Juzgar a Fidel

A Fidel Castro le hemos extendido el certificado de defunción política demasiado rápido. Admitamos que el hombre que gobernó a Cuba cual monarca absoluto durante más de medio siglo, es hoy más que cenizas y recuerdos: el modelo de país que creó a su imagen y semejanza sigue en pie con algunos cambios y no hay señales de que vaya a ser sustituido ni a corto ni a mediano plazo.

Con obra vigente y fidelatría exacerbada, se impone hacer memoria porque, entre las reacciones a la muerte de Castro, está la de aquellos que se inhiben de hacer juicio y prefieren que juzgue la Historia. Como si el decurso del tiempo pudiera decirnos algo nuevo que todavía no sepamos y aportara algo que incline la balanza a favor o contra. Tal incapacidad pudiera ser comprensible en un extranjero por desconocimiento pero en un cubano suena tremendamente falsa, a menos que padezca de amnesia o conveniente ignorancia.

Juzgar al muerto es posible hoy porque Fidel puede contarse en millones de historias personales. La mía ciertamente no tiene nada de extraordinaria, comparada a la de otros que perdieron la vida, sufrieron cárcel o fueron despojados arbitrariamente del fruto de su trabajo pero algo me tocó de cerca. Yo simplemente soy un cubano más a los que el castrismo quiso convertir a su culto sin lograrlo.

A los cinco años, ya sabía quién era Fidel Castro. Uno de los libros con los que aprendí a leer tenía en su última página la imagen de un barbudo vistiendo uniforme verde olivo en medio de montañas.  Como a todos los niños de mi generación y las que seguirían, la escuela se dedicó a inculcarme la idea de que Castro era una especie de mesías que había rescatado a Cuba de un tirano sangriento, títere de Estados Unidos, para llevarla a un paraíso en el que todos éramos iguales.

Me habitué a crecer con un hombre que todo lo invadía. Entraba en las casas con sus interminables discursos, de los que a veces no había forma de escapar: algún fanático simpatizante hacía retumbar el vecindario con el televisor o la radio a todo volumen. Lo glorificaban diarios y revistas. Vivía en las consignas escritas en lugares públicos.

Sin embargo, crecí bastante inmune a la fidelización del país. En mi familia tenía el antídoto o los antídotos. Mi abuelo era un desilusionado de la causa revolucionaria. El, liberal y masón, había apoyado al Movimiento 26 de Julio con la esperanza de ver a Cuba retornar a la democracia. En su lugar, vio a su héroe asumir poderes dictatoriales y declararse comunista.

Mi padre había sufrido de la aversión del régimen al emprendedor. Se había construido una carpintería con préstamos bancarios acogiéndose a la política del gobierno de propiciar la pequeña empresa durante sus primeros años. Una vez que prosperó y pagó puntualmente el empréstito, lo perdió todo durante las últimas confiscaciones de negocios privados a finales de los sesenta. “Vinieron como hormigas y cargaron no solo con las máquinas. Se llevaron hasta cables y bombillos”, me contó mi madre. Y no paró ahí su mala hora:  en un intento de “reeducarlo”, fue enviado a cortar caña lejos de la familia durante más de un mes. Después, subsistiría haciendo trabajitos aquí y allá hasta entrada su vejez.

Mi madre tenía motivos para no simpatizar con la Revolución. Uno de sus hermanos había muerto en el bando contrario. Había visto irse del país a mi abuela a la que nunca volvió a ver y a la mayoría de sus hermanas. Del régimen reconocía como positivo el acceso gratuito a la educación y los servicios de salud pero detestaba todo lo demás, en especial el hostigamiento a los creyentes. Maestra de profesión, nunca militó en ninguna de las organizaciones de apoyo al gobierno, incluídos los CDR.

Tengo primos que sufrieron cárcel por intentar salidas ilegales del país. Tengo una tía a la que juzgaron en una plaza pública y condenaron a meses de prisión por intentar ganarse la vida en el mercado negro después de que le impidieran a ella y a su hijo emigrar legalmente a Estados Unidos.

A pesar de tener tantas razones para rechazar al régimen, algo del incesante discurso caló en mi y llegué a aceptar como necesarios sus cambios en la sociedad cubana y su visión de futuro. Eran mis primeros años en la universidad. Sin embargo, pronto la realidad se encargaría de poner fin a mi acercamiento a la causa de Fidel.  La desilusión comenzó con la hipocresía de muchos de los jóvenes comunistas con los que compartía estudios, mediocres estudiantes pero con un carné que les daba ventaja para delatar a otros y así canalizar sus envidias. El sistema era perfecto para ellos. Mi desengaño se hizo mayor al darme cuenta que aquella era una universidad donde la curiosidad intelectual tenía -y tiene- límites. Había temas innombrables como el Caso Padilla y solo mencionarlos levantaba sospechas.

Poco antes de los sucesos en la embajada del Perú en 1980, el omnipresente Fidel fijó su atención precisamente en las universidades del país. Alarmado por la influencia que podrían tener las primeras visitas masivas de emigrados cubanos en la sociedad en general y particularmente entre los jóvenes, declaró que “la universidad es para los revolucionarios”. Así, desató una fea cacería de brujas en la que todo aquel que estuviera desviado del dogma o se percibiera como tal fue expulsado o castigado de alguna forma. Los aprovechados tenían rienda suelta. Yo mismo fui víctima de aquella persecución. Lo he contado ya en este blog y no vale la pena volver sobre ello.

En todo caso, semanas después, comenzarían los maltratos y la humillación a los cubanos que le habían tomado la palabra al Máximo Líder para emigrar durante el éxodo del Mariel. Fueron muchos los insultados, hostigados, y en algunos casos agredidos y lesionados solo por disponerse a abandonar la Isla.

Desde entonces, como tantos jóvenes, dejé de ver mi futuro en un país bajo el dominio de un hombre que, con tal de mantener el poder absoluto no tenía reparos en aterrorizar e instigar a la violencia. Un día salí de Cuba. Atrás dejé los abusos del poder, la intolerancia y la exclusión, la eterna vigilancia, las delaciones, las carencias provocadas por el pésimo manejo de la economía, el deterioro material y moral y la ubicua presencia de Fidel.

El dictador difunto deja admiradores en Cuba y allende. Porque a Fidel, lo que es de Fidel: entre sus artes estuvo la capacidad de embelesar y el embeleso perdura. Los devotos nacionales tienden a confesarse  deudores por la gratuidad de la educación y la atención sanitaria; los extranjeros lo encomian principalmente por enfrentarse a Estados Unidos y sobrevivir por tanto tiempo. Unos y otros andan ciegos, sordos y mudos ante su funesta herencia en el respeto de los derechos humanos y el rosario de descalabros económicos que han expuesto a los cubanos a una innecesaria pobreza durante décadas. Como si lo que celebran justificara atropellos y carencias.

El fidelato nos marcó y sus efectos se sentirán por largo tiempo. Los que lo vivimos no tenemos que esperar a ningún juicio de la Historia. Nosotros somos la Historia.

Cuba, 56 años sin libertad de prensa

(A propósito del recién pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa)

Mi abuelo conservaba todavía en la década de los setenta una nutrida colección de la revista Bohemia de antes y después del triunfo de la Revolución. Guardaba también ejemplares de Carteles, El País y Diario de la Marina. Cuando me permitió verlos, yo los leí como quien se asomaba a otro mundo. Entre otras cosas, siempre le agradeceré haberme mostrado la calidad y variedad de la prensa cubana que desapareció en 1960.

Fue en mayo del segundo año de su gobierno cuando Fidel Castro silenció las últimas voces alternativas en los medios de comunicación. A partir de entonces y durante décadas, el periodismo en Cuba, está atado -y bien atado- al poder. Informar sin la sanción oficial es exponerse a la persecución y hasta la cárcel como ocurrió con decenas de periodistas independientes en 2003 bajo la Ley 88 o Ley Mordaza.

Sin embargo, los cubanos no nos resignamos a vivir sin una prensa independiente. Gracias al valor y la determinación de personas como Yoani Sánchez y Reynaldo Escobar, fundadores del diario digital 14ymedio, el monopolio estatal de la información ha comenzado a resquebrajarse.

Por ahora el régimen parece proponerse limitar el alcance de ese periodismo que no controla. Es probable que su tolerancia de los pocos medios alternativos se deba a que la mayoría de la población cubana no tiene acceso a internet. No hay que descartar tampoco que si lo considerara necesario bloquearía cualquier página digital y montaría procesos judiciales contra los periodistas independientes.

La triste realidad es que Cuba es un país donde el derecho a buscar y difundir información es todavía un riesgo. La Ley 88 sigue vigente. No hay ninguna intención del gobierno de derogarla, como tampoco de abrir espacios a opiniones políticas diferentes en la prensa escrita, la radio y la televisión.

La organización Reporteros sin Fronteras publicó recientemente su informe anual sobre la libertad de prensa en el mundo. No es novedad que la Isla continúe apareciendo en la lista de países donde no se respeta ese derecho fundamental. Lamentablemente todo indica que seguirá en compañía de Arabia Saudita, Irán, China y Vietnam en los años por venir.

Nadie sabe con exactitud cuál será el curso de la historia de Cuba, pero me atrevería a aventurar que volveremos a tener una prensa que reflejará todo el espectro de opiniones políticas. Una prensa que estará comprometida únicamente con la búsqueda y difusión de la verdad, como vieron nuestros padres y abuelos.

A la sombra de Fidel

Fidel es como la sombra de un árbol bajo el cual todos estamos. Es lo que acaba de decir palabra más, palabra menos su hijo Alex. El fotógrafo no exagera: el otrora gobernante absoluto sigue ejerciendo una influencia determinante en las decisiones de su hermano Raúl.

Después de largos meses de ausencia de la esfera pública, Fidel echó un balde de agua fría a las conversaciones de Estados Unidos y Cuba al publicar en los medios oficialistas que desconfía de Washington aunque dijo apoyar la solución de diferendos por medios pacíficos.

Días más tarde, Raúl Castro expuso cuatro condiciones para la normalización de las relaciones entre los dos países en la reunión de la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, que se celebró en Costa Rica. El general presidente reclamó el fin del embargo, la restitución del territorio de la base naval de Guantánamo, el cese de las transmisiones de Radio y Tele Martí y una indemnización por daños humanos y económicos.

El presidente Castro también urgió a Obama a que tome medidas como levantar la prohibición que pesa sobre Cuba para el acceso a créditos, al uso del dólar en transacciones financieras internacionales y a la adquisición de equipos y tecnologías con más de un 10% de componentes norteamericanos. Es decir, Raúl quiere que se desmonte el embargo, aun sin la aprobación del Congreso.

Tal parece que se hubiera llegado a un estancamiento de las conversaciones previstas para las próximas semanas. Raúl sabe que es imposible que Estados Unidos cumpla todas esas exigencias. De hecho ya un portavoz de la Casa Blanca dejó en claro que la Base Naval de Guantánamo no será devuelta.

De darse, los diálogos que se avecinan se anuncian difíciles. Serán diálogos de sordos en lo que respecta a derechos humanos porque para el régimen cubano estos siguen siendo anatema. Según el general, no se le pueden pedir cambios en el sistema político. En sus palabras, la oposición en Cuba es “artificial”.

Raúl y su guía quieren comercio con Estados Unidos a cambio de nada o de muy poco. Apuestan a que las compañías estadounidenses que quieren hacer negocios en la Isla y los legisladores que las representan en el Congreso actúen para desmantelar el embargo.

Motivos tienen para creerlo: ocho senadores acaban de presentar un proyecto de ley para eliminar las restricciones de viaje a Cuba y una representante propuso una iniciativa similar para poner fin a las transmisiones de Radio y Televisión Martí.

Los gobernantes cubanos nunca habían tenido tanta influencia dentro de Estados Unidos y tanta simpatía en América Latina. Esto explica en parte su dureza. El otro motivo de negarse a un quid pro quo con concesiones políticas a Washington es su temor a que la oposición, todavía limitada y fragmentada, pudiera fortalecerse.

Fidel Castro, maestro en la supresión de disidencias, todavía sienta la pauta en Cuba. El “ni un tantito así” es su doctrina. Su hermano y sucesor la sigue al pie de la letra. Por supuesto, no le importa que ese sea el principal escollo para las relaciones con Estados Unidos.

“Somos un pueblo”

Cerró ayer en el Museo Británico la exposición Alemania, memorias de una nación. La muestra proponía un recorrido por 600 años de la historia de aquel país a través de objetos. Y qué objetos. Entre ellos, un ejemplar de la Biblia de Gutenberg – el primer gran libro impreso en Occidente – , otra biblia con dedicatoria de puño y letra de Martín Lutero, un retrato de Erasmo de Rotterdam por Hans Holbein el Joven, una réplica de la corona de Carlomagno, una colección de fósiles que perteneció a Johann Wolfgang von Goethe, una cuna inspirada en el movimiento de la Bauhaus y un portón de hierro del campo de concentración de Buchenwald con la infame inscripción Jedem das Seine, a cada cual lo suyo. Presente estaba también un VW, símbolo del renacimiento en el Oeste de la posguerra. Todas son piezas que dan testimonio del decurso histórico de aquel país, de sus innumerables aportes al progreso humano y de su abismal caída por obra y desgracia del nacionalsocialismo.

Sin embargo lo más edificante fueron las imágenes en video de la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, cuyo vigésimo quinto aniversario se celebró el año pasado. Estaban a la entrada de la exposición sobre una pancarta en forma del mapa de Alemania unificada con la consigna Wir sind ein Volk, Somos un pueblo. El cartel fue hecho por uno de los muchos manifestantes que salieron a las calles de Berlín Oriental para reclamar el fin de la división de las dos Alemanias.

Wir sind ein Volk

Las imágenes son una conmovedora demostración del poder de los pueblos para vencer a las tiranías. Una corriente humana incontenible pasaba arrolladora por las barreras que los guardias fronterizos eran incapaces de cerrar. Así, en el jolgorio colectivo, quedaban anuladas las prohibiciones y la separación. El represivo régimen de la RDA, privado de dos de sus armas esenciales, tendría a partir de entonces las horas contadas.

Ante ese espejo, la evocación de Cuba fue ineludible. Por obvias razones pero, sobre todo, porque los de la Isla y los de la diáspora seguimos siendo también un solo pueblo. Aunque durante 50 y tantos años se hayan empeñado en hacernos sentir lo contrario.

Oswaldo Payá, el hombre que puso en jaque a Fidel Castro

Oswaldo Payá (1952-2012) – Foto AP

Oswaldo Payá, líder del opositor Movimiento Cristiano Liberación, murió en un accidente de tránsito ayer en Cuba en circunstancias que necesitan ser esclarecidas. En este caso no basta decir que “el chofer perdió el control del vehículo”, como anuncian los funcionarios del gobierno. Según la hija de Payá, el auto en que viajaban su padre y acompañantes fue embestido varias veces.

La causa de la democracia y los derechos humanos en Cuba ha perdido uno de sus más firmes abanderados. Desde hace más de dos décadas Payá luchaba por una sociedad más libre e incluyente sufriendo muchas veces los ataques de turbas oficialistas que cubrían la fachada de su casa con insultos.

El mérito de Payá consiste en haber logrado coordinar una iniciativa pacífica por el cambio en Cuba, el Proyecto Varela, que tomó al gobierno por sorpresa en 2002. Bajo el manto de la actual Constitución, Payá y sus seguidores recogieron más de 11 mil firmas en demanda de un plebiscito para que los cubanos se pronunciaran sobre libertades cívicas, una amnistía de los presos políticos y elecciones multipartidistas. Fidel Castro se vio en la necesidad de convocar a un referéndum para declarar el socialismo como sistema “único e irreversible”.

El éxito en la recogida de firmas por parte de los activistas del Movimiento Cristiano Liberación demostraba una valentía y una organización que el gobierno no estaba dispuesto en tolerar. No es extraño que muchos de ellos terminaran en la cárcel durante la ola de arrestos de marzo de 2003. Payá no fue a prisión quizás por ser una figura demasiado conocida fuera del país. Sin embargo, su organización quedó diezmada. Iniciativas posteriores como el Proyecto Heredia y El Camino del Pueblo han tenido menor resonancia que el Proyecto Varela.

Duele la muerte a destiempo de un hombre que hizo tanto por la reconciliación de los cubanos y que habría jugado un importante papel en esa Cuba democrática que sigue siendo, para nuestro mal, la más escurridiza de las entelequias.

Gracias, Oswaldo Payá, por tu dignidad y coraje.

Que Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos

El Papa Benedicto XVI acaba de terminar su visita a Cuba. Al partir nos dejó frases memorables en un discurso memorable. Si su antecesor, el venerado Juan Pablo II dijo “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, el Pontífice sella tres días en nuestro país expresando el deseo de que “Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad”. El Papa también pidió que nadie se vea impedido de construir una sociedad abierta y reconciliada por verse privado de sus libertades fundamentales.

Después de estas inequívocas palabras solo los ignorantes o los cortos de entendimiento pueden alegar que el Papa fue manipulado.

Por su importancia, reproduzco aquí el discurso.

Señor Presidente,
Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Señoras y Señores,
Amigos todos,

Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza. También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte – Él vive – y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza»

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.

Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión al ministerio sacerdotal y la vida consagrada. Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.

El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.

Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.

La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.

A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.

¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

La reafirmación de la intolerancia y la exclusión

“Cuando no lo hacen a la entrada, lo hacen a la salida”. Esta es una de las frases con las que en Cuba se manifiesta el menosprecio hacia nuestros conciudadanos negros por su supuesta incapacidad para comportarse apropiadamente en público. Sacando la expresión de su contexto racista, esta podría aplicarse al gobierno cubano durante la actual visita del Papa a la Isla.

Tal como esperábamos, Benedicto XVI nos ha instado a la concordia y la reconciliación necesarias para el progreso que anhelamos. Sin embargo, desde el mismo momento de su arribo, las palabras de los gobernantes han sido como un balde de agua fría ante los llamados del pontífice. Raúl Castro lo recibió con un discurso nada nuevo en el que repitió las consabidas posiciones oficialistas sobre el país víctima de la agresión de Estados Unidos y los éxitos del trabajo social de la Revolución. La retórica del actual presidente sonó paladinamente falsa cuando afirmó que su gobierno había hecho valer la máxima martiana de “con todos y para el bien de todos”. Poco después, en la misa de Santiago se retomó la frase para pedirle a Dios que las autoridades gobernaran sin exclusión. Como para neutralizar cualquier expectativa, el Vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, aclaró en conferencia de prensa que las reformas del sistema no serán políticas. Es decir, lo que nos había dicho Raúl en la Conferencia del Partido Comunista en enero de este año: en Cuba no se permitirán otros partidos que el suyo.

La confirmación del credo castrista parece ser la única reacción a mano para contrarrestar lo que a oídos de los gobernantes debe interpretarse como un desafío a su régimen de ordeno y mando. Lo peor, sin embargo, no ha sido que muestren su nula disposición a construir la sociedad abierta y renovada a la que nos convoca el pontífice sino que, sin empacho alguno, continúen recurriendo a la violencia para silenciar a sus críticos. El incidente en que un joven fue golpeado por gritar consignas antigubernamentales antes de la misa de Santiago reveló al mundo lo que bien sabemos los cubanos. Cuando se trate de acallar al contrario, el arsenal de la represión en Cuba seguirá contando también con arrestos, intimidación y hasta el bloqueo de teléfonos celulares, como hemos visto antes y durante la visita del Papa.

El grupo gobernante tiene una oportunidad para iniciar una transición pacífica hacia un sistema democrático que evite los peligros de un colapso del que implantaron en Cuba. Su ceguera y egoísmo es tal que prefieren no hacer nada antes que perder la más mínima cuota de poder. Tal parece que en este caso, y por naturaleza, no lo harán ni a su salida.

Liberado José Daniel Ferrer

Poco después de publicar la entrada anterior, me entero de la liberación de José Daniel Ferrer. Según él, fue detenido violentamente y pasó tres días en huelga de hambre.

Es una buena noticia que lo hayan liberado. Lamentablemente sobre él y el resto de los opositores cubanos pende la amenaza de la cárcel mientras existan leyes represivas.

¿Dónde está José Daniel Ferrer?


A todo aquel que crea en la Libertad debiera preocuparle la suerte de José Daniel Ferrer, un activista opositor cubano detenido en La Habana el 21 de febrero y, hasta ahora, en paradero desconocido. Amnistía Internacional y la Organización Mundial contra la Tortura han hecho llamados de urgencia para que se le ponga en libertad. Por ahora el gobierno de Cuba se hace el desentendido.

Ferrer es uno de los presos de conciencia excarcelados en 2011 tras gestiones de la Iglesia Católica. El fue uno de los pocos que decidieron quedarse en la Isla. En lugar de mantenerse en silencio, José Daniel continuó lo que considera como un deber: la constante denuncia de la represión en el oriente del país y la coordinación de protestas, siempre pacíficas, a través de su Unión Patriótica de Cuba.

El dirigente opositor ha estado desde hace mucho en la mira del Ministerio del Interior cubano. Recientemente uno de los escribanos asalariados del oficialismo no ahorró insultos para denigrar a Ferrer, a quien incluso sindicó como responsable de la muerte de Wilman Aguilar Mendoza. Por supuesto, nadie que conozca la forma de actuar del régimen cubano se cree tan repugnantes invectivas.

La culpa de José Daniel es haber desafiado a las autoridades cubanas por hacer valer el derecho a militar en el partido de su elección. Por ello está en peligro de regresar a la cárcel para continuar purgando una arbitraria condena de 25 años.

Así y todo le disgusta al gobierno de Cuba que le llamen dictadura.

Dilma y los derechos humanos


Dilma Roussef entró como una suerte de enigma en el Palacio de Planalto el primero de enero de 2011. La pregunta que muchos se hacían entonces era ¿cuán diferente sería como presidenta de su antecesor y padrino político Luiz Inácio da Silva en la arena internacional? Hoy, a trece meses de gestión, si hay algo que la distingue de Lula es su alejamiento de Irán, sobre todo por las violaciones de los derechos humanos en aquel país. Sin embargo, su sensibilidad en este aspecto tiene límites, como se evidenció en su reciente viaje a Cuba.

Consciente de la polémica que esperaba a la Roussef, su canciller, Antonio de Aguiar Patriota, señaló antes de la visita que la situación de los derechos humanos en Cuba no es urgente. Con el escenario preparado, la mandataria hizo al llegar a La Habana unas declaraciones en las que evitó referirse al caso cubano. En su lugar, Dilma manifestó que el tema debe verse desde una perspectiva multilateral y añadió que ningún país del mundo está libre de culpa. Y recurrió a la metáfora: “el que tira la primera piedra, tiene techo de vidrio”.

El cuidado de la presidenta en no aludir a Cuba contrastó con su mención de Estados Unidos y de su base naval en Guantánamo. El diario brasileño O Estado de Sao Paulo lo juzga como una torpeza. Según este influyente medio de prensa, Dilma no lanzó una piedra pero sí un torpedo contra los norteamericanos. Desacierto verbal o no, las palabras de Roussef no deben juzgarse a la ligera: ellas reflejan la posición de un país que por su economía hoy emerge como una potencia regional.

Era iluso esperar que Dilma se reuniera con los disidentes cubanos o que incluso se solidarizara de lejos con ellos, aunque fuera enfatizando su compromiso con el respeto de los derechos humanos en todo el mundo. El guiño que esperaba la bloguera Yoani Sánchez fue en otra dirección, a los gobernantes de Cuba. La presidenta brasileña simplemente se hizo eco de los argumentos del gobierno de los Castros que, ante las críticas por la falta de libertades en Cuba, responde con contracusaciones sobre los problemas de derechos humanos en otros países.

La filiación política de Dilma es determinante en su actitud hacia Cuba. El gobernante Partido de los Trabajadores, el PT, nunca ha escondido su cercanía con el gobierno cubano. En lo que atañe a la Isla, la izquierda latinoamericana de la que el PT es parte, no puede ver más allá del diferendo con Estados Unidos. Añádase que la presidenta no parece contar en su entorno con alguien que le ayude a despojar el asunto de su carga ideológica, al contrario. La Secretaria de Derechos Humanos, Maria do Rosário, una ex militante del Partido Comunista, habría declarado que el problema de Cuba es el embargo norteamericano.

Dilma tuvo también un poderoso motivo para no decir nada que molestara a sus anfitriones: fue a hacer negocios. Las empresas brasileñas, en expansión por el mundo, ven a Cuba como un potencial generador de ganancias. Lo refleja el hecho de que el comercio entre los dos países va en aumento.

La presidenta de Brasil sentenció en La Habana que los derechos humanos no deben convertirse en una arma de combate político-ideológico. ¿Habrá alguien que le diga que tampoco deberían ser sacrificados por prejuicios ideológicos o intereses comerciales?

¿Cuántos más como Wilman Villar y Orlando Zapata?

Los hechos que llevaron a la muerte del disidente Wilman Villar Mendoza en huelga de hambre de 50 días han sido documentados en un video dado a conocer en varias páginas de internet. Dos personas que lo conocieron bien, su viuda y el opositor José Daniel Ferrer, desmienten la versión del gobierno, según la cual Wilman era un delincuente común que no murió a consecuencia de un ayuno de protesta.

Las Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional hizo un llamado para que se le permita investigar las circunstancias en que falleció Wilman. Como era de esperar, el pedido ha caído en oídos sordos: ninguna indagación independiente será posible porque las autoridades no tienen ningún interés en que se conozca más sobre los maltratos en las cárceles de Cuba.

Que Wilman haya muerto demuestra que el régimen no aprendió la lección con el fallecimiento de Zapata hace casi dos años. Lo más probable es que tampoco ahora cambie sus métodos de lidiar con presos en rebeldía. Otros cubanos pueden correr la suerte de Wilman y de Zapata.

Debe ser labor de quienes nos decimos interesados en el bien de Cuba recordarle a sus gobernantes en cuanto foro internacional sea apropiado que los dos casos no están cerrados. Esa es quizás la única forma de evitar que otros compatriotas tengan el mismo fin.

La muerte de Wilman Vilar Mendoza

El gobierno de Cuba tiene en su haber un muerto más. Se llama Wilman Vilar Mendoza y murió ayer en un hospital del oriente del país como resultado de una huelga de hambre, su único recurso para protestar contra una condena a cuatro años de cárcel. El delito había sido organizar una manifestación en Contramaestre, un pueblucho que es muestra del abandono y la falta de oportunidades que se hacen más evidentes en el interior de la isla.

Con Wilman, el régimen quiso dar un escarmiento. Su mensaje a los opositores fue que castigaría las expresiones de descontento en público. Sin embargo, los gobernantes cubanos no contaban con un nuevo Orlando Zapata.

El fallecimiento de Zapata en febrero de 2010 tuvo un alto costo para el gobierno, que vio deteriorarse aun más su imagen en el extranjero. Consciente de ello, Raúl Castro vio la conveniencia de liberar a decenas de presos políticos meses después.

El régimen intenta neutralizar ya los efectos negativos de la muerte del disidente. Sus servidores no perdieron tiempo en denigrarlo, presentándolo como un delincuente común. Es el mismo guión que aplicaron en el caso de Zapata. Es probable entonces que en algún momento propongan a la viuda de Villar Mendoza que abandone el país, como hicieron con la madre de Zapata y otros familiares.

Wilman murió cuando desde el poder se intenta propagar la idea de que Cuba cambia para mejor.Más embarazoso para el gobierno aun es que haya perdido la vida a casi dos meses del viaje del Papa a la isla.Como es de suponer, en los cálculos de Raúl Castro debe estar que la visita de Benedicto XVI contribuya a darle al país un aura de normalidad a nivel internacional. El disidente muerto hace ya lo contrario.

Vaclav Havel y Kim Jong-il, en sus palabras

Vaclav Havel y Kim Jong-il murieron este fin de semana. Uno es antítesis del otro: el checo fue un liberador sin ínfulas; el coreano, un dictador sin recato. Dos contemporáneos que dejan huella en nuestra época.

¿Qué mejor para explicarlos que sus propias palabras?

Vaclav Havel

– La vida no puede ser destruida a perpetuidad como tampoco se puede detener la historia por completo. (Carta abierta al Secretario General del Partido Comunista Gustav Husák, 1975).

– Si todos los días un hombre cumple las órdenes de un superior incompetente, si todos los días realiza solemnemente los actos rituales que en privado halla ridículos, si responde en cuestionarios contra sus opiniones reales y está dispuesto a negarse a sí mismo en público, si no le resulta difícil simular simpatías o incluso afecto cuando en realidad siente indiferencia o aversión, no implica necesariamente que haya perdido por completo el uso de uno de los sentimientos humanos básicos, el de la humillación. (Carta a Gustav Husák, 1975).

– Uno no se hace “disidente” solo porque decide un día seguir esa carrera tan inusual. Uno se lanza a ella por el propio sentido de la responsabilidad combinado con un compleja serie de circunstancias externas. A uno lo expulsan de las estructuras existentes y lo colocan en una posición de conflicto con ellas. Comienza con un intento de hacer bien su trabajo y termina con un rótulo de enemigo de la sociedad. (El poder de los sin poder, 1978)

– El ejercicio del poder es determinado por miles de interacciones entre el mundo de los poderosos y el de los sin poder, tanto más porque estos mundos no están divididos por una clara línea: todos tienen una pequeña parte de sí mismo en ambos. (Perturbando la Paz: Una conversación con Karel Hvizdala, 1986)

– El régimen anterior, armado de su ideología arrogante e intolerante, redujo el hombre a fuerza de producción y la naturaleza a medio de producción. Al hacerlo, atacó tanto su esencia como la relación entre ambos. Convirtió gente talentosa e independiente que trabajaba con destreza en su propio país en tuercas y tornillos de una máquina monstruosamente gigantesca, ruidosa y maloliente cuyo verdadero propósito no le estaba claro a nadie. (Discurso de Año Nuevo a la Nación, 1990)

– Todos nos acostumbramos al sistema totalitario y lo aceptamos como una realidad inalterable. Así ayudamos a perpetuarlo. En otras palabras, todos somos, aunque en diferente medida, responsables del funcionamiento de la máquina totalitaria. Ninguno de nosotros es solo víctima. Todos somos sus co-creadores. (Discurso de Año Nuevo a la Nación, 1990)

Kim Jong Il

– Un hombre que teme las pruebas y las dificultades no puede llegar a ser revolucionario. Tiene que templarse en la ardua lucha desde su juventud para ser un revolucionario de espíritu infatigable y combatiente. Como dice el refrán, la formación temprana vale más que la formación tardía.

– El Líder, el Partido y las masas forman una comunidad en que comparten el destino, la vida y el riesgo de la muerte.

– Para la revolución el líder es el cerebro, el partido su Estado Mayor y las masas populares sus artífices.

– Cuando hay un gran líder, un gran partido y una genuina patria, brilla la nación, lo mismo que el destino y honor de cada uno de sus integrantes.

– Pensar en la victoria de una revolución sin líder, es pensar en una flor sin sol.

– Las masas que no son dirigidas por un líder inteligente son iguales a un cuerpo sin cerebro.

– Si el líder no tiene convicción y voluntad inconmovibles, el pueblo vacila y entonces se hace imposible salvaguardar la revolución.

– Nuestro Partido es como una genuina madre que orienta y atiende al pueblo con la política de amor y confianza, política de virtudes.

– Si se trabaja bien con el hombre se puede derribar un monte y secar un mar.

– Si en este mundo existe un ser omnisciente y omnipotente, ese es precisamente las masas populares.

– Los talentos se encuentran entre las masas.

– La solución ingeniosa de los problemas pendientes reside en la mente de las masas.

– Quien se mueve por la mente ajena y baila al compás de otros es un pobre servidor político.

– El movimiento socialista es un gran movimiento de las masas populares para crear un nuevo mundo independiente.

– El socialismo pertenece al pueblo. Traicionarlo es traicionar al pueblo.

– La degeneración del socialismo es de carácter clasista.

– Donde hay lucha existe vida y donde vida existe deben haber emociones y romanticismo.

– Una gran ideología acarrea una gran época.

– Tal como en un charco se multiplican los microbios,es inevitable que en un lugar sin control se propaguen ideas caducas de toda índole.

– Vivir con albedrío no es libertad, sino libertinaje.

– Lo que aplauden los enemigos, ya significa que está degenerado.

– El funcionario reconocido como bonachón es un remolón en el trabajo.

– El pitido de la locomotora es la respiración y el latido de la Patria.

– Al enemigo hay que matar primero con la cabeza y luego con el fusil.

(De Frases célebres de Kim Jong-il, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pyongyang 2008)

En un campo de muerte del jemer rojo

Los carteles publicitarios pueblan la carretera que va de Phnom Penh a Choeung Ek. Anuncian bebidas, cigarrillos, candidatos a puestos públicos. Tiendas, mercados, cafés, pagodas pasan en sucesión frente a la ventanilla del taxi que se mueve en un tráfico sin tregua, asiático. Trato de aliviar mi ansiedad por lo que voy a ver. Pienso en la Camboya de hoy, tan diferente de la que querían construir Pol Pot y su banda de asesinos. Tarde o temprano el mal pierde, me digo. Miro a los niños y jóvenes para los que los campos de exterminio del jemer rojo son, si acaso, un horror de una era lejana aunque solo fue hace 32 años.

La inquietud, que nunca me dejó, se hace más perceptible a medida que nos acercamos. El auto vira hacia la antigua huerta y cementerio de la comunidad china convertido en matadero, en un Seol. Pienso en las decenas de miles de seres humanos, dicen que diecisiete mil, que condujeron por aquí a una muerte horrible. Los restos de algunos de ellos, calaveras y tibias, descansan como reliquias en esa estupa que ya se divisa.

Descalzos, como se nos pide, damos la vuelta a la estupa. Intento una oración en silencio que mal sale. ¿Paz? La muerte aquí es dueña. Flota perenne sobre ese terreno del que salen todavía huesos y jirones de ropa de las víctimas. El árbol en el que, según dicen, destrozaban los cráneos de los niños todavía se alza allí. Caminamos entre las tumbas colectivas evitando pisar todo lo que nos pareciera haber sido parte de un ser humano.

Dejamos Choeung Ek después de casi dos horas para hacer el camino inverso de los condenados. Nos dirigimos a la antigua cárcel S 21, hoy Museo del Genocidio Tuol Sleng, una escuela secundaria convertida en centro de tortura y antesala del infierno de Choeung Ek.

En las antiguas aulas se exhiben las herramientas de tormento y fotos de los que iban a morir, tomadas por los verdugos. Son miradas de espanto y resignación. Algunas son, incluso, desafiantes. Una en especial me conmueve, la de una mujer con una bebé en brazos. Era al parecer la esposa de un funcionario que cayó en desgracia. La imagen viene con una fecha, 14 de mayo de 1978. Pienso en la muerte de la madre y su hija en el campo de exterminio que acabamos de visitar. La niña de haber vivido tendría hoy la edad de mi compañero.

La justicia ha demorado demasiado para los casi dos millones de muertos. Los vietnamitas pusieron fin a la barbarie en 1979 pero desde entonces solo uno de los responsables, Kaing Guek Eav, ha sido condenado por sus crímenes. Eav, conocido como Camarada Duch y quien era el director de la prisión S 21, cumple una pena de 35 años de cárcel, reducida a 19 años.

El juicio de otros tres comenzó hoy. Son el repulsivo Nuon Chea alias Hermano Número Dos, el ex jefe de estado de la llamada Kampuchea Democrática, Khieu Samphan y su ministro de Relaciones Exteriores, Ieng Sary. Se les acusa de genocidio y crímenes contra la humanidad. Sin embargo, cualquier castigo que se imponga a estos octogenarios, nada arrepentidos al parecer, será casi simbólico: por su edad nunca llegarán a purgar del todo sus condenas.

La justicia nunca estará completa. Pol Pot, quien ideó y presidió aquella sangrienta utopía comunista, murió en 1998 sin haberse sentado ante un tribunal. Es poco probable que los miles o decenas de miles de camboyanos que mataron o torturaron siguiendo sus órdenes tampoco vayan a juicio.


En Choeung Ek





Laura Pollán no descansará en paz

Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, murió hace unas horas de un paro cardíaco en La Habana. Un agresivo virus hizo estragos en sus pulmones. Por si fuera poco, el dengue, que al parecer recorre la isla en estos días ante el silencio de las autoridades, quebrantó aun más su salud. Fue demasiado para una diabética e hipertensa de 63 años.

Durante ocho largos años, Laura se atrevió a desafiar a un régimen que infunde miedo entre los cubanos. La impelía, más que nada, lograr la libertad de su esposo, Héctor Maseda, uno de los disidentes arrestados y condenados a largas penas de cárcel en la Primavera Negra de 2003. Sin embargo, el regreso de Héctor el año pasado no mitigó su compromiso con la causa de los derechos humanos. Es así que rechazó el exilio y se propuso continuar exigiendo libertad.

Ni golpes, ni empellones, ni amenazas, ni insultos, ni detenciones, ni campañas de descrédito -algunas de las armas del poder para acallar a sus opositores- hicieron mella en la determinación de Laura. Al contrario, esta profesora de español desempleada mantuvo vivo su movimiento de mujeres que, empuñando solo gladiolos, siguieron marchando en silencio después de misa cada domingo.

Laura ya no tendrá que sufrir las consecuencias de su oposición a un gobierno dictatorial. Sin embargo, tengo la impresión de que por dejar tanta obra inacabada, y a pesar de nuestros deseos, no descansará en paz. Y tal vez sea mejor así: que no repose en nuestras malas conciencias.

Cuba: un tigre que no cambia sus rayas

Dicen que Cuba cambia. Lentamente pero cambia, aseguran.

La evidencia está a la vista: hay más trabajadores por cuenta propia, más tierras en manos privadas, más libertad religiosa (vigilada, eso sí) y…¿algo más?

Claro, habría podido agregarse que es un país sin presos políticos. El año pasado se abrieron las puertas de las cárceles a decenas de hombres arrestados y condenados a largas penas debido a un ataque de paranoia de Fidel Castro en 2003. Sin embargo, no solo se les indujo a abandonar el país sino que a aquel gesto que buscaba mejorar una deteriorada imagen internacional, le han seguido más detenciones y golpizas a quienes se atreven a protestar contra el régimen. De más está decir que no todos los encarcelados por causas políticas salieron de prisión.

En las últimas semanas, las fuerzas de choque del gobierno han estado particularmente atareadas en la represión de opositores, sobre todo mujeres. Las Damas de Blanco han sido insultadas con la agresividad verbal que caracteriza a las huestes del régimen para impedirles asistir a una misa. Mucho peor fueron los golpes que recibió Sara Marta Fonseca, una osada activista que exigía libertad y derechos humanos frente a su casa junto a su esposo, hijos y un reducido número de personas. Sara está ingresada en un hospital de La Habana. Otras tres mujeres están detenidas desde el 26 de septiembre.

El gobierno de Raúl Castro parece hacer valer la orden de que las calles son suyas. Ni siquiera un milímetro de espacio público para expresar una opinión contraria. Eso que en cualquier país democrático no es materia de discusión. No es difícil ver el porqué de este obstinado monopolio: el temor a que otros, esos tradicionalmente callados y ovejunos, ventilen sus múltiples frustraciones. El régimen nunca pecará de bobo.

No hay que hacerse ilusiones con Cuba. No habrá libertades ni derechos humanos con el actual gobierno que no quiere ni puede despojarse de su esencia autoritaria. Como el tigre que no cambia sus rayas.

La próxima vez que alguien me pregunte si Cuba cambia…

Gays en el Prado: el valor de un gesto

Foto del blog Fotos desde Cuba

A quien conozca, por haberlo vivido, el celo con el que el régimen cubano monopoliza y vigila los espacios públicos, no puede pasar desapercibido lo que sucedió en la tarde del martes 28 de junio en el habanero Paseo del Prado. Ese día, un reducido grupo de homosexuales cubanos, que pertenecen a una organización no reconocida por el gobierno, marcharon por el centro de la avenida para reivindicar sus derechos, tal como hacen sus pares en buena parte del mundo por esta época del año.

Con una gran dosis de osadía, los activistas del Observatorio Cubano de los Derechos LGTB (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) cumplieron con su promesa de realizar el acto sin la sanción oficial. Hasta ahora los únicos desfiles de “Orgullo Gay” autorizados son los organizados por el Centro Nacional de Educación Sexual, el CENESEX, que dirige Mariela Castro, hija del actual presidente. Tan aceptadas por las autoridades son estas celebraciones que hasta el mismo presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, se ha hecho presente en ellas.

En los foros de la blogósfera cubana, mentes malintencionadas restaron importancia a la caminata del Observatorio de los Derechos LGTB: que la asistencia fue mínima (“cuatro gatos”), que no había pancartas en pro de los derechos humanos, que no todos eran gays y otros supuestos deméritos.

Es cierto que no debe sobredimensionarse lo que no fue más que una marcha relativamente breve, vista por un número insignificante de personas, a muchas de las cuales quizás no llegó el mensaje dado el desconocimiento de la mayoría de la población cubana de los símbolos de la comunidad homosexual como la bandera del arco iris.

Lo de Prado fue, más que nada, un gesto significativo. Fue un desafío a un poder obsesionado por impedir cualquier manifestación pública que no esté bajo su control. Fue también un reto a quienes desde el oficialismo usan la causa de los derechos homosexuales para apoyar al régimen.

Al desvincularse de la política, la marcha del Observatorio Cubano de los Derechos LGTB tiene una legitimidad que estuvo en falta en la celebración del Día contra la Homofobia en La Habana en mayo pasado. En esa ocasión, algunos homosexuales y travestis desfilaron con retratos de Fidel y Raúl Castro y pancartas pidiendo la liberación de los cinco espías cubanos que cumplen penas de cárcel en Estados Unidos. El Día contra la Homofobia es organizado por el CENESEX de Mariela Castro, que comete un error al politizar tanto su trabajo.

Es imposible predecir si habrá otras marchas en el futuro que no cuenten con el aval de las autoridades. De todas formas, los gays y lesbianas que caminaron valientemente por Prado a la vista de la policía le abrieron, aunque sea por poco tiempo, una brecha a la dictadura.

Dos representantes del Observatorio Cubano de los Derechos LGTB en diálogo con Reynaldo Escobar.

Razones Ciudadanas 6 from Yoani Sanchez on Vimeo.

“Progreso limitado” de Cuba en derechos humanos, según gobierno británico


El funcionario encargado de derechos humanos del gobierno de Gran Bretaña, Jeremy Browne, respondió a preguntas que un compatriota cubano, Ernesto Bravo y yo le hicimos, a raíz de la reciente publicación de un informe anual sobre países que “preocupan” en esa materia. (Ver Cuba, “country of concern”)

El diputado Browne, que tiene el rango de viceministro en el Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores), señaló que en Cuba se ha registrado una ligera mejoría de los derechos humanos con la liberación de presos políticos aunque advirtió que debe hacerse mucho más.

El video con las respuestas del viceministro Browne, al final de esta entrada. Nuestras preguntas se encuentran en esta página del Foreign Office.


¿Por qué no prestó atención antes el Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores) a la falta de progreso en el respeto de los derechos humanos en Cuba?
(a aproximadamente 4 minutos de video)

Debo decir en defensa propia que la primera vez que Cuba apareció en nuestro informe sobre derechos humanos fue en 2003. Cuba es un país que sigue preocupándonos. Es justo reconocer que en Cuba ha habido un progreso limitado en el último año; ha habido liberaciones de presos. Esto es algo que en Gran Bretaña recibimos con beneplácito pero no quiero exagerar ese progreso. Falta mucho por hacer en Cuba; todavía hay severas restricciones o violaciones de los derechos humanos. Cuba nos sigue preocupando mucho. Tienen que mejorar todavía. La leve mejoría (en derechos humanos) es bienvenida pero no es suficiente.

¿Hay pruebas de que criticar a países de forma pública es la mejor estrategia para lograr que los gobiernos respeten los derechos humanos? (a un minuto y 13 segundos de video)

El informe anual sobre derechos humanos, aunque es importante para el Foreign Office, no es lo único que hacemos en cuanto a derechos humanos. Lejos de eso. El informe es nuestra guía de trabajo; sienta la pauta para el resto del año e identifica nuestras principales preocupaciones. Es importante que mostremos a la luz pública aquellas áreas que nos inquietan y en las que queremos un cambio. Eso no significa que no hablemos en privado con gobiernos y otras organizaciones; que no tengamos eventos durante el año o diferentes formas de abordar el respeto de los derechos humanos en todo el mundo.

Es una pena que el viceministro Browne no respondiera una de mis preguntas, la que tiene que ver con la autoridad moral del Reino Unido para publicar este tipo de informes. Uno de los argumentos de los defensores del gobierno de Cuba es precisamente que los países que integran la Unión Europea no pueden fiscalizar el cumplimiento de los derechos humanos en la Isla por infringirlos ellos mismos. Para sustentantarlo, mencionan el trato a los inmigrantes, el desempleo y la participación en las guerras de Afganistán e Irak, en el caso de los británicos.

Además de derechos humanos, el viceministro Browne, atiende las relaciones con los países del sureste de Asia y el Lejano Oriente, el Caribe, Centro y Sudamérica y la cuenca del Pacífico.

Por la libertad de Ai Weiwei


El reconocido artista y disidente chino Ai Weiwei continúa bajo arresto. Según la agencia Xinhua, las autoridades investigan a Ai Weiwei por supuestos delitos económicos. La realidad es que este hombre de 53 años es una piedra en el zapato para los jerarcas del gobernante Partido Comunista.

Cuatro prestigiosas instituciones culturales (el Museo Guggenheim, la Galería Tate Modern de Londres, el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Instituto de Arte de Chicago) recogen firmas para que Ai Weiwei sea puesto en libertad de inmediato.

Hasta hoy más de 17 mil personas hemos respondido a la iniciativa.

No hay nada que perder y mucho por ganar añadiendo su nombre a esta petición.

Hu Jintao se cura en salud

Del manojo de dictaduras que queda en el mundo, la de China es particularmente arbitraria, brutal y bruta, cuando se trata de prevenir la más mínima expresión de descontento.

Su última fechoría es la detención de decenas de disidentes e inconformes, entre los que destaca Ai Weiwei, un artista de renombre internacional que colaboró en el diseño del estadio olímpico de Pekín. De él he hablado antes en este blog.

Ai Weiwei fue arrestado hace más de 36 horas cuando se disponía a embarcarse en un vuelo a Hong Kong. Un día antes se le había prohibido salir del país. Todavía se desconoce su paradero.

El gobierno chino tiene un miedo irrefrenable a que surja un movimiento de protestas similar a los del Medio Oriente. Es por eso que detiene, incomunica y encarcela sin el mínimo pudor. No importa que sean pocos; es mucho lo que está en juego.

En esta ocasión, el régimen parece haber ordenado la búsqueda y captura de quienes convocaron en internet a los chinos a manifestarse pacíficamente en febrero pasado. Los organizadores de las protestas pretendían que fueran el comienzo de una “revolución de jazmín”. Para impedirlo, la policía invadió literalmente las calles de Pekín y Shangai donde estas debían realizarse.

Hu Jintao, el actual presidente y secretario general del Partido Comunista, prefiere mantener en política el puño cerrado. En su forma de ver las cosas, las libertades individuales no pueden poner en peligro la estabilidad del sistema. Sabe, que aunque la mayoría de los chinos no conoce a los disidentes, hay suficientes motivos para protestar: el desempleo, la brecha entre ricos y pobres, la casi inexistente seguridad social, la corrupción, el viciado sistema judicial, por solo mencionar algunos problemas a lo largo y ancho del país.

Hu aplica un remedio preventivo. Como hombre inteligente que es debiera saber que su cura tiene un alcance limitado: el disenso continuará mientras China niegue los derechos de sus ciudadanos.

Ver: Ai Weiwei, las causas de un rebelde

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