Juzgar a Fidel

A Fidel Castro le hemos extendido el certificado de defunción política demasiado rápido. Admitamos que el hombre que gobernó a Cuba cual monarca absoluto durante más de medio siglo, es hoy más que cenizas y recuerdos: el modelo de país que creó a su imagen y semejanza sigue en pie con algunos cambios y no hay señales de que vaya a ser sustituido ni a corto ni a mediano plazo.

Con obra vigente y fidelatría exacerbada, se impone hacer memoria porque, entre las reacciones a la muerte de Castro, está la de aquellos que se inhiben de hacer juicio y prefieren que juzgue la Historia. Como si el decurso del tiempo pudiera decirnos algo nuevo que todavía no sepamos y aportara algo que incline la balanza a favor o contra. Tal incapacidad pudiera ser comprensible en un extranjero por desconocimiento pero en un cubano suena tremendamente falsa, a menos que padezca de amnesia o conveniente ignorancia.

Juzgar al muerto es posible hoy porque Fidel puede contarse en millones de historias personales. La mía ciertamente no tiene nada de extraordinaria, comparada a la de otros que perdieron la vida, sufrieron cárcel o fueron despojados arbitrariamente del fruto de su trabajo pero algo me tocó de cerca. Yo simplemente soy un cubano más a los que el castrismo quiso convertir a su culto sin lograrlo.

A los cinco años, ya sabía quién era Fidel Castro. Uno de los libros con los que aprendí a leer tenía en su última página la imagen de un barbudo vistiendo uniforme verde olivo en medio de montañas.  Como a todos los niños de mi generación y las que seguirían, la escuela se dedicó a inculcarme la idea de que Castro era una especie de mesías que había rescatado a Cuba de un tirano sangriento, títere de Estados Unidos, para llevarla a un paraíso en el que todos éramos iguales.

Me habitué a crecer con un hombre que todo lo invadía. Entraba en las casas con sus interminables discursos, de los que a veces no había forma de escapar: algún fanático simpatizante hacía retumbar el vecindario con el televisor o la radio a todo volumen. Lo glorificaban diarios y revistas. Vivía en las consignas escritas en lugares públicos.

Sin embargo, crecí bastante inmune a la fidelización del país. En mi familia tenía el antídoto o los antídotos. Mi abuelo era un desilusionado de la causa revolucionaria. El, liberal y masón, había apoyado al Movimiento 26 de Julio con la esperanza de ver a Cuba retornar a la democracia. En su lugar, vio a su héroe asumir poderes dictatoriales y declararse comunista.

Mi padre había sufrido de la aversión del régimen al emprendedor. Se había construido una carpintería con préstamos bancarios acogiéndose a la política del gobierno de propiciar la pequeña empresa durante sus primeros años. Una vez que prosperó y pagó puntualmente el empréstito, lo perdió todo durante las últimas confiscaciones de negocios privados a finales de los sesenta. “Vinieron como hormigas y cargaron no solo con las máquinas. Se llevaron hasta cables y bombillos”, me contó mi madre. Y no paró ahí su mala hora:  en un intento de “reeducarlo”, fue enviado a cortar caña lejos de la familia durante más de un mes. Después, subsistiría haciendo trabajitos aquí y allá hasta entrada su vejez.

Mi madre tenía motivos para no simpatizar con la Revolución. Uno de sus hermanos había muerto en el bando contrario. Había visto irse del país a mi abuela a la que nunca volvió a ver y a la mayoría de sus hermanas. Del régimen reconocía como positivo el acceso gratuito a la educación y los servicios de salud pero detestaba todo lo demás, en especial el hostigamiento a los creyentes. Maestra de profesión, nunca militó en ninguna de las organizaciones de apoyo al gobierno, incluídos los CDR.

Tengo primos que sufrieron cárcel por intentar salidas ilegales del país. Tengo una tía a la que juzgaron en una plaza pública y condenaron a meses de prisión por intentar ganarse la vida en el mercado negro después de que le impidieran a ella y a su hijo emigrar legalmente a Estados Unidos.

A pesar de tener tantas razones para rechazar al régimen, algo del incesante discurso caló en mi y llegué a aceptar como necesarios sus cambios en la sociedad cubana y su visión de futuro. Eran mis primeros años en la universidad. Sin embargo, pronto la realidad se encargaría de poner fin a mi acercamiento a la causa de Fidel.  La desilusión comenzó con la hipocresía de muchos de los jóvenes comunistas con los que compartía estudios, mediocres estudiantes pero con un carné que les daba ventaja para delatar a otros y así canalizar sus envidias. El sistema era perfecto para ellos. Mi desengaño se hizo mayor al darme cuenta que aquella era una universidad donde la curiosidad intelectual tenía -y tiene- límites. Había temas innombrables como el Caso Padilla y solo mencionarlos levantaba sospechas.

Poco antes de los sucesos en la embajada del Perú en 1980, el omnipresente Fidel fijó su atención precisamente en las universidades del país. Alarmado por la influencia que podrían tener las primeras visitas masivas de emigrados cubanos en la sociedad en general y particularmente entre los jóvenes, declaró que “la universidad es para los revolucionarios”. Así, desató una fea cacería de brujas en la que todo aquel que estuviera desviado del dogma o se percibiera como tal fue expulsado o castigado de alguna forma. Los aprovechados tenían rienda suelta. Yo mismo fui víctima de aquella persecución. Lo he contado ya en este blog y no vale la pena volver sobre ello.

En todo caso, semanas después, comenzarían los maltratos y la humillación a los cubanos que le habían tomado la palabra al Máximo Líder para emigrar durante el éxodo del Mariel. Fueron muchos los insultados, hostigados, y en algunos casos agredidos y lesionados solo por disponerse a abandonar la Isla.

Desde entonces, como tantos jóvenes, dejé de ver mi futuro en un país bajo el dominio de un hombre que, con tal de mantener el poder absoluto no tenía reparos en aterrorizar e instigar a la violencia. Un día salí de Cuba. Atrás dejé los abusos del poder, la intolerancia y la exclusión, la eterna vigilancia, las delaciones, las carencias provocadas por el pésimo manejo de la economía, el deterioro material y moral y la ubicua presencia de Fidel.

El dictador difunto deja admiradores en Cuba y allende. Porque a Fidel, lo que es de Fidel: entre sus artes estuvo la capacidad de embelesar y el embeleso perdura. Los devotos nacionales tienden a confesarse  deudores por la gratuidad de la educación y la atención sanitaria; los extranjeros lo encomian principalmente por enfrentarse a Estados Unidos y sobrevivir por tanto tiempo. Unos y otros andan ciegos, sordos y mudos ante su funesta herencia en el respeto de los derechos humanos y el rosario de descalabros económicos que han expuesto a los cubanos a una innecesaria pobreza durante décadas. Como si lo que celebran justificara atropellos y carencias.

El fidelato nos marcó y sus efectos se sentirán por largo tiempo. Los que lo vivimos no tenemos que esperar a ningún juicio de la Historia. Nosotros somos la Historia.

Cuba, 56 años sin libertad de prensa

(A propósito del recién pasado Día Mundial de la Libertad de Prensa)

Mi abuelo conservaba todavía en la década de los setenta una nutrida colección de la revista Bohemia de antes y después del triunfo de la Revolución. Guardaba también ejemplares de Carteles, El País y Diario de la Marina. Cuando me permitió verlos, yo los leí como quien se asomaba a otro mundo. Entre otras cosas, siempre le agradeceré haberme mostrado la calidad y variedad de la prensa cubana que desapareció en 1960.

Fue en mayo del segundo año de su gobierno cuando Fidel Castro silenció las últimas voces alternativas en los medios de comunicación. A partir de entonces y durante décadas, el periodismo en Cuba, está atado -y bien atado- al poder. Informar sin la sanción oficial es exponerse a la persecución y hasta la cárcel como ocurrió con decenas de periodistas independientes en 2003 bajo la Ley 88 o Ley Mordaza.

Sin embargo, los cubanos no nos resignamos a vivir sin una prensa independiente. Gracias al valor y la determinación de personas como Yoani Sánchez y Reynaldo Escobar, fundadores del diario digital 14ymedio, el monopolio estatal de la información ha comenzado a resquebrajarse.

Por ahora el régimen parece proponerse limitar el alcance de ese periodismo que no controla. Es probable que su tolerancia de los pocos medios alternativos se deba a que la mayoría de la población cubana no tiene acceso a internet. No hay que descartar tampoco que si lo considerara necesario bloquearía cualquier página digital y montaría procesos judiciales contra los periodistas independientes.

La triste realidad es que Cuba es un país donde el derecho a buscar y difundir información es todavía un riesgo. La Ley 88 sigue vigente. No hay ninguna intención del gobierno de derogarla, como tampoco de abrir espacios a opiniones políticas diferentes en la prensa escrita, la radio y la televisión.

La organización Reporteros sin Fronteras publicó recientemente su informe anual sobre la libertad de prensa en el mundo. No es novedad que la Isla continúe apareciendo en la lista de países donde no se respeta ese derecho fundamental. Lamentablemente todo indica que seguirá en compañía de Arabia Saudita, Irán, China y Vietnam en los años por venir.

Nadie sabe con exactitud cuál será el curso de la historia de Cuba, pero me atrevería a aventurar que volveremos a tener una prensa que reflejará todo el espectro de opiniones políticas. Una prensa que estará comprometida únicamente con la búsqueda y difusión de la verdad, como vieron nuestros padres y abuelos.

Francisco y la eterna espera

Los cubanos no aprendemos de nuestra misma historia y en eso no somos tan inteligentes como pretendemos ser. A casi 57 años de entregarle el país a un hombre para que solucionara los problemas de entonces, seguimos esperando a mesías que nos iluminen y liberen de tantas penas acumuladas.

Durante décadas una buena parte de los alienados por la dictadura mantuvo la esperanza de que algún día Estados Unidos le pusiera fin. Después, con la caída del comunismo en Europa Oriental, preveíamos que el efecto dominó llegara al Caribe. Casi todos esperábamos pero poquísimos hacían. Porque – seamos honestos con nosotros mismos: lo nuestro es pasar, como decía el poeta Antonio Machado, pero pasar esperando.

Frustrados, quisiéramos que cada jefe de estado de país democrático que viaje a Cuba regañe a sus gobernantes y haga gestos públicos de solidaridad con los disidentes. Ese deseo se expresa con mayor vehemencia en las visitas de los papas a la Isla.

En estos días se quiere que en sus homilías Francisco condene explícitamente la represión a los opositores y la falta de libertades en nuestro país aunque se ignora que nada más llegar a La Habana, Bergoglio le recordó a Raúl Castro con palabras de Martí que se acabó el tiempo de las dinastías y los grupos.

Hasta ahora, el Papa ha dicho suficiente a los que tienen mentes para entender: ¿qué son si no sus llamamientos a la concordia, al respeto del diferente y a la construcción de una sociedad sin exclusiones?

Los críticos de Francisco y de los obispos, algunos muy furibundos, deberían volver a la realidad y ver nuestra propia historia. La Iglesia cubana de hoy, que se ha ido recuperando desde aquella perseguida y abandonada por muchos que se decían católicos, está en minoría entre una población políticamente apática y siempre creyente a su manera. Seamos sensatos entonces en lo que exigimos.

El Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998 dijo, citando a Cristo: “no tengan miedo”. Fue la frase que repitió muchas veces en su natal Polonia y que inspiró a millones de sus compatriotas para demandar un cambio. La historia es conocida. En nuestro país solo unos pocos oyeron y terminaron hostigados, cuando no en la cárcel. La mayoría, dentro o fuera, seguimos esperando.

Que no escandalice François Hollande

En estos días se reprocha al presidente francés no haberse reunido con los disidentes en su breve visita a Cuba; se le censura no ser consecuente con sus críticas de ayer al régimen cubano; se le echa en cara que no defendiera los principios en los que dice sustentarse la Francia contemporánea.

Hay algo de razón para ello. Los que esperaban tan siquiera un gesto simbólico de reconocimiento a la Cuba no oficial tendrán que conformarse con la entrega de la Orden de la Legión de Honor a nuestro controvertido cardenal. A los demás, ni un guiño.

No deja de asombrar que alguien que cree en la democracia pueda ignorar a los que quieren que su país se parezca a Francia con elecciones multipartidistas y libertad de prensa y asociación. Pero en la lógica de Hollande y los suyos, si eso es lo que cuesta hacer negocios, que así sea. Porque de eso se trata, hacer negocios, ahora que las puertas de la Isla se abren más al capital extranjero. Por lo tanto, molestar a susceptibles anfitriones habría sido un contrasentido. Les affaires sont les affaires.

París adoptó un enfoque pragmático –algunos dirían oportunista- en sus relaciones con la Isla. El actual inquilino del Elíseo daría por hecho que el sistema político cubano no cambiará. Es así como puede interpretarse su declaración de que “el papel de Francia no es hacer posible que Cuba sea un país como los otros porque nunca será como los otros, sino un país que pueda producir”.

En todo caso, no sería la primera vez que un presidente de Francia dé prioridad a sus intereses económicos en países antidemocráticos. Recordemos que la República Francesa tiene un largo historial de contubernio con dictadores africanos corruptos y violadores de los derechos humanos. Sobran los ejemplos pero quizás el más lamentable de todos fue la estrecha relación del presidente Valéry Giscard d’Estaing con Jean-Bédel Bokassa, el sanguinario y megalómano tirano que llegó a proclamarse emperador de África Central.

¿Por qué esperar que Cuba tenga un trato diferente? Hollande, por lo demás, es de una izquierda que vio y sigue viendo la Isla con un lente rosa. El la considera “símbolo” y “ejemplo de dignidad”. No debiera extrañar entonces que rindiera una visita mucho más que de cortesía al ex presidente cubano.

Quizás un día conoceremos más sobre este viaje a Cuba si Hollande escribe sus memorias cuando ya no sea presidente. Mientras tanto, que no nos escandalice porque ¿cómo culparlo de que crea que el régimen es eterno? ¿Cómo pedirle reconocimiento a una oposición minúscula y dividida? ¿Cómo esperar que abogue por nuestras libertades?

Minarete y media luna…en La Habana

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, declaró horas antes de llegar a Cuba en visita oficial que espera una respuesta de las autoridades cubanas sobre su propuesta de construir una mezquita en La Habana. El mandatario añadió que Arabia Saudita había hecho una solicitud similar. Lo informa hoy el diario turco Hurriyet.

Esta semana se dio a conocer también que Erdogan no quería una sino hasta dos mezquitas en la Isla. La segunda se supone que tenga el minarete orientado “hacia Santiago” dado el número de estudiantes musulmanes en esa ciudad. Los practicantes del Islam en Cuba, la mayoría extranjeros y un puñado de conversos, no pasan de cuatro mil, según el interesado presidente turco que pareciera haber asumido el título de Defensor de la Fe de los sultanes otomanos. Hasta ahora los seguidores de la religión islámica rezan en privado o en el edificio de la Casa Arabe en la capital cubana.

El celo por proveer a sus correligionarios de un lugar de culto en Cuba contrasta con el hostigamiento de la minoría cristiana en la propia Turquía. Numerosos son los casos de hostilidad e intolerancia, algunos extremos, como el asesinato del presidente de la Conferencia de Obispos Católicos, Monseñor Luigi Padovese, por su propio chofer y guardaespaldas quien alegó haber cumplido con un deber religioso.

Tan solo hace unos meses, durante la visita del Papa Francisco a Estambul, un sacerdote de la Catedral del Espíritu Santo de esa ciudad describió a la BBC el clima de inseguridad que vive la comunidad católica. A los protestantes no les va mejor con confiscación de biblias y otros actos de represión.

Y si esa es la situación en Turquía, ¿qué decir de Arabia Saudita, el país donde por ley no existen ni pueden construirse iglesias o importarse biblias y crucifijos?

Es probable que por conveniencia tarde o temprano se construya la primera mezquita en Cuba. Lo menos que desearía el gobierno cubano es que lo acusen también de prejuicios antimusulmanes. Y si negocios hay de por medio…

A la sombra de Fidel

Fidel es como la sombra de un árbol bajo el cual todos estamos. Es lo que acaba de decir palabra más, palabra menos su hijo Alex. El fotógrafo no exagera: el otrora gobernante absoluto sigue ejerciendo una influencia determinante en las decisiones de su hermano Raúl.

Después de largos meses de ausencia de la esfera pública, Fidel echó un balde de agua fría a las conversaciones de Estados Unidos y Cuba al publicar en los medios oficialistas que desconfía de Washington aunque dijo apoyar la solución de diferendos por medios pacíficos.

Días más tarde, Raúl Castro expuso cuatro condiciones para la normalización de las relaciones entre los dos países en la reunión de la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, que se celebró en Costa Rica. El general presidente reclamó el fin del embargo, la restitución del territorio de la base naval de Guantánamo, el cese de las transmisiones de Radio y Tele Martí y una indemnización por daños humanos y económicos.

El presidente Castro también urgió a Obama a que tome medidas como levantar la prohibición que pesa sobre Cuba para el acceso a créditos, al uso del dólar en transacciones financieras internacionales y a la adquisición de equipos y tecnologías con más de un 10% de componentes norteamericanos. Es decir, Raúl quiere que se desmonte el embargo, aun sin la aprobación del Congreso.

Tal parece que se hubiera llegado a un estancamiento de las conversaciones previstas para las próximas semanas. Raúl sabe que es imposible que Estados Unidos cumpla todas esas exigencias. De hecho ya un portavoz de la Casa Blanca dejó en claro que la Base Naval de Guantánamo no será devuelta.

De darse, los diálogos que se avecinan se anuncian difíciles. Serán diálogos de sordos en lo que respecta a derechos humanos porque para el régimen cubano estos siguen siendo anatema. Según el general, no se le pueden pedir cambios en el sistema político. En sus palabras, la oposición en Cuba es “artificial”.

Raúl y su guía quieren comercio con Estados Unidos a cambio de nada o de muy poco. Apuestan a que las compañías estadounidenses que quieren hacer negocios en la Isla y los legisladores que las representan en el Congreso actúen para desmantelar el embargo.

Motivos tienen para creerlo: ocho senadores acaban de presentar un proyecto de ley para eliminar las restricciones de viaje a Cuba y una representante propuso una iniciativa similar para poner fin a las transmisiones de Radio y Televisión Martí.

Los gobernantes cubanos nunca habían tenido tanta influencia dentro de Estados Unidos y tanta simpatía en América Latina. Esto explica en parte su dureza. El otro motivo de negarse a un quid pro quo con concesiones políticas a Washington es su temor a que la oposición, todavía limitada y fragmentada, pudiera fortalecerse.

Fidel Castro, maestro en la supresión de disidencias, todavía sienta la pauta en Cuba. El “ni un tantito así” es su doctrina. Su hermano y sucesor la sigue al pie de la letra. Por supuesto, no le importa que ese sea el principal escollo para las relaciones con Estados Unidos.

“Somos un pueblo”

Cerró ayer en el Museo Británico la exposición Alemania, memorias de una nación. La muestra proponía un recorrido por 600 años de la historia de aquel país a través de objetos. Y qué objetos. Entre ellos, un ejemplar de la Biblia de Gutenberg – el primer gran libro impreso en Occidente – , otra biblia con dedicatoria de puño y letra de Martín Lutero, un retrato de Erasmo de Rotterdam por Hans Holbein el Joven, una réplica de la corona de Carlomagno, una colección de fósiles que perteneció a Johann Wolfgang von Goethe, una cuna inspirada en el movimiento de la Bauhaus y un portón de hierro del campo de concentración de Buchenwald con la infame inscripción Jedem das Seine, a cada cual lo suyo. Presente estaba también un VW, símbolo del renacimiento en el Oeste de la posguerra. Todas son piezas que dan testimonio del decurso histórico de aquel país, de sus innumerables aportes al progreso humano y de su abismal caída por obra y desgracia del nacionalsocialismo.

Sin embargo lo más edificante fueron las imágenes en video de la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, cuyo vigésimo quinto aniversario se celebró el año pasado. Estaban a la entrada de la exposición sobre una pancarta en forma del mapa de Alemania unificada con la consigna Wir sind ein Volk, Somos un pueblo. El cartel fue hecho por uno de los muchos manifestantes que salieron a las calles de Berlín Oriental para reclamar el fin de la división de las dos Alemanias.

Wir sind ein Volk

Las imágenes son una conmovedora demostración del poder de los pueblos para vencer a las tiranías. Una corriente humana incontenible pasaba arrolladora por las barreras que los guardias fronterizos eran incapaces de cerrar. Así, en el jolgorio colectivo, quedaban anuladas las prohibiciones y la separación. El represivo régimen de la RDA, privado de dos de sus armas esenciales, tendría a partir de entonces las horas contadas.

Ante ese espejo, la evocación de Cuba fue ineludible. Por obvias razones pero, sobre todo, porque los de la Isla y los de la diáspora seguimos siendo también un solo pueblo. Aunque durante 50 y tantos años se hayan empeñado en hacernos sentir lo contrario.

Motivos de Yunier, futuro emigrante ilegal

Yunier vio el discurso del presidente Obama el 17 de diciembre. Se quedó perplejo ante las tres grandes noticias de ese día: el regreso de los tres “héroes prisioneros del Imperio”, la liberación del americano Alan Gross – en sus palabras: “tremendo canje, caballero” – y el anuncio de las medidas para flexibilizar el bloqueo, como llama él al embargo. Así le dicen en Cuba desde que tiene uso de razón y él no ve la diferencia entre un término y otro.

Esa noche se reunió con sus amigos Yunieski y Carlos Manuel. El tema de la conversación no podría ser otro: ¿cómo puede la “bomba” de Obama cambiar las cosas en Cuba? En lo que a él toca, quiere saber si habrá algo que lo haga desistir de su idea de irse ilegalmente a Estados Unidos.

– Oye, dicen que esto es un regalo de San Lázaro.

– Ay, Yunier, qué San Lázaro ni qué cuento, lo contradice Carlos Manuel. Le oí decir a un disidente que si hay algo de religión en esto, es Januká.

– ¿Quién es Januká?

– Quién, no; qué. Es una fiesta religiosa judía y como Alan Gross es judío querían que estuviera con su familia para esta fecha. Esa gente movió cielo y tierra porque el hombre está enfermo. Hasta al Papa involucraron.

– Entonces el caso de Alan Gross aceleró lo que Obama tenía hace tiempo entre manos, tercia Yunieski.

– Compadre, el hombre ha estado bajo presión de las compañías que quieren hacer negocios aquí. Además, quisiera pasar a la historia como el presidente que terminó el conflicto con Cuba.

– Bueno, ¿pero ustedes creen que esto mejoraría?, pregunta con un dejo de sorna Yunier.

– Quisiera pensar que sí, que algo nos toque cuando empiecen a llegar los yumas.

– ¿Estás soñando, Yunieski? Con medio bloqueo o sin bloqueo a nosotros no nos llegará nada o muy poco. Se beneficiarán el Estado, los que trabajan en turismo con más propinas, los que tienen paladares y los taxistas. Olvídate. Con esas gotas no serán muchos los que se mojen, sentencia Carlos Manuel.

Yunier asiente. Él lo tiene pensado desde hace tiempo: la única forma de darle un mejor futuro a su hijo y su mujer es irse a Estados Unidos. Cree haberlo intentado todo en Cuba. El sueldo de 20 dólares al mes que le pagaba el Estado apenas le alcanzaba para subsistir.

Tampoco ganaba mucho cuando se aventuró a trabajar por cuenta propia, en puestos de esto o aquello. En parte, porque los impuestos fijos eran un hueco en sus ganancias.

Le fue un poco mejor cuando revendía ropa que un conocido traía de Ecuador. Pero el negocio terminó cuando el gobierno decidió limitar drásticamente la cantidad de artículos que los cubanos pueden traer al país.

A los 38 años, está convencido de que su juventud está por terminar sin haber logrado lo que quiere. Y no ha tenido suerte: Él, sin parientes cercanos que lo patrocinen, ha entrado dos veces en la lotería de visas de Estados Unidos, sin resultados. La única solución que ve a su problema es una salida ilegal.

Hace unos días volvió a encontrarse con Carlos Manuel. Hablaron de las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos en La Habana e, incidentalmente, de los disidentes. Su amigo le contó que a fines de año hubo detenciones en la Plaza de la Revolución para evitar que una artista cubana residente en el extranjero abriera un micrófono a todos los que quisieran decir algo.

No entiende que alguien quiera arriesgarse por decir lo que piensa. No ve cómo la libertad de expresión pueda resolver su problema. No conoce las propuestas de los disidentes. Nunca los ha visto de cerca. Tampoco quiere. No vaya a ser un obstáculo en sus planes.

Sabe que Estados Unidos y Cuba coordinarán más su combate a la emigración ilegal. Sabe también que por ahora continuará la Ley de Ajuste, una gran ayuda pero no el motivo para irse. De no haberla, lo intentaría también como lo hacen haitianos, mexicanos y centroamericanos.

De camino a casa ve un mural desactualizado. “Volverán”, grita en letras rojas y negras el lema de la campaña por el regreso de los cinco agentes del gobierno cubano en Estados Unidos. No puede dejar de pensar que quizás dentro de unos meses emprenderá el camino contrario.

Regresar a Cuba

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-¿Usted es cubano?, me preguntó la funcionaria de Inmigración al llegar al aeropuerto de La Habana. Yo le había pedido una tarjeta de entrada al país para pasar por el control migratorio.

-Mire, si quiere se la lleno.

Cuando dije que podía hacerlo sin su ayuda, me soltó:

-¿Trae mucho equipaje? ¿Quiere pasar rápidamente por Inmigración y Aduana?

Ante una proposición que prometía camino libre a la salida sin registros indeseables de mis pertenencias y de los regalos a mi familia y amigos – necesidades más que regalos-  le respondí sin mostrar interés: ¿cómo es eso?

-Venga conmigo.

Después de pasar por el control de pasaportes expeditamente – por primera vez desde que viajo a Cuba- , no tuve que esperar mucho para la recogida del equipaje. Sin perderme pie ni pisada, allí estaba  la solícita empleada.

-¿Hace mucho tiempo que vive fuera?  Ya no parece cubano. Si no me lo dice, no lo hubiera sabido. Ahora, siga por allá a la derecha. Ya hablé con la muchacha en la puerta.

A la salida de la Aduana, mi escolta voluntaria estaba frente a mí para que no me la perdiera.  Para que el “favor” fuera completo, le pregunté por la oficina de cambio de dinero, a la que ahora se tiene acceso desde afuera.

La mujer nunca puso precio pero su servicio no era un espontáneo acto de altruismo con un compatriota que visita la patria. Sonrió de oreja a oreja al ver los pesos convertibles.

Digamos que el billete quedó como la propina de un paisano sobre el que había pesado el nuevo absurdo que obliga a los cubanos a declarar el contenido de su equipaje cuando su valor es de más de 50 dólares. Quizás no habría habido decomiso alguno pero no valía la pena un registro después de casi nueve horas de vuelo.

Otra vez bajo el filo de “y si…”

Bienvenido a Cuba.

Sexo y espíritu empresarial en Cuba

El corresponsal para América Latina del diario británico The Guardian, Jonathan Watts, escribe sobre lo que pareciera ser una nueva forma de cuentapropismo en la Cuba de las reformas raulistas: las posadas particulares. Watts habla con un veterano de la guerra de Angola quien, con su esposa rusa, alquila habitaciones a parejas que buscan un lugar donde desahogar sus pasiones. El negocio, que no es nada nuevo, tiene ahora patente legal. A los dueños les va bien al parecer porque están haciendo mejoras al establecimiento, incluyendo camas de concreto…Pensar que hasta esto lo administró hasta no hace mucho el Estado cubano.

The Guardian: Cuba’s lovers check in to a golden age thanks to economic reforms

 

Cuento del visir, la cadena y el mono intocable

Érase una vez un visir cuyo encargo era hacer que los cronistas del reino escribieran sobre una cadena sucia y oxidada que sujetaba a un viejo y malhumorado mono. “Digan la verdad sobre la cadena”, repetía el ministro y advertía: “pero nada malo del simio”.  Aun así, los empleados callaban o decían muy poco por temor a despertar la ira del primate, quien era nada más y nada menos que el soberano de aquel país. 

Cualquier semejanza de esta historieta con la realidad de la prensa oficial cubana es muy intencional. El vicepresidente Miguel Díaz-Canel exhorta de vez en vez a los medios de comunicación del Estado a ser más críticos. Sin embargo, estos no responden o se limitan a exponer alguna corruptela menor y publicar quejas de los ciudadanos. La explicación es simple: en Cuba los periodistas siguen el código de meterse con la cadena – los males de mecánica del sistema – pero jamás con el mono, la cúpula del régimen.  

Díaz-Canel volvió a la carga hace unos días ante la Unión de Periodistas. El dirigente pidió crítica con equilibrio e “integralidad” y se dijo preocupado por la autocensura en los medios. Con ese discurso, el funcionario manifiesta dudosa ingenuidad porque bien debería saber que nadie quiere arriesgarse a una reprimenda o peor, a que los truenen, para decirlo en un lenguaje muy cubano, muy de nuestra experiencia de los últimos 55 años. 

Pero por un momento no dudemos de la sinceridad de Díaz-Canel. Si nos atenemos a sus palabras, él estaría proponiendo que los profesionales de la prensa cubana den a conocer todos los puntos de vista de un argumento, a favor y en contra, e informen sin omitir o distorsionar ningún dato importante. 

Imaginemos. Si quisieran poner manos a la obra con un tema de actualidad,  Granma y Juventud Rebelde – los dos principales diarios de alcance nacional- podrían publicar reportajes a fondo sobre los exhorbitantes precios de los automóviles a la venta desde comienzos de este mes. Sus periodistas hablarían con los cubanos frustrados por la imposibilidad de comprar los vehículos y entrevistarían a los funcionarios que fijaron su valor. Una pregunta clave podría ser – ya que de “integralidad” se trata – a qué nivel se aprobó la descabellada medida que ha causado tanta ofensa entre la población. 

Podrían también, para corregir sus muchas faltas de leso periodismo, investigar los vínculos entre el empresario chileno Max Marambio – condenado en ausencia en Cuba a 20 años de cárcel por un caso de corrupción –  y el general Rogelio Acevedo González, el destituido presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba. 

Volvamos a la realidad: este no es el tipo de prensa que quieren Díaz-Canel y sus superiores. El llamado del vicepresidente es solo a meterse un tanto más con la cadena, a hacer más atractiva una prensa anodina. Como para recordar la coyunda que sujeta a los periodistas cubanos, el funcionario advirtió que en la profesión “el problema ideológico es estratégico frente a la propaganda subversiva contra nuestro país del neoliberalismo y de los que pretenden restablecer el dominio neocolonial en Cuba”.

Érase una vez… 

 

Khmer rojo, una historia mal contada por Granma

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El diario Granma, el “órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba”, celebra los 35 años del triunfo del ejército vietnamita sobre el criminal régimen del Khmer rojo en Camboya. El 7 de enero de 1979 unidades militares de Vietnam y sus aliados camboyanos entraron en Phnom Penh, la capital, poniendo fin al gobierno de Pol Pot.

Granma condena el exterminio de casi un cuarto de la población de Camboya y nombra a tres de los principales asesinos. Todo bien, solo que olvida convenientemente señalar al comunismo como la ideología con la que se justificó el genocidio. Para decirlo con palabras de Oscar Wilde, esta es la ideología que no se atreve a decir su nombre.    

Los khmer rojos eran, nada más y menos, el Partido Comunista de Kampuchea o Partido Comunista Khmer. Para que no quedara duda de sus objetivos, vale la pena citarlos. Sus gerifaltes se jactaban de ser “la primera nación en construir el comunismo sin perder tiempo en los pasos intermedios”.

No menciona Granma que China fue el valedor del engendro, como la Unión Soviética lo fue de Vietnam. Ni tampoco el elemento ultranacionalista del khmer rojo que matizó el conflicto con los vietnamitas.

Por cierto, Cuba fue uno de los pocos países que mantuvieron misiones diplomáticas en la “Kampuchea Democrática” durante los casi cuatro años que duró la catástrofe. Las buenas relaciones terminaron cuando el régimen de Pol Pot expulsó a los cooperantes cubanos en 1978.

Granma no cuenta la historia completa y pareciera hacerlo con notable retraso. Durante el genocidio, que recordemos, ni una palabra.      

Granma: Camboya pasa la página pero no olvida

En este blog: En un campo de muerte del jemer rojo 

“…los ancestros están, al fin, bailando de alegría”

La historiadora australiana Emma Cristopher afirma haber descubierto que descendientes de esclavos que viven en Perico, un pueblo de la provincia cubana de Matanzas, tienen sus raíces en Sierra Leona. La prueba es que los habitantes de Mokpangumba, una aldea sierraleonesa, han identificado como propios los cantos y danzas conservados durante generaciones en Cuba. Cuatro cubanos viajarán dentro de poco a la tierra de sus ancestros para celebrar el rencuentro. La doctora Cristopher, que es investigadora de historia de Africa Occidental y del tráfico trasatlántico de esclavos, cuenta la historia aquí. Su documental They are we promete.

Nicaragua y Venezuela en dos momentos electorales de la Cuba castrista

“Perdimos Nicaragua”, me dijo una mujer consternada, con aire de duelo, en el correo del Ministerio de Comunicaciones de La Habana el 26 de febrero de 1990. En la víspera, Daniel Ortega había sido derrotado por Violeta Chamorro en unas elecciones presidenciales en que había partido como favorito.

La señora tenía tipo de funcionaria, de militante del Partido. “Perdimos”, se quejó. Como si Nicaragua hubiera sido pertenencia nuestra alguna vez. La frase en tono grave buscaba simpatía conmigo. La oficiala suponía que un cubano cualquiera como yo compartiría su desazón. El lamento recorría las filas castristas, como un eco del Jefe Máximo.

Nicaragua había sido hasta entonces muestra de que en América Latina se podía aplicar con éxito la plantilla creada por Fidel y su revolución. Una guerrilla izquierdista, el Frente Sandinista, había desalojado del poder a un corrupto dictador de derecha. Su líder, Daniel Ortega, exhibía un discurso redentorista y antimperialista. Para más parecido con Cuba, el hermano del presidente era Ministro de Defensa y la enseña partidaria, un calco de la bandera del 26 de julio.

Sin embargo, el reino de Ortega era más que imagen y semejanza del castrismo. En buena medida, era su creación. De la isla le habían llegado armas y asesores militares – antes y después de la rebelión contra Anastasio Somoza – y un ejército de civiles enviados a colaborar en la obra social prometida por el sandinismo.

En un tiempo en que uno a uno caían los aliados del este europeo, aquellos de amistad “eterna e indestructible”, ver partir a un discípulo tan cercano era doloroso. Ortega había pagado caro por no escuchar consejo. La herida se curaría dieciséis años después con el regreso de Ortega por la vía de las despreciadas urnas. Sus adversarios políticos, incompetentes y desunidos, le habían abierto el camino a la presidencia. Y ahí continúa, con el patrocinio de la Venezuela chavista, valedora que garantiza la lealtad de una masa clientelar.

Fidel Castro pasaría de la aversión contra el concepto de elecciones pluripartidistas a su aceptación tácita -al menos fuera de Cuba- al ver que su hijo putativo Hugo Chávez las ganaba por amplio margen en Venezuela. De aconsejar a Ortega no someterse al escrutinio de las urnas, a instar al bolivariano a no perder los comicios presidenciales del año pasado, so pena de un “arrase general” de la oposición. Lo asustó con el espectro de Pinochet y el paciente de cáncer, convencido de su misión trascendente, se sometió al rigor de una campaña electoral acortando tal vez los pocos meses que le quedaban de vida.

Ahora, el heredero de Chávez se apresta para su elección. Las encuestas predicen que Nicolás Maduro se impondrá con el capital político que le dejó su maestro. Es el sucesor que le convenía a los Castro: un fervoroso devoto del difunto presidente moldeado ideológicamente en las escuelas del Partido Comunista Cubano. Su hombre en Caracas.

La Cuba castrista, que debe en gran medida su supervivencia a Chávez, no tendría entonces nada que temer. Todo indica que durante los próximos seis años continuará el oxígeno que representan los casi cien mil barriles diarios de petróleo venezolano. Maduro depende demasiado del aparato de inteligencia cubano y, para mantener el barco de la República Bolivariana en el mismo rumbo que hasta ahora, necesita de las decenas de miles de militares y civiles que envían de la Isla.

Las elecciones que se avecinan en Venezuela no tendrán mayores repercusiones en Cuba, al contrario de las que separaron temporalmente del poder a los sandinistas en Nicaragua en 1990. En La Habana sí estarán muy pendientes del porcentaje que alcanzará el candidato del chavismo. Un número menor de votos que los alcanzados por Chávez en octubre pasado haría sonar la alarma. Ese sería un mal comienzo para un mandato que se anuncia incierto.

Irónicamente la Cuba que no celebra elecciones multipartidistas tiene parte en ellas a través de sus aliados allí donde sus intereses están en juego. Para el castrismo, en su expansionismo y dependencia, Nicaragua era una cuestión más bien moral, ideológica. Venezuela, por el contrario, es un asunto vital.

El Delfín

Raúl Castro finalmente tiene un sucesor aparente en Miguel Díaz-Canel Bermúdez quien ocupa ahora esa plaza vacante desde el descalabro de Carlos Lage en 2009.

Díaz-Canel fue elevado al puesto de primer vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros el pasado 24 de febrero ante una Asamblea Nacional que,rutinariamente obsecuente, refrendó sin objeciones su nombramiento.

Si no comete ningún error que dañe la escurridiza confianza de sus jefes, el ingeniero eléctrico será el próximo presidente de Cuba en febrero de 2018 después de que Raúl, tal como prometió, deje el cargo.

Díaz-Canel trae consigo una hoja de servicios que le ayudó a pasar el tamiz de los Castro. Quienes conocen su trayectoria dicen que dejó una estela de obras en su natal Villaclara y en Holguín, provincias en las que fungió como Primer Secretario del Partido Comunista.

El nuevo delfín tiene una imagen de dirigente probo y sin ínfulas que seguramente también le allanó el camino hacia el Palacio de la Revolución.

Sin embargo, su virtud mayor es la lealtad a Raúl y Fidel, que estará, como nunca antes, bajo constante escrutinio durante los próximos cinco años. No cabe duda de que Díaz-Canel es hoy uno de los hombres más vigilados en Cuba. El debe saberlo bien. Basta con que tenga en cuenta las escuchas de las conversaciones privadas entre Felipe Pérez Roque y Carlos Lage que pusieron estrepitoso fin a su carrera política.

La verdadera novedad dentro de cinco años no será la ausencia de un Castro en la dirección del Estado sino el cambio en cómo se ejerce el poder en Cuba. Sea Díaz-Canel u otro, el ungido como mandatario será un mascarón de proa, una suerte de administrador que hará lo que le dicten los dueños del negocio.

De cuando Gore Vidal perdió su ingenio


Los tributos vuelan para Gore Vidal, señor de las letras, que acaba de morir en Estados Unidos. Vidal tenía una agudeza que recordaba a Oscar Wilde. Era un Wilde menos extravagante que incursionaba en política y uno que también no temía reconocer en público sus inclinacioness sexuales. Un Wilde de su tiempo.

Novelas como Williwaw, La ciudad y el pilar de sal, Juliano el Apóstata; obras de teatro como Visita a un pequeño planeta y El mejor hombre y ensayos como Palimpsesto: una memoria le granjearon un lugar entre los nombres indispensables de la literatura norteamericana del siglo XX. Sin embargo, a pesar de su indudable mérito como escritor, se le recuerda, y hasta más, por sus dichos mordaces motivados muchas veces por una visión crítica de su país. Frases como estas:

Se supone que la democracia dé la sensación de que se escoge, por ejemplo, entre el calmante X y el calmante Y. Pero en realidad los dos son aspirina

Cincuenta por ciento de la gente no vota y cincuenta por ciento no lee los periódicos. Espero que sea el mismo cincuenta por ciento

Ningún buen acto pasa sin castigo

No basta con triunfar. Otros tienen que fracasar

Este maestro de la ironía también tuvo sus frases temerarias y desafortunadas. Tómese esta perla de una entrevista que un Vidal ya de avanzada edad soltó, nada más y nada menos que a Cubadebate, en una visita a La Habana en 2006:

Solamente si reponemos la Constitución, podríamos tener un país con aspiraciones y con éxitos como los de Cuba. No crea que no me siento celoso como norteamericano con lo que he visto en Cuba. Yo soy un gran patriota y tengo celos“.

No lo dijo con su característica sorna porque el contexto es inequívoco. ¿Habló el Vidal provocador? Tal vez pero lo que consiguió este habilísimo gimnasta de la palabra fue una torpe e indigna pirueta. Que las luces del intelecto no necesariamente alumbran en política.

Oswaldo Payá, el hombre que puso en jaque a Fidel Castro

Oswaldo Payá (1952-2012) – Foto AP

Oswaldo Payá, líder del opositor Movimiento Cristiano Liberación, murió en un accidente de tránsito ayer en Cuba en circunstancias que necesitan ser esclarecidas. En este caso no basta decir que “el chofer perdió el control del vehículo”, como anuncian los funcionarios del gobierno. Según la hija de Payá, el auto en que viajaban su padre y acompañantes fue embestido varias veces.

La causa de la democracia y los derechos humanos en Cuba ha perdido uno de sus más firmes abanderados. Desde hace más de dos décadas Payá luchaba por una sociedad más libre e incluyente sufriendo muchas veces los ataques de turbas oficialistas que cubrían la fachada de su casa con insultos.

El mérito de Payá consiste en haber logrado coordinar una iniciativa pacífica por el cambio en Cuba, el Proyecto Varela, que tomó al gobierno por sorpresa en 2002. Bajo el manto de la actual Constitución, Payá y sus seguidores recogieron más de 11 mil firmas en demanda de un plebiscito para que los cubanos se pronunciaran sobre libertades cívicas, una amnistía de los presos políticos y elecciones multipartidistas. Fidel Castro se vio en la necesidad de convocar a un referéndum para declarar el socialismo como sistema “único e irreversible”.

El éxito en la recogida de firmas por parte de los activistas del Movimiento Cristiano Liberación demostraba una valentía y una organización que el gobierno no estaba dispuesto en tolerar. No es extraño que muchos de ellos terminaran en la cárcel durante la ola de arrestos de marzo de 2003. Payá no fue a prisión quizás por ser una figura demasiado conocida fuera del país. Sin embargo, su organización quedó diezmada. Iniciativas posteriores como el Proyecto Heredia y El Camino del Pueblo han tenido menor resonancia que el Proyecto Varela.

Duele la muerte a destiempo de un hombre que hizo tanto por la reconciliación de los cubanos y que habría jugado un importante papel en esa Cuba democrática que sigue siendo, para nuestro mal, la más escurridiza de las entelequias.

Gracias, Oswaldo Payá, por tu dignidad y coraje.

Cuba en juego y en serio

Quimbumbia es un colectivo de programadores informáticos, desarrolladores de videojuegos, guionistas y animadores digitales de distintas nacionalidades que se ha propuesto fomentar debates sobre Cuba a través de videojuegos.

El proyecto, que es inédito en el contexto cubano, toma su nombre de un juego parecido al béisbol que se practicaba en la Isla. Uno de sus integrantes, Antonio Gómez, tuvo a bien responder algunas preguntas para este blog.

¿Eres cubano?

Yo soy cubano, pero no soy el único dentro del colectivo Quimbumbia. Actualmente resido en Francia, pero eso es lo de menos, porque dentro del colectivo Quimbumbia trabajamos en red, aprovechando las facilidades que nos brindan las nuevas tecnologías, y tenemos colaboradores dentro de Cuba, de Chile, Venezuela, Estados Unidos, España. A partir de videojuegos queremos proponer un espacio para el debate reflexivo sobre la realidad cubana, ya sea entre cubanos residentes en la Isla o que han decidido vivir en cualquier rincón del mundo, porque al final todos pertenecemos al mismo ajiaco.

¿Cómo surje esta iniciativa?

El sitio quimbumbia.org y su primer videojuego —Evolución—, parten de un proyecto personal, de una idea de realizar en América Latina este tipo de juegos conocidos en el argot de los “gamers” como “serious games”, pues abordan temas reales y acuciantes de la actualidad. Esta primera idea sea inserta en Cuba por la impronta que tiene la Isla dentro del contexto latinoamericano, para luego lanzarse a abordar temas más específicos como la situación con el VIH, la homofobia, la violencia, etc.

¿Qué se propone?

Hemos querido fomentar el debate sobre la realidad cubana a partir de videojuegos, atendiendo a que la sociedad civil cubana ejerce un mínimo impacto sobre las grandes decisiones que se toman a nivel nacional, lo cual en muchos casos es agente de la apatía o la impotencia. Por esta razón, un videojuego puede ser un vehículo efectivo para cultivar un diálogo abierto y seguro sobre el futuro de la vida social y política cubana, evitando cánones y estereotipos.

¿Cómo puede hacerse llegar a los cubanos en la Isla?

Evolución ya se puede jugar en línea en nuestro sitio web: http://quimbumbia.org/, y se puede tomar parte en el foro, donde también se pueden brindar nuevas ideas sobre videojuegos que aborden temas cubanos y quizás podríamos desarrollarla en conjunto. No obstante, como sabemos que en Cuba la conexión a la red es difícil y de baja velocidad, estamos dispuestos a enviar por email una versión del juego a todos los cubanos que lo soliciten, siempre y cuando estén registrados en el foro del sitio web o me lo soliciten a mí específicamente por correo.

Esta es una versión premium que ponemos a prueba para el público, y luego de recibir cierta retroalimentación, en aproximadamente dos semanas se concluirá la versión final. Por el momento el juego solo está en internet y sabemos que así es difícil que llegue a muchos cubanos, pero en cuanto esté la versión final se reproducirá en CDs ó DVDs. Como Quimbumbia es una organización sin fines de lucro, el juego, tanto en Internet como en los CDs, es gratis. Una vez que el juego esté en CDs, en Cuba los amantes de los videojuegos se los pasan unos a otros en memorias flash, como las películas, y así llegará a un poco más de personas. También, otro de los propósitos a mediano plazo, en aproximadamente un mes, es subir el juego a Facebook.

¿Por qué un policía como personaje principal del primer videojuego?

El personaje principal de Evolución es un policía porque nos gusta romper estereotipos, y nos gustó la idea de mostrar que un policía, aunque muchos lo ven solamente como un agente represor, también es una persona que pasa trabajo para poner proteína todos los días en el plato de la familia; es un ser pensante que no tiene que estar necesariamente de acuerdo con todo lo que sucede a su alrededor; o puede tener una hija que vive fuera de Cuba y sufre porque no le dan permiso de salida para ir a visitarla. Y por eso Manolito, nuestro personaje-policía, va transformándose de agente represor a ciudadano normal y corriente que está cansado de las cosas malas que suceden en Cuba y comienza a experimentar cambios tanto internos como externos.

¿Vienen otros videojuegos?

Estamos preparando otro videojuego de más envergadura, en 3D, con zombis, y se desarrolla en La Habana, también con aristas políticas que provoquen el debate. Estamos intentando culminarlo para dentro de aproximadamente un mes.

¿Quién ganó y quién perdió con la visita del Papa?

Previsiblemente la reciente visita de Benedicto XVI a Cuba ha dado pie a innumerables reacciones de condena, sobre todo entre las comunidades cubanas en el extranjero. Con el excesivo apasionamiento que nos caracteriza, se concluye apresuradamente que la presencia del Papa en la Isla confiere legitimidad al gobierno.

Los críticos, denostadores en su mayoría, dicen que la reunión del Pontífice con Fidel Castro muestra un presunto contubernio de la jerarquía católica con el poder para recuperar espacios perdidos en la sociedad cubana. La confirmación es que no se reunió con los disidentes, nos aseguran. Algunos llegan incluso a predecir una enorme pérdida de fieles para la Iglesia cubana como consecuencia de esta y otras aparentes faltas de solidaridad con la oposición.

El viaje del Papa a nuestro país merece ser visto en realidad con menos emoción y más mesura; debe considerarse en el contexto en que se realiza y en su complejidad. Cualquier análisis ha de tener en cuenta además que falta la necesaria distancia del tiempo para pasar un justo balance y, por consiguiente, cualquier conclusión sobre ganadores y perdedores puede ser prematura.

En todo caso, en el torrente de juicios adversos sobre la visita hay omisiones que no deben pasarse por alto. Es notable por ejemplo que los más obvios beneficiarios, los católicos cubanos, brillan por su ausencia de estos dictámenes reprobatorios. Algunos repiten sin cesar, y hasta con no oculta fruición, que los fieles de Roma son una minoría. Lo son, pero eso no es motivo para ignorar que ellos son los primeros favorecidos del encuentro con el Papa.

A la luz del receso laboral decretado por el Viernes Santo, no son solo los católicos quienes ganan sino también todos los cristianos cubanos. Aun con su carácter provisional (hasta tanto “los órganos superiores de la Nación” no lo hagan permanente), la declaración de esta importante fecha del calendario cristiano como feriado nacional es el primer resultado tangible de la visita del Papa. Por supuesto, permitir la enseñanza de la religión en las escuelas y universidades, otra de las demandas del pontífice, es harina de otro costal.

Algunos críticos pierden perspectiva al soslayar el aspecto religioso de esta visita y magnificar el político. El Papa fue a Cuba más que nada a fortalecer su grey, lo que parece estar consiguiendo. Su encuentro con Fidel Castro es parte de ese mismo objetivo y no debe interpretarse ligera y erróneamente como un aval al gobierno. Nuestra historia en los últimos 53 años demuestra que cualquier avance de la libertad de culto es fruto de las buenas relaciones con el Estado, no de antagonismos. Es así como se explica que el Papa se haya reunido con el mayor de los Castro, que – ¿hay alguien que lo dude? – aun en su decrepitud influye en las decisiones de su hermano.

El gobierno no se beneficia tanto de la visita como se afirma. Aunque de un lado y otro se trate de minimizar las palabras del Pontífice, en ellas se puso de manifiesto lo que está en falta en nuestro país: libertad, apertura, inclusión, reconciliación. Los medios de prensa internacionales transmitieron esos llamados, como también las imágenes de agentes o simpatizantes del régimen que golpeaban a un hombre por gritar abajo el comunismo antes de la misa en Santiago. ¿Es así como se logra legitimidad?

Quizás lo más difícil de entender es por qué el Papa no se encontró con ningún disidente, ni aun con aquellos de fe católica. Sin embargo, es falso que Benedicto XVI no haya tenido en cuenta su causa. ¿Cómo puede decirse seriamente lo contrario después de escucharlo abogar por un país en el que se respeten los derechos fundamentales, que sea casa de todos y para el bien de todos? En ese sentido gana también la oposición con la visita.

En medio del escepticismo que engendran las frustraciones de más de medio siglo, puede vislumbrarse la esperanza de que nos encaminamos hacia algo mejor. La ruta no será fácil pero lo que no deberíamos olvidar es que, si hacemos realidad las palabras de ese anciano tan vituperado y desconocido que ocupa la silla de Pedro, ganará Cuba.

Que Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos

El Papa Benedicto XVI acaba de terminar su visita a Cuba. Al partir nos dejó frases memorables en un discurso memorable. Si su antecesor, el venerado Juan Pablo II dijo “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, el Pontífice sella tres días en nuestro país expresando el deseo de que “Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad”. El Papa también pidió que nadie se vea impedido de construir una sociedad abierta y reconciliada por verse privado de sus libertades fundamentales.

Después de estas inequívocas palabras solo los ignorantes o los cortos de entendimiento pueden alegar que el Papa fue manipulado.

Por su importancia, reproduzco aquí el discurso.

Señor Presidente,
Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Señoras y Señores,
Amigos todos,

Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza. También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte – Él vive – y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza»

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.

Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión al ministerio sacerdotal y la vida consagrada. Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.

El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.

Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.

La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.

A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.

¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

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