Francisco y la eterna espera

Los cubanos no aprendemos de nuestra misma historia y en eso no somos tan inteligentes como pretendemos ser. A casi 57 años de entregarle el país a un hombre para que solucionara los problemas de entonces, seguimos esperando a mesías que nos iluminen y liberen de tantas penas acumuladas.

Durante décadas una buena parte de los alienados por la dictadura mantuvo la esperanza de que algún día Estados Unidos le pusiera fin. Después, con la caída del comunismo en Europa Oriental, preveíamos que el efecto dominó llegara al Caribe. Casi todos esperábamos pero poquísimos hacían. Porque – seamos honestos con nosotros mismos: lo nuestro es pasar, como decía el poeta Antonio Machado, pero pasar esperando.

Frustrados, quisiéramos que cada jefe de estado de país democrático que viaje a Cuba regañe a sus gobernantes y haga gestos públicos de solidaridad con los disidentes. Ese deseo se expresa con mayor vehemencia en las visitas de los papas a la Isla.

En estos días se quiere que en sus homilías Francisco condene explícitamente la represión a los opositores y la falta de libertades en nuestro país aunque se ignora que nada más llegar a La Habana, Bergoglio le recordó a Raúl Castro con palabras de Martí que se acabó el tiempo de las dinastías y los grupos.

Hasta ahora, el Papa ha dicho suficiente a los que tienen mentes para entender: ¿qué son si no sus llamamientos a la concordia, al respeto del diferente y a la construcción de una sociedad sin exclusiones?

Los críticos de Francisco y de los obispos, algunos muy furibundos, deberían volver a la realidad y ver nuestra propia historia. La Iglesia cubana de hoy, que se ha ido recuperando desde aquella perseguida y abandonada por muchos que se decían católicos, está en minoría entre una población políticamente apática y siempre creyente a su manera. Seamos sensatos entonces en lo que exigimos.

El Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998 dijo, citando a Cristo: “no tengan miedo”. Fue la frase que repitió muchas veces en su natal Polonia y que inspiró a millones de sus compatriotas para demandar un cambio. La historia es conocida. En nuestro país solo unos pocos oyeron y terminaron hostigados, cuando no en la cárcel. La mayoría, dentro o fuera, seguimos esperando.

¿Podrá Bergoglio?

Papa Francisco en conferencia de prensa  (Tenan)

Papa Francisco en conferencia de prensa (Tenan)

Su ascenso a la silla de Pedro fue una sorpresa. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, nunca fue favorito para suceder a Benedicto XVI. Pero los vaticinios se disiparon como la fumata blanca que salió de la Capilla Sixtina en la noche del miércoles 13 de marzo. Se cumplió otra vez la máxima de que quien entra papa en el cónclave, cardenal sale.

Para ser justos con los augures, Bergoglio fue electo después de cinco votaciones en las que los candidatos de las predicciones no alcanzaron apoyo suficiente. El argentino se impuso en un juego entre facciones con visiones distintas sobre el camino que debe seguir la Iglesia Católica.

Su triunfo se debe a que la mayoría de los cardenales le vieron dotes de buen gobernante, renovador y comunicador. Para algunos de los purpurados él no necesitaba carta de presentación: lo conocían bien del cónclave anterior en que le había disputado la sucesión papal a Joseph Ratzinger.

El Papa Francisco, hombre de costumbres austeras, gestos piadosos y verbo sencillo, tiene ahora la encomienda de curar al catolicismo de las heridas autoinfligidas por los escándalos de pederastia, el dudoso manejo de las finanzas de la Iglesia y las intrigas en el seno de la burocracia vaticana.

De él se espera también que ponga en práctica una estrategia efectiva ante los múltiples retos de la religión católica en el mundo actual que van desde la pérdida de influencia en Europa y la competencia por fieles con las iglesias pentecostales en América Latina hasta las tensiones con el Islam fundamentalista en África y el Medio Oriente.

Por ahora Francisco se dedica a darse a conocer a los fieles y al resto del mundo a través de unos medios de comunicación muy atentos. Y tal parece que con buenos resultados. Su simplicidad, serenidad y humor caen bien. Su declaración “yo quiero una iglesia pobre para los pobres” genera una gran dosis de expectativa, más que escepticismo, habida cuenta de su trabajo con los desposeídos en Argentina.

Pronto el primer papa latinoamericano tendrá que poner manos a la obra. La gran incógnita es si será capaz de conducir la barca con mano segura a pesar de “las aguas agitadas y el viento contrario”, para usar una metáfora de su antecesor.

El éxito de la misión lo determinarán en buena medida sus futuros colaboradores en el gobierno de la Iglesia. Para escogerlos talento hay en abundancia. Si Francisco se propone dialogar con los no creyentes y atraer a jóvenes con inquietudes intelectuales, bien podría potenciar el trabajo que hace Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura.

Si el nuevo pontífice quiere revitalizar la diplomacia vaticana y tender puentes en China y el Medio Oriente, su hombre es Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y con una impresionante hoja de servicios en el campo diplomático. Sean quienes sean los “ministros”, estos no deberían ser figuras que causen división, so pena de que continúen las intrigas que lastraron el pontificado de Benedicto XVI.

Si hay algo que debe resultar claro al Papa Francisco es que no podrá enfrentar algunas de las batallas que tiene ante sí sin un papel más activo de los laicos y de las mujeres en la vida de la Iglesia. No habrá una verdadera renovación del catolicismo sin la participación comprometida de sus bases.

Quien escribe, católico por libre elección, entiende que este momento crítico en la historia de nuestra fe exige cambios urgentes y drásticos. La respuesta a la pregunta de si Francisco podrá ponerlos en práctica depende en gran parte de nosotros mismos.

Y el oso se cansó del fardo

El breve pontificado de Benedicto XVI llegó a su fin, casi ocho años después de ser electo en la mañana del 19 de abril de 2005. Al final, la enorme tarea de conducir una Iglesia aquejada por graves problemas fue demasiado para un frágil anciano de 85 años.

Al comenzar su ministerio, el ahora Papa Emérito se trazó la ambiciosa meta de recuperar los espacios que el laicismo ha ido arrancando al cristianismo en Europa. En sus viajes por el continente, Benedicto fue recibido con entusiasmo por los católicos. Sin embargo, no hay indicios de que a la fecha la religión cristiana haya recobrado alguna presencia en la esfera pública, allí donde la ha perdido. El avance del laicismo en Europa pareciera irreversible.

Quizás lo que más limitó la gestión de Benedicto fueron los numerosos escándalos por casos de pedofilia perpetrados por sacerdotes. A pesar de que él puso en marcha una política de no tolerancia para enfrentar este flagelo, el daño a la Iglesia ha sido considerable.

Otro de los dolores de cabeza para Benedicto fue el escándalo en el que se ha visto el Banco Vaticano, oficialmente Instituto para las Obras de Religión, por sospechas de lavado de dinero, evasión de impuestos y otros delitos.

Sin embargo, lo que más tocó de cerca al ex Papa fue el robo de cartas y memos confidenciales por su mayordomo Paolo Gabriele. Los documentos fueron publicados en mayo del año pasado.

Para colmo de males, un reciente informe redactado por tres cardenales y cuyo contenido no ha sido dado a conocer habría revelado corrupción, abuso de poder e intentos de chantaje contra clérigos homosexuales.

No en balde, Benedicto, con una salud mermada, se consideró incapaz de poner orden en la Iglesia y al mismo tiempo hacer frente a sus múltiples retos en siglo XXI.

El ex Papa se identificó alguna vez con el oso de una leyenda medieval que debe cargar un fardo. Al final del camino, el oso deja el bulto y desaparece. Podría decirse que eso precisamente sucedió hoy.

Ver: Benedicto XVI, el oso y su fardo

Una especie de milagro (a propósito del día de La Caridad)

Los cubanos de la Isla y su Diáspora celebramos ayer el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra Patrona. Es la fecha del nacimiento de María según el calendario católico.

De todas las advocaciones de la Madre de Cristo, el de “la Caridad” nos recuerda la principal virtud cristiana que es amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Paradójicamente, si algo está en falta todavía entre nosotros es un elemental respeto al otro, indispensable premisa para la reconciliación de Cuba con sí misma.

Muchos son los agravios acumulados en más de medio siglo: fusilamientos, expropiaciones, cárceles, humillación, separación, destierro, innumerables injusticias. Es algo que nunca podrá olvidarse. Sin embargo, si queremos un futuro mejor para los nuestros, urge poner a un lado las ofensas y aprender a convivir con quienes las infligieron o con sus herederos. La historia indica que ese ha sido el caso de la España posfranquista y de los países de Europa del Este después de la caída del comunismo. Esos casos demuestran que la prosperidad económica va de la mano de la paz social y esta a su vez nace de un acomodo con quienes formaron parte del régimen anterior.

La mayoría de los que deseamos un cambio profundo en Cuba estamos dispuestos a poner en segundo plano las diferencias entre nosotros e incluso estrechar la mano de quienes detentan el poder si fuera necesario. El problema radica en realidad en éstos últimos, tan aferrados a sus puestos y tan temerosos de su supervivencia.

En los últimos meses, impelidos por la necesidad de mejorar las relaciones con Europa, los gobernantes cubanos han liberado a presos políticos. La medida es perfectamente calculada pero si alguna conclusión puede sacarse de ella es que el régimen sí está dispuesto a negociar cuando le conviene.

Si bien es cierto que hasta ahora el gobierno sólo parece estar interesado en obtener ventajas en el extranjero, es necesario que comprenda los beneficios de una liberalización interna que no se circunscriba al ámbito económico. La Iglesia Católica cubana ha abierto una ventana en el edificio cerrado y hermético del régimen en su papel de intercesora por la liberación de los presos políticos. Dada la renuencia de los gobernantes a escuchar a sus críticos cubanos, la jerarquía católica debería continuar sus gestiones ahora por la libertad de expresión, asociación, prensa y a entrar y salir del país por sólo citar algunos de los derechos que no están vigentes en Cuba.

Los pueblos engañan y las circunstancias cambian de la noche a la mañana pero tal como se ven las cosas, Cuba no cambiará con revoluciones violentas ni intervenciones extranjeras. La inmensa mayoría de los cubanos no lo quiere, ni siquiera piensa en esas dos posibilidades como solución a sus problemas. Es por eso que la negociación con quienes controlan el país se presenta como la única vía. La Iglesia tiene entonces al alcance de sus manos obrar una especie de milagro: el que los cubanos construyamos un país para todos. Ese sería el mejor homenaje a La Caridad.

La Iglesia cubana habla de presos políticos con Raúl Castro


El presidente de Cuba, general Raúl Castro se reunió el miércoles 19 con los dos más altos representantes de la Iglesia Católica cubana, el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana y el presidente de la Conferencia Episcopal, el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García. Al finalizar el encuentro de cuatro horas, monseñor García declaró a la prensa extranjera acreditada en la Isla que la situación de los presos políticos y sus familiares, las Damas de Blanco, fue uno de los temas que se abordaron. El arzobispo de Santiago dijo además que la liberación de los opositores encarcelados sería un proceso gradual que debe comenzar con “pequeños pasos”.

Por su significado, esta es sin lugar a dudas una de las noticias más importantes que nos ha llegado de Cuba en los últimos meses. Es evidente que los acontecimientos de este año en la Isla (la muerte de Orlando Zapata Tamayo, la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, los atropellos a las Damas de Blanco) y su repercusión en el exterior han hecho ver al gobierno cubano lo contraproducente que es mantener en la cárcel a decenas de personas por motivos políticos (200, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional).

La Iglesia cubana asume el papel de mediadora que le corresponde y lo hace a sabiendas que el camino no está exento de riesgos. El éxito de su misión depende de cuántos riesgos quiera correr a su vez el gobierno. Una liberación por etapas de todos los presos políticos o de la mayoría de ellos, podría establecer a la Iglesia como un factor a tener en cuenta en un futuro y largamente postergado proceso de reconciliación nacional. Si esa excarcelación fuera completa y sin condiciones, la Iglesia podría incluso intervenir activamente en una mediación con Estados Unidos.

Por otro lado, el gobierno cubano puede poner en libertad sólo a un puñado de presos políticos. La jerarquía católica aun así podría reclamar que su gestión valió la pena. Sin embargo, la oposición de fuera y de dentro reclamaría que los obispos le hicieron el juego a quienes ejercen el poder en Cuba, aliviándoles la presión interna y externa. El tiempo dirá.

Personalmente aplaudo la decisión del cardenal Ortega y monseñor García de abordar el principal problema de derechos humanos que tenemos en la Isla en esa conversación con Raúl Castro, lo que quizás habría sido imposible con su hermano. Hay que tomarlo con una sana dosis de duda pero esta vez quizás hay razones para un poco de optimismo.

¿Llega el Cardenal Ortega tarde y mal?

El Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, deploró los actos de repudio contra las Damas de Blanco, destacó los pedidos de la jerarquía católica por la liberación de los presos políticos y se hizo eco de la frustración de la mayoría de los cubanos ante la falta de reformas económicas.

En una entrevista con la revista católica Palabra Nueva, monseñor Ortega también criticó a Barack Obama por exigir cambios al gobierno de Cuba como condición para una mejoría de las relaciones con Estados Unidos.  

Por lo general, las declaraciones del cardenal han sido mal recibidas entre los cubanos que estamos en el extranjero, que es donde seguramente tendrán mayor difusión. A la máxima figura de la Iglesia cubana se le condena por comparar los mítines para reprimir a las Damas de Blanco, caracterizados por su violencia verbal y algunas veces física, con las manifestaciones de grupos de exiliados anticastristas en La Florida contra quienes piensan de forma diferente, por repetir el argumento del gobierno de que hay una campaña mediática en su contra y por condicionar de hecho la mejoría de los derechos humanos en Cuba a las relaciones con Estados Unidos.

Como pastor de la Iglesia, el cardenal Ortega no puede seguir callando sobre lo que pasa en la Isla sin tomar partido. Al hablar, no quiere molestar demasiado al gobierno cubano, que no acepta ninguna crítica en el tema de derechos humanos y la represión política.

Hoy algunos medios de prensa extranjeros destacan que monseñor Ortega urge a los cambios ante la crisis que vive el país. Es quizás lo que más trascendencia tiene de todos sus pronunciamientos. Sin embargo es inevitable preguntarse porqué ha tomado tanto tiempo en hacerlos y porqué enmarca tan torpemente la falta de las garantías individuales en el contexto de lo que él considera presiones externas.

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Un fragmento de la entrevista con el cardenal Jaime Ortega.


P.N.: Cuando la Iglesia habla de bien común, habla también de una serie de condiciones favorables que permitan el desarrollo pleno de la persona que vive en sociedad. En las difíciles condiciones que atraviesa el país hoy, ¿cómo puede ayudar la Iglesia en la búsqueda del bien común para toda la sociedad?

C.J.O.: Nuestro país se encuentra en una situación muy difícil, seguramente la más difícil que hemos vivido en este siglo xxi . En la prensa de Cuba aparecen opiniones de todo tipo respecto al modo de buscar salidas para las dificultades económicas y sociales de este momento.

Muchos hablan del socialismo y sus limitaciones, algunos proponen un socialismo reformado, otros se refieren a cambios concretos que hay que hacer, a dejar atrás el viejo estado burocrático de tipo estalinista, otros hablan de la indolencia de los trabajadores, de la poca productividad, etc. Pero hay un denominador común fundamental en casi todos los opinantes: que se hagan en Cuba los cambios necesarios con prontitud para remediar esta situación. Yo creo que esta opinión alcanza una especie de consenso nacional y su aplazamiento produce impaciencia y malestar en el pueblo.

Las dificultades de la crisis económico-financiera internacional hicieron su aparición justo en el momento en que tres huracanes afectaban a Cuba dejando numerosas pérdidas.

Tanto estas realidades nuevas, como el ya semicentenario bloqueo por parte de Estados Unidos, se suman a las perennes dificultades económicas de Cuba provenientes de las limitaciones del tipo de socialismo practicado aquí y configuran un panorama a veces sombrío.


P.N.: Perdón… ¿Cree verdaderamente que el conflicto con Estados Unidos marca de modo determinante la vida de los cubanos?

C.J.O.: Creo que un diálogo Cuba-Estados Unidos sería el primer paso necesario para romper el círculo crítico en que nos encontramos. Al comienzo de su gestión el presidente Raúl Castro propuso a los Estados Unidos este diálogo sin condiciones y sobre todos los temas, incluyendo los derechos humanos, y ha repetido su propuesta en más de una ocasión.

En su campaña política presidencial, Barack Obama también indicó que cambiaría el estilo al uso y buscaría ante todo hablar directamente con Cuba. En esos momentos crecieron las expectativas del posible encuentro entre ambos países. Sin embargo, después de llegar al poder, el nuevo presidente norteamericano ha repetido el viejo esquema de gobiernos anteriores: si Cuba hace cambios con respecto a derechos humanos, entonces los Estados Unidos levantarían el bloqueo y se abrirían espacios para un diálogo ulterior.

Si bien se dieron pasos importantes que modificaron algunas medidas contraproducentes impuestas por el anterior gobierno, con el tiempo se alteró la propuesta preelectoral. De nuevo la antigua política prevaleció: comenzar por el final. Estoy convencido que lo primero debe ser encontrase, hablar y en el avance del diálogo se darían pasos que puedan mejorar las situaciones difíciles o superar los puntos más críticos. Este es el modo civilizado de enfrentar cualquier conflicto.


P.N.: En las últimas semanas esta situación de enfrentamiento se ha agudizado, específicamente a partir de la muerte del preso Orlando Zapata Tamayo debido a una huelga de hambre. Al menos otro ciudadano cubano se ha sumado a este tipo de protesta, las esposas y madres de los presos políticos se manifiestan por sus seres queridos, a lo que el gobierno cubano responde con firmeza… Todo esto enrarece aún más el ambiente. ¿Es posible un diálogo en estas condiciones?

C.J.O.: El hecho trágico de la muerte de un prisionero por huelga de hambre ha dado lugar a una guerra verbal de los medios de comunicación de Estados Unidos, de España y otros. Esta fuerte campaña mediática contribuye a exacerbar aún más la crisis. Se trata de una forma de violencia mediática, a la cual el gobierno cubano responde según su modo propio.

En medio de esto ¿qué puede hacer la Iglesia por el bien común? Ciertamente su misión le impide sumarse simplemente a una de las dos partes enfrentadas, con propósitos políticos de desestabilización de un lado, y con el consecuente atrincheramiento defensivo de otro. Lo que nos corresponde como Iglesia es invitar a todos a la cordura y a la sensatez para que se pacifiquen los ánimos.

Sabemos que un llamado a la Paz es, históricamente, inútil en el fragor de una guerra. Pero es el llamado que siempre ha repetido la Iglesia en todo tiempo y ante cualquier conflicto. El Papa Pablo VI acuñó una frase que tiene aquí toda su validez: “Diálogo es el nuevo nombre de la Paz ”. Porque en medio de ese fuego cruzado de palabras y argumentos resulta afectado el pueblo, cansado y deseoso de un presente y un futuro más sereno y próspero. Si nuestra voz fuera escuchada, necesariamente tendría como contenido un llamado al diálogo.

Este llamado lo hicimos los obispos de Cuba en nuestra nota que lamentaba la trágica muerte de Orlando Zapata, en la que pedíamos “a las autoridades que tienen en sus manos la vida y salud de los prisioneros, que se tomen las medidas adecuadas para que situaciones como éstas no se repitan y, al mismo tiempo, se creen las condiciones de diálogo y entendimiento idóneo para evitar que se llegue a situaciones tan dolorosas que no benefician a nadie y que hacen sufrir a muchos”. Esta disposición conciliadora, aunque parezca mostrarse infructuosa, es la misma que repetimos en el caso de Guillermo Fariñas, el otro ciudadano cubano que se ha sumado a este modo de protestar: pedirle que abandone la huelga de hambre.


P.N.: En este ambiente de acción-reacción, hemos visto incrementarse entre nosotros las respuestas con alguna forma de violencia contra quienes expresan en Cuba sus desacuerdos o reclamos, específicamente en el muy comentado caso de las Damas de Blanco. ¿Qué piensa de esto?

C.J.O.: No es el momento de atizar las pasiones. Por eso resultan penosos los actos de repudio hacia las madres y esposas de varios presos, a las cuales se unen ahora otro grupo de mujeres, conocidas todas como las Damas de Blanco.

Después de los dolorosos actos de repudio ocurridos con ocasión del éxodo de El Mariel en 1980, pensaba que éstos no retornarían más a nuestra historia nacional. En aquella ocasión, los obispos nos entrevistamos con un alto funcionario del gobierno que, tras escuchar nuestras consideraciones sobre esos actos, nos dijo: “pueden irse tranquilos, estos actos tienen que acabarse y será muy pronto”. En efecto, los actos de repudio desaparecieron poco después en aquella ocasión. Pero con sorpresa vimos que algún tiempo después estas acciones comenzaron a aparecer de nuevo en la escena nacional, y también entre cubanos del sur de la Florida frente a otros cubanos de pensamiento diverso, o artistas procedentes de Cuba, etc. No debe quedar en nuestra historia como pueblo este tipo de intolerancia verbal, y aún física, como rasgo característico del cubano. De hecho son siempre pocos quienes escenifican estos actos que no indican el sentir de la mayoría.


P.N.: Volviendo a los presos políticos. Recuerdo que a raíz de las detenciones y juicios sumarios del año 2003, tanto la Santa Sede como los obispos cubanos pidieron a las autoridades gestos significativos de clemencia, gestos humanitarios para con personas que habían recibido largas sentencias y eran enviados muy lejos de sus casas. ¿Continúa la Iglesia expresando su interés por estas personas? ¿Hay algo nuevo al respecto?

C.J.O.: Respecto a los presos por causas políticas, la Iglesia ha hecho históricamente todo lo posible porque sean puestos en libertad, no sólo los enfermos, sino también otros.

Con la participación de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en la década de los 80 salieron de la cárcel un buen grupo de presos, que junto con sus familiares más cercanos partieron para los Estados Unidos. Considerados todos juntos, prisioneros y familiares, fueron más de mil los que en varios vuelos costeados por los obispos norteamericanos salieron de Cuba. Sólo los que tenían grandes delitos de sangre no recibieron visas para los Estados Unidos u otros países. A petición del Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba, también un buen número de presos fue puesto en libertad y emigraron cuantos recibieron visas de diversos países, con la misma reserva hacia los delitos graves por los países receptores.

Esto es lo que siempre hace la Iglesia con los presos y toda persona afectada en relación con ellos, como son sus familiares. Lo mismo ha hecho con respecto a los cinco cubanos presos en Estados Unidos a solicitud de sus familiares, haciendo gestiones, hasta ahora infructuosas, para que al menos dos de las esposas que hace ya casi diez años que no ven a sus esposos puedan visitarlos. Con respecto a todo aquel que se encuentra en situaciones deplorables, sin analizar las causas ni las razones de su condena, la misión de la Iglesia es siempre la de la comprensión y la misericordia, actuando discreta pero eficazmente para que la situación de esas personas afectadas sea superada para bien de ellas y de los suyos, aunque no siempre se logren los resultados esperados.

En suma, en este tiempo difícil, la Iglesia en Cuba pide la oración y la acción de todos los creyentes para que el amor, la reconciliación y el perdón se abran paso entre todos los cubanos de aquí y de otras latitudes.

Tony Blair, la Iglesia y los homosexuales

El ex primer ministro Tony Blair ha dado de qué hablar en Gran Bretaña con sus declaraciones a favor de un cambio en la posición del Papa y los líderes de la Iglesia Católica ante la homosexualidad.

En una entrevista con la revista gay Attitude, Blair, afirmó que la vieja generación de católicos tiene ideas muy fijas (“entrenched attitudes” fue la expresión que usó), mientras la mayoría de las congregaciones tienen opiniones más liberales.

Blair se convirtió a la fe católica después de renunciar a su puesto de jefe de gobierno en 2007.

El ex premier, que aspira a ser el primer presidente de la Unión Europea, dijo que los puntos de vista de la Iglesia deben evolucionar.

Como sabemos, la doctrina católica marca una diferencia entre ser homosexual y la práctica la homosexualidad.

Mientras se deja en claro que debe respetarse a la persona homosexual, no se aceptan las relaciones homosexuales.

En una carta a los obispos en 1986, el actual Papa, entonces cardenal Ratzinger, escribió que la homosexualidad es una tendencia a un “mal moral intrínseco”.

En Gran Bretaña, las “uniones civiles” entre personas del mismo sexo se convirtieron en ley durante el gobierno de Tony Blair.

En una unión civil los cónyuges tienen los mismos derechos que los esposos en un matrimonio.

El que no se adoptara el nombre de matrimonio es una concesión a los grupos religiosos.

“Probablemente hay miedo entre los líderes religiosos a que si se cede terreno en un asunto como éste, porque las actitudes y la forma de pensar evolucionan con el tiempo, ¿dónde terminaremos?”, dijo el ex primer ministro.

Blair señaló que la mayoría de los católicos asocia su fe a la compasión, la solidaridad y la ayuda a quienes sufren y no al rechazo a la homosexualidad.

El ex jefe de gobierno dijo también que “hay muchas cosas buenas y magníficas que la Iglesia Católica hace y muchas cosas fantásticas por las que está el Papa”.

Blair, quien preside una fundación que promueve el entendimiento entre las religiones, considera que habrá cambios también en el Islam.

“En algún momento los fieles encontrarán el camino hacia una considerable reforma de los puntos de vista”.

El ex primer ministro dijo: “cuando la gente cita pasajes del Levítico que condenan la homosexualidad, les digo: si leen todo el Antiguo Testamento y lo toman todo de forma literal sobre lo que es Dios y la religión, tienen políticas muy severas…”

Y añadió: “lo que la gente olvida por ejemplo es que la razón de ser de Jesús o ciertamente el Profeta Mahoma fue la de cambiar la forma en que la gente pensaba tradicionalmente”

Blair avizora cambios incluso en las iglesias evangélicas en Estados Unidos.

En tal sentido expresó: “…hay un cambio generacional que está ocurriendo. Si usted habla con la vieja generación, sí, todavía hay mucho rechazo y se citan pasajes de la Biblia pero si ve la nueva generación de evangélicos, esto es algo de lo que quisieran salir, al menos para que no se reduzca su posición a ser antigay”

Aunque hasta el momento no ha habido una reacción de la Iglesia Católica a las declaraciones de Blair, estas son el tema de discusión en blogs católicos y no católicos.

Hay quienes señalan que Blair está en un error, que no se puede ser católico “a la carta” porque no se puede aceptar sólo las enseñanzas de la Iglesia que nos convienen.

Argumentan que del Magisterium , se toma todo o nada.

Algunos dicen que el ex premier, cristiano comprometido, no es un converso que ha optado por ser más papista que el Papa sino que ha seguido fiel a sus principios liberales.

Estoy de acuerdo con Tony Blair en que lo lógico es que la Iglesia evolucione también en el tema de la homosexualidad.

Aunque tomará tiempo y no lo veremos en nuestra generación, habrá cambios en la doctrina, como los ha habido en el pasado.

Por ejemplo, hoy la actitud ante los judíos es diferente de la que prevalecía en la Edad Media.

Sin embargo, no creo que el próximo papa, por liberal que pudiera ser, cambie de forma radical un aspecto que causaría profundas divisiones en la Iglesia.

Si bien es cierto, como dice Blair, que la mayoría de los católicos británicos no definen su fe por el rechazo a la homosexualidad, en Africa, donde más crece el catolicismo, es un asunto imposible de abordar.

Desde fuera puede verse como una contradicción pero el camino para muchos católicos homosexuales es seguir dentro de su Iglesia a pesar de no ser aceptados plenamente por la jerarquía.

Por convicción o filiación cultural prefieren quedarse en ella.

Es que la Iglesia Católica es menos monolítica de lo que parece y, a pesar de la doctrina y el discurso, en la práctica no se siente tanto la exclusión.

Aunque no se producirán cambios dramáticos en el futuro cercano, un relevo generacional en el timón de la Iglesia podría traer un nuevo énfasis en los aspectos fundamentales del cristianismo.

Si eso sucede, es de esperar que alguno de los próximos pontífices reconozca que a una buena parte de los fieles no se le ha hecho justicia.

Benedicto XVI: ¿demasiados errores?

No puedo permanecer impasible ante la cobertura que se le da a la primera visita del Papa a Africa.

Los diarios han optado por resaltar la respuesta que dio Benedicto XVI a la pregunta de un reportero al comienzo de su viaje sobre el uso de preservativos para detener el sida en el continente africano.

Para quienes no están al tanto de la polémica (hay tantas cosas más urgentes que nos ocupan), el Pontífice dijo que los condones no resuelven el problema sino incluso lo acentúan.

Benedicto XVI reafirmó así la postura de la Iglesia Católica sobre el sexo en el matrimonio y la abstinencia.

Quizás puede argumentarse que el Pontífice debería haber sido más cauto al responder a este tipo de preguntas, poniéndolas en contexto.

De todas formas, como líder de la Iglesia él considera que debe hablar en un lenguaje claro y fijar cuestiones de principios.

Es posible que su declaración no habría levantado tanto revuelo si no hubiera sido en el inicio de un periplo por Africa, el continente donde se encuentra el mayor número de víctimas de sida.

Sin embargo, el hecho de que se le haya dado tanto espacio en los medios de comunicación, obedece también, en gran medida, a una sed por el escándalo.

La declaración sobre los condones se une a lo que se considera como un catálogo de errores que llevan a concluir que la máxima jerarquía de la Iglesia Católica se encuentra ante un serio problema.

Esa conclusión la contiene el titular del diario británico The Daily Telegraph: “Conocedores del Vaticano consideran al Papa un desastre

Según el rotativo, una de sus fuentes afirma que Benedicto XVI está aislado y no consulta a sus asesores.

Se refieren por ejemplo al reciente caso del obispo lefebvrista Richard Williamson al que el Vaticano decidió levantarle la excomunión a pesar de su posición negacionista del Holocausto judío.

Como reconoció después la Santa Sede, una búsqueda en internet, algo que al parecer no se hizo en el caso de Williamson, habría informado sobre sus ideas que son de conocimiento público.

El otro vaticanólogo, la segunda fuente de The Daily Telegraph, argumenta que el discurso del Papa en el que citó las palabras de un emperador bizantino sobre Mahoma en 2006 puso en punto crítico las relaciones con el Islam.

De vuelta al escándalo por las palabras del Papa sobre el uso de preservativos, otro importante diario británico, The Times, destaca hoy:

Benedicto XVI trata de dejar a un lado la polémica por condones con viaje a Angola.

Me refiero a estos dos ejemplos en la prensa nacional pero he visto titulares semejantes en diarios extranjeros, sobre todo europeos.

La prensa podría haber destacado también otras historias del viaje de Benedicto XVI a Africa pero prefiere no hacerlo.

Por ejemplo, el hecho de que la Iglesia Católica atiende a muchos de quienes más necesitan ayuda o la casi ejemplar convivencia de las comunidades cristiana y musulmana en uno de los dos países visitados, Camerún.

Según cuenta John Allen, uno de los periodistas más versados en temas católicos, que viaja con el Papa, diarios importantes decidieron no enviar corresponsales a Africa por los costos en tiempos de recesión.

Sin embargo, lo harán cuando el Pontífice visite Tierra Santa en mayo porque se trata de una historia que vende más.

Creo que hay que concluir que definitivamente el Papa tiene la batalla perdida en los medios.

Hay que reconocer que no todo se debe a prejuicios liberales en la gran prensa.

En realidad, el Vaticano no se ha preparado bien para un mundo que exije noticias 24 horas.

Cuando cubrí el funeral de Juan Pablo II (La humanidad “se vistió de gala”) y la elección de Benedicto XVI para la BBC, (Benedicto XVI, el oso y su fardo) conté, como todos los periodistas, con toda una eficiente infraestructura puesta a nuestra disposición por la Santa Sede.

Otra cosa fue lidiar con la oficina de prensa cuando desde Londres queríamos la declaración de algún portavoz.

Los teléfonos se atienden estrictamente en horario de oficina, si acaso.

Muchas veces era una verdadera suerte que se respondiera un pedido urgente con la celeridad que requiere una transmisión de televisión o radio.

Se dice que uno de los problemas para la comunicación con el mundo exterior es que el director de la oficina de prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi, tiene también a su cargo la radio y la televisión de la Santa Sede.

Según tengo entendido esto obedece a un interés por aligerar el aparato de la comunicación a la medida de un pontificado que no se propone emular los grandes y casi constantes viajes del Papa Juan Pablo II.

Supondría que hay conciencia en la máxima jerarquía de la Iglesia sobre la necesidad de adaptar el engranaje de su oficina de prensa a estos tiempos pero ¿existe la capacidad y la voluntad para hacerlo?

Definitivamente no basta colocar videos del Papa en You Tube para dar a conocer su palabra.

Hay mucho que destacar de positivo de la Iglesia en respuesta a esa constante andanada de escándalos a las que se nos tiene acostumbrados.

Como dice el Evangelio, el candelero debe estar siempre visible.

Más en estos tiempos.

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