. Los gobernantes, por su parte, ya advirtieron a través de su embajador ante el Vaticano que una reunión del Papa con los opositores no será de su agrado. Lo más probable es que este encuentro nunca tenga lugar. Según el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, no hay espacio para él en la agenda del Pontífice. Para alterar más ciertos ánimos, es posible que el Papa se reúna con el ex presidente Fidel Castro.

Que una visita que debería ser estrictamente religiosa haya adquirido tan acentuado cariz político era inevitable en las condiciones de Cuba. Se debe también en gran medida al polémico papel que ha asumido la jerarquía católica cubana en los últimos años.

En todo caso, recibir o no a una representación de la oposición es solo parte del dilema del Papa en Cuba. Por un lado debe estar satisfecho con los avances de la Iglesia cubana desde la visita de su predecesor Juan Pablo II en 1998. Pero también debe preocuparle, como hombre bien informado, las sospechas de que el cardenal Jaime Ortega coopera más de lo necesario con el gobierno.

Benedicto XVI sabe que las concesiones de ese Estado que fue hostil durante décadas, aunque más que bienvenidas, no son gratuitas. Los Castros no han ido a Canosa, ni tienen la intención de hacerlo. A cambio de un seminario, procesiones, más sacerdotes y monjas extranjeros y vía libre a la obra social de la Iglesia, esperan granjearse una buena imagen internacional y que la jerarquía católica se abstenga de censurar su gobierno. Es un arreglo que conlleva ganancias pero también riesgos para el prestigio de la institución que dirige.

Como solución a nuestras diferencias el Papa nos propondrá el camino de la reconciliación: ningún mensaje es más relevante y urgente en el año en que conmemoramos cuatro siglos del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba. No escucharlo será suicida porque esta es sin duda la vía más sensata para salir del atolladero en que nos encontramos como nación. Lamentablemente los arrestos y el hostigamiento de Damas de Blanco y otros disidentes en los últimos días no son un buen augurio. El milagro de abrirnos a nosotros mismos, si alguna vez sucede, está todavía lejos.

La receta de Benedicto

El Papa Benedicto XVI delineó esta semana la posición de la Iglesia Católica en materia social en su encíclica, o carta a los fieles, Caritas in veritate (la caridad en la verdad).

Es tarea imposible glosar un documento tan extenso que le ha llevado años concluir.

En esencia, el Pontífice clama por una mayor solidaridad a nivel individual y colectivo ante los problemas que acarrea un mercado en el que prima la ley del más fuerte.

En sus palabras: “sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica”.

Benedicto arremete contra males conocidos como el hambre, la pobreza, la mortalidad infantil y el turismo sexual, como forma de explotación y degradación moral.

El Papa denuncia también el eclecticismo cultural “asumido con frecuencia de manera acrítica”.

En su encíclica, el líder de la Iglesia Católica aborda el fenómeno de la globalización en sus aspectos positivos y negativos.

“El proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando además con una crisis a todo el mundo”, dice Benedicto XVI.

El Pontífice señala además la necesidad de reforma de la Organización de Naciones Unidas y de las instituciones financieras internacionales para que sobre todo los países más pobres tengan voz y voto.

Es difícil no suscribir este compendio de problemas de nuestro tiempo.

Obviamente, no faltan quienes argumentan que la economía es un organismo muy complejo cuyo mal funcionamiento no debe achacarse sólo a la codicia y a un déficit de valores morales.

De todas formas, míresele como se le mire, la encíclica papal es una exhortación al sentido común porque, para explicarlo de una forma sencilla, en un mundo tan interdependiente como el nuestro las calamidades de unos terminan siendo padecidas por todos.

Ese puede ser uno de los motivos para que el documento encuentre eco en muchos de los “hombres de buena voluntad” a los que también va dirigido.

El Papa habla y los blogs callan

Esta vez Benedicto XVI habló de los 230 africanos que perecieron la semana pasada en un intento de llegar a Europa.

Lo hizo durante la celebración del Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa.

En su mensaje a los peregrinos en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Papa recordó a los indocumentados que murieron cuando la embarcación en que viajaban naufragó cerca de las costas de Libia.

Benedicto XVI instó a la Unión Europea y a los países africanos a poner en práctica estrategias coordinadas para evitar tragedias similares.

“Se necesitan medidas para evitar que los emigrantes recurran a inescrupulosos traficantes de personas”, dijo el pontífice.

El Obispo de Roma señaló que la crisis económica mundial exacerba el problema de la migración que sólo se resolverá cuando “los africanos, con ayuda de la comunidad internacional, se liberen de la pobreza y las guerras”.

El pontífice hizo también un llamado para que todas las naciones firmen los tratados que prohíben las minas terrestres y las bombas racimo.

El Papa se refería seguramente a países como Estados Unidos, Rusia, China, Israel, India y Pakistán que no han ratificado el convenio para la prohibición de minas antipersonales.

Sólo algunos diarios publicaron la noticia, que no generó y no generará acolarados debates y apasionados comentarios con fuertes epítetos como los que se vieron a raíz de las declaraciones del Papa sobre el uso del condón antes de viajar a Africa el mes pasado.

Tampoco tuvo cobertura la carta que el Benedicto XVI envió al primer ministro Gordon Brown la semana pasada.

En la misiva, el Papa pidió a los participantes en la Cumbre del G20 que no olvidaran a los países pobres.

En medios católicos se menciona este ejemplo como una muestra de la selectividad y prontitud de la gran prensa en publicar todo lo que considere escandaloso en la Iglesia Católica pero no así lo que es, a todas luces, positivo.

Los blogs, donde algunos dieron rienda suelta a su indignación, callan.

Quizás muchos de sus autores no se han enterado ni querrán enterarse; otros preferirán temas que atraigan más comentarios.

Iba a escribir algo sobre los africanos que por una vida mejor lo arriesgaron todo y perdieron la única que tenían en el intento.

Sin embargo, me bastan esta vez las palabras del Papa.

Benedicto XVI: ¿demasiados errores?

No puedo permanecer impasible ante la cobertura que se le da a la primera visita del Papa a Africa.

Los diarios han optado por resaltar la respuesta que dio Benedicto XVI a la pregunta de un reportero al comienzo de su viaje sobre el uso de preservativos para detener el sida en el continente africano.

Para quienes no están al tanto de la polémica (hay tantas cosas más urgentes que nos ocupan), el Pontífice dijo que los condones no resuelven el problema sino incluso lo acentúan.

Benedicto XVI reafirmó así la postura de la Iglesia Católica sobre el sexo en el matrimonio y la abstinencia.

Quizás puede argumentarse que el Pontífice debería haber sido más cauto al responder a este tipo de preguntas, poniéndolas en contexto.

De todas formas, como líder de la Iglesia él considera que debe hablar en un lenguaje claro y fijar cuestiones de principios.

Es posible que su declaración no habría levantado tanto revuelo si no hubiera sido en el inicio de un periplo por Africa, el continente donde se encuentra el mayor número de víctimas de sida.

Sin embargo, el hecho de que se le haya dado tanto espacio en los medios de comunicación, obedece también, en gran medida, a una sed por el escándalo.

La declaración sobre los condones se une a lo que se considera como un catálogo de errores que llevan a concluir que la máxima jerarquía de la Iglesia Católica se encuentra ante un serio problema.

Esa conclusión la contiene el titular del diario británico The Daily Telegraph: “Conocedores del Vaticano consideran al Papa un desastre

Según el rotativo, una de sus fuentes afirma que Benedicto XVI está aislado y no consulta a sus asesores.

Se refieren por ejemplo al reciente caso del obispo lefebvrista Richard Williamson al que el Vaticano decidió levantarle la excomunión a pesar de su posición negacionista del Holocausto judío.

Como reconoció después la Santa Sede, una búsqueda en internet, algo que al parecer no se hizo en el caso de Williamson, habría informado sobre sus ideas que son de conocimiento público.

El otro vaticanólogo, la segunda fuente de The Daily Telegraph, argumenta que el discurso del Papa en el que citó las palabras de un emperador bizantino sobre Mahoma en 2006 puso en punto crítico las relaciones con el Islam.

De vuelta al escándalo por las palabras del Papa sobre el uso de preservativos, otro importante diario británico, The Times, destaca hoy:

Benedicto XVI trata de dejar a un lado la polémica por condones con viaje a Angola.

Me refiero a estos dos ejemplos en la prensa nacional pero he visto titulares semejantes en diarios extranjeros, sobre todo europeos.

La prensa podría haber destacado también otras historias del viaje de Benedicto XVI a Africa pero prefiere no hacerlo.

Por ejemplo, el hecho de que la Iglesia Católica atiende a muchos de quienes más necesitan ayuda o la casi ejemplar convivencia de las comunidades cristiana y musulmana en uno de los dos países visitados, Camerún.

Según cuenta John Allen, uno de los periodistas más versados en temas católicos, que viaja con el Papa, diarios importantes decidieron no enviar corresponsales a Africa por los costos en tiempos de recesión.

Sin embargo, lo harán cuando el Pontífice visite Tierra Santa en mayo porque se trata de una historia que vende más.

Creo que hay que concluir que definitivamente el Papa tiene la batalla perdida en los medios.

Hay que reconocer que no todo se debe a prejuicios liberales en la gran prensa.

En realidad, el Vaticano no se ha preparado bien para un mundo que exije noticias 24 horas.

Cuando cubrí el funeral de Juan Pablo II (La humanidad “se vistió de gala”) y la elección de Benedicto XVI para la BBC, (Benedicto XVI, el oso y su fardo) conté, como todos los periodistas, con toda una eficiente infraestructura puesta a nuestra disposición por la Santa Sede.

Otra cosa fue lidiar con la oficina de prensa cuando desde Londres queríamos la declaración de algún portavoz.

Los teléfonos se atienden estrictamente en horario de oficina, si acaso.

Muchas veces era una verdadera suerte que se respondiera un pedido urgente con la celeridad que requiere una transmisión de televisión o radio.

Se dice que uno de los problemas para la comunicación con el mundo exterior es que el director de la oficina de prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi, tiene también a su cargo la radio y la televisión de la Santa Sede.

Según tengo entendido esto obedece a un interés por aligerar el aparato de la comunicación a la medida de un pontificado que no se propone emular los grandes y casi constantes viajes del Papa Juan Pablo II.

Supondría que hay conciencia en la máxima jerarquía de la Iglesia sobre la necesidad de adaptar el engranaje de su oficina de prensa a estos tiempos pero ¿existe la capacidad y la voluntad para hacerlo?

Definitivamente no basta colocar videos del Papa en You Tube para dar a conocer su palabra.

Hay mucho que destacar de positivo de la Iglesia en respuesta a esa constante andanada de escándalos a las que se nos tiene acostumbrados.

Como dice el Evangelio, el candelero debe estar siempre visible.

Más en estos tiempos.

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