Cuento del visir, la cadena y el mono intocable

Érase una vez un visir cuyo encargo era hacer que los cronistas del reino escribieran sobre una cadena sucia y oxidada que sujetaba a un viejo y malhumorado mono. “Digan la verdad sobre la cadena”, repetía el ministro y advertía: “pero nada malo del simio”.  Aun así, los empleados callaban o decían muy poco por temor a despertar la ira del primate, quien era nada más y nada menos que el soberano de aquel país. 

Cualquier semejanza de esta historieta con la realidad de la prensa oficial cubana es muy intencional. El vicepresidente Miguel Díaz-Canel exhorta de vez en vez a los medios de comunicación del Estado a ser más críticos. Sin embargo, estos no responden o se limitan a exponer alguna corruptela menor y publicar quejas de los ciudadanos. La explicación es simple: en Cuba los periodistas siguen el código de meterse con la cadena – los males de mecánica del sistema – pero jamás con el mono, la cúpula del régimen.  

Díaz-Canel volvió a la carga hace unos días ante la Unión de Periodistas. El dirigente pidió crítica con equilibrio e “integralidad” y se dijo preocupado por la autocensura en los medios. Con ese discurso, el funcionario manifiesta dudosa ingenuidad porque bien debería saber que nadie quiere arriesgarse a una reprimenda o peor, a que los truenen, para decirlo en un lenguaje muy cubano, muy de nuestra experiencia de los últimos 55 años. 

Pero por un momento no dudemos de la sinceridad de Díaz-Canel. Si nos atenemos a sus palabras, él estaría proponiendo que los profesionales de la prensa cubana den a conocer todos los puntos de vista de un argumento, a favor y en contra, e informen sin omitir o distorsionar ningún dato importante. 

Imaginemos. Si quisieran poner manos a la obra con un tema de actualidad,  Granma y Juventud Rebelde – los dos principales diarios de alcance nacional- podrían publicar reportajes a fondo sobre los exhorbitantes precios de los automóviles a la venta desde comienzos de este mes. Sus periodistas hablarían con los cubanos frustrados por la imposibilidad de comprar los vehículos y entrevistarían a los funcionarios que fijaron su valor. Una pregunta clave podría ser – ya que de “integralidad” se trata – a qué nivel se aprobó la descabellada medida que ha causado tanta ofensa entre la población. 

Podrían también, para corregir sus muchas faltas de leso periodismo, investigar los vínculos entre el empresario chileno Max Marambio – condenado en ausencia en Cuba a 20 años de cárcel por un caso de corrupción –  y el general Rogelio Acevedo González, el destituido presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba. 

Volvamos a la realidad: este no es el tipo de prensa que quieren Díaz-Canel y sus superiores. El llamado del vicepresidente es solo a meterse un tanto más con la cadena, a hacer más atractiva una prensa anodina. Como para recordar la coyunda que sujeta a los periodistas cubanos, el funcionario advirtió que en la profesión “el problema ideológico es estratégico frente a la propaganda subversiva contra nuestro país del neoliberalismo y de los que pretenden restablecer el dominio neocolonial en Cuba”.

Érase una vez… 

 

Khmer rojo, una historia mal contada por Granma

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El diario Granma, el “órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba”, celebra los 35 años del triunfo del ejército vietnamita sobre el criminal régimen del Khmer rojo en Camboya. El 7 de enero de 1979 unidades militares de Vietnam y sus aliados camboyanos entraron en Phnom Penh, la capital, poniendo fin al gobierno de Pol Pot.

Granma condena el exterminio de casi un cuarto de la población de Camboya y nombra a tres de los principales asesinos. Todo bien, solo que olvida convenientemente señalar al comunismo como la ideología con la que se justificó el genocidio. Para decirlo con palabras de Oscar Wilde, esta es la ideología que no se atreve a decir su nombre.    

Los khmer rojos eran, nada más y menos, el Partido Comunista de Kampuchea o Partido Comunista Khmer. Para que no quedara duda de sus objetivos, vale la pena citarlos. Sus gerifaltes se jactaban de ser “la primera nación en construir el comunismo sin perder tiempo en los pasos intermedios”.

No menciona Granma que China fue el valedor del engendro, como la Unión Soviética lo fue de Vietnam. Ni tampoco el elemento ultranacionalista del khmer rojo que matizó el conflicto con los vietnamitas.

Por cierto, Cuba fue uno de los pocos países que mantuvieron misiones diplomáticas en la “Kampuchea Democrática” durante los casi cuatro años que duró la catástrofe. Las buenas relaciones terminaron cuando el régimen de Pol Pot expulsó a los cooperantes cubanos en 1978.

Granma no cuenta la historia completa y pareciera hacerlo con notable retraso. Durante el genocidio, que recordemos, ni una palabra.      

Granma: Camboya pasa la página pero no olvida

En este blog: En un campo de muerte del jemer rojo 

Cuando el periodismo se prostituye


El periodismo muere por defecto o por exceso: se desvirtúa y pierde su honesto nombre cuando toca los dos extremos. No hay auténtico periodismo cuando un señor o una señora que dice ejercerlo oculta o edulcora la realidad del país donde vive en defensa de un gobierno. Tampoco puede llamarse periodismo al sensacionalismo o amarillismo que se nutre de la sordidez y que no tiene empacho en tergiversar la verdad por hacer más dinero. Son dos ejemplos de la prostitución del oficio de periodista.

Del primero sabemos bien los que hemos vivido y los que todavía viven bajo regímenes dictatoriales. El segundo es, desafortunadamente, un mal de sociedades más abiertas, un inescrupuloso abuso de la libertad de prensa.

El tabloide británico News of the World, que está en el centro de un megaescándalo en el Reino Unido, es quizás el mejor exponente del desenfreno de la prensa amarilla.

En su afán por generar noticias, personas en la nómina del periódico intervinieron ilegalmente los teléfonos de personalidades de la política, el cine y el deporte. Llegaron incluso a espiar las conversaciones telefónicas de familiares de las víctimas de los atentados del 7 de julio de 2005 y de militares destacados en Afganistán.

Lo peor de todo fueron las escuchas de los mensajes grabados en el buzón de voz del celular de Milly Dowler, una adolescente de 13 años, asesinada en 2002. Algunos de ellos fueron borrados para permitir que se dejaran nuevos mensajes, lo que hizo creer a los padres de Milly que ella todavía estaba viva.

El asunto no es reciente. De hecho, dos de los involucrados en las escuchas telefónicas están en la cárcel desde 2007. Sin embargo, es ahora que se conoce la extensión del problema. Cuatro mil personas habrían sido espiadas, con los agravantes que suponen casos como el de Milly Dowler. Por si fuera poco, los excesos del dominical no quedan ahí: varios policías habrían recibido dinero a cambio de información.

Ante la indignación generalizada, el dueño de News of the World, el magnate australiano Rupert Murdoch, decidió cerrarlo. James Murdoch, hijo del multimillonario y presidente de la compañía News Corporation para Europa y Asia, anunció que el periódico, fundado en 1843, saldrá a la luz por última vez el domingo 10 de julio.

Murdoch, su hijo y sus subalternos, entre ellos Rebekah Brooks, ex editora del dominical y directora ejecutiva de la editorial News International, dicen deplorar las escuchas telefónicas y niegan haber tenido conocimiento de ellas. Sin embargo, las dudas sobre Murdoch Jr y Brooks no parecen disiparse.

El escándalo llevará a algunas personas a la cárcel, aquellos que hicieron el “trabajo sucio”. Como casi siempre, es probable que nada sucederá a quienes desde arriba le dieron luz verde.

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La cobertura del escándalo en el diario británico The Guardian.

El Papa habla y los blogs callan

Esta vez Benedicto XVI habló de los 230 africanos que perecieron la semana pasada en un intento de llegar a Europa.

Lo hizo durante la celebración del Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa.

En su mensaje a los peregrinos en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Papa recordó a los indocumentados que murieron cuando la embarcación en que viajaban naufragó cerca de las costas de Libia.

Benedicto XVI instó a la Unión Europea y a los países africanos a poner en práctica estrategias coordinadas para evitar tragedias similares.

“Se necesitan medidas para evitar que los emigrantes recurran a inescrupulosos traficantes de personas”, dijo el pontífice.

El Obispo de Roma señaló que la crisis económica mundial exacerba el problema de la migración que sólo se resolverá cuando “los africanos, con ayuda de la comunidad internacional, se liberen de la pobreza y las guerras”.

El pontífice hizo también un llamado para que todas las naciones firmen los tratados que prohíben las minas terrestres y las bombas racimo.

El Papa se refería seguramente a países como Estados Unidos, Rusia, China, Israel, India y Pakistán que no han ratificado el convenio para la prohibición de minas antipersonales.

Sólo algunos diarios publicaron la noticia, que no generó y no generará acolarados debates y apasionados comentarios con fuertes epítetos como los que se vieron a raíz de las declaraciones del Papa sobre el uso del condón antes de viajar a Africa el mes pasado.

Tampoco tuvo cobertura la carta que el Benedicto XVI envió al primer ministro Gordon Brown la semana pasada.

En la misiva, el Papa pidió a los participantes en la Cumbre del G20 que no olvidaran a los países pobres.

En medios católicos se menciona este ejemplo como una muestra de la selectividad y prontitud de la gran prensa en publicar todo lo que considere escandaloso en la Iglesia Católica pero no así lo que es, a todas luces, positivo.

Los blogs, donde algunos dieron rienda suelta a su indignación, callan.

Quizás muchos de sus autores no se han enterado ni querrán enterarse; otros preferirán temas que atraigan más comentarios.

Iba a escribir algo sobre los africanos que por una vida mejor lo arriesgaron todo y perdieron la única que tenían en el intento.

Sin embargo, me bastan esta vez las palabras del Papa.

Mentiras impresas

El papel aguanta todo lo que le pongan, se dice en el país donde nací. Y los británicos podrían decir lo mismo a juzgar por la investigación que hace el Media Standards Trust, organización que se dedica, según su propia definición, a mantener un alto nivel en la cobertura de noticias.

Mi conclusión se desprende de los resultados de la encuesta, que indica que sólo el 7% de los británicos confía en que los diarios nacionales se comporten con responsabilidad.

Lo que es más, la confianza en la prensa es menor que la que se tiene en los bancos.

Y sigue: el 75% de los encuestados cree que la prensa británica publica noticias que no son del todo ciertas y lo hace a sabiendas.

El ente encuestador, You Gov, es conocido en Gran Bretaña por la exactitud de sus pesquisas aunque sus críticos señalan que éstas se realizan por internet y que todavía no todos los británicos tienen acceso al medio.

Sea como sea, la falta de confianza en la prensa es parte del escepticismo general y el descreimiento en las instituciones.

En lo que toca al papel impreso, el Media Standards busca ya un remedio.

Por lo menos alguien hace algo.

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