¿Primavera china a la vista?

China tendrá su primavera dentro de los próximos cinco años, según el escritor británico Will Hutton, ex editor del semanario The Observer y rector del Colegio Hertford de la Universidad de Oxford. Para Hutton la crisis de legitimidad que sufre el Partido Comunista hace que el actual status quo sea insostenible. A su juicio, la reciente defenestración del dirigente de línea dura Bo Xilai es evidencia de que quienes llevan las riendas del poder en China tienen una mentalidad reformista. Es un punto de vista interesante, que no debe pasar desapercibido. Aquellos gobiernos que se proponen de alguna forma emular a China deberían tomar nota. Los razonamientos de Hutton pueden encontrarse en este video y este artículo publicados por el diario The Guardian.

Ai Weiwei, en silencio

Ai Weiwei - Foto de David Gray, Reuters

Ai Weiwei, artista y disidente chino, fue puesto en libertad bajo fianza hoy por las autoridades de su país después de más de dos meses de detención. La agencia oficial Xinhua asegura que Ai se confesó culpable de evasión fiscal. Su liberación, nos dice el órgano de propaganda del gobierno chino, se debe a que el activista pro derechos humanos está dispuesto a abonar los impuestos impagos al Estado. Según “los ojos y la lengua del Partido”, que así le dicen a la Xinhua o Nueva China, se tomó en consideración la enfermedad crónica que padece Ai. Todo un encomiable gesto de humanidad: ¿qué más podría esperarse de los herederos de Mao?

Por su renombre internacional, Ai Weiwei es el crítico que más molesta a los gobernantes comunistas, resueltos a impedirle que llegue a líder y mártir. Con las acusaciones de evasión fiscal, los artífices de la represión en China creerían haber encontrado un remedio para Ai: asociarlo con delitos comunes es una forma de acallar su activismo. La mordaza, esta vez impuesta por las condiciones de una libertad condicional, puede ser tan efectiva como la cárcel.

“Neutralizar” a Ai Weiwei, sin embargo, no será fácil. Alguien como él, que ha padecido golpizas, persecución y celdas, debe estar más que curado de espanto. Tendrá alguna forma de burlar el silencio. Dios lo quiera, por el bien de China.

Ai Weiwei, las causas de un rebelde

Por la libertad de Ai Weiwei


El reconocido artista y disidente chino Ai Weiwei continúa bajo arresto. Según la agencia Xinhua, las autoridades investigan a Ai Weiwei por supuestos delitos económicos. La realidad es que este hombre de 53 años es una piedra en el zapato para los jerarcas del gobernante Partido Comunista.

Cuatro prestigiosas instituciones culturales (el Museo Guggenheim, la Galería Tate Modern de Londres, el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Instituto de Arte de Chicago) recogen firmas para que Ai Weiwei sea puesto en libertad de inmediato.

Hasta hoy más de 17 mil personas hemos respondido a la iniciativa.

No hay nada que perder y mucho por ganar añadiendo su nombre a esta petición.

Hu Jintao se cura en salud

Del manojo de dictaduras que queda en el mundo, la de China es particularmente arbitraria, brutal y bruta, cuando se trata de prevenir la más mínima expresión de descontento.

Su última fechoría es la detención de decenas de disidentes e inconformes, entre los que destaca Ai Weiwei, un artista de renombre internacional que colaboró en el diseño del estadio olímpico de Pekín. De él he hablado antes en este blog.

Ai Weiwei fue arrestado hace más de 36 horas cuando se disponía a embarcarse en un vuelo a Hong Kong. Un día antes se le había prohibido salir del país. Todavía se desconoce su paradero.

El gobierno chino tiene un miedo irrefrenable a que surja un movimiento de protestas similar a los del Medio Oriente. Es por eso que detiene, incomunica y encarcela sin el mínimo pudor. No importa que sean pocos; es mucho lo que está en juego.

En esta ocasión, el régimen parece haber ordenado la búsqueda y captura de quienes convocaron en internet a los chinos a manifestarse pacíficamente en febrero pasado. Los organizadores de las protestas pretendían que fueran el comienzo de una “revolución de jazmín”. Para impedirlo, la policía invadió literalmente las calles de Pekín y Shangai donde estas debían realizarse.

Hu Jintao, el actual presidente y secretario general del Partido Comunista, prefiere mantener en política el puño cerrado. En su forma de ver las cosas, las libertades individuales no pueden poner en peligro la estabilidad del sistema. Sabe, que aunque la mayoría de los chinos no conoce a los disidentes, hay suficientes motivos para protestar: el desempleo, la brecha entre ricos y pobres, la casi inexistente seguridad social, la corrupción, el viciado sistema judicial, por solo mencionar algunos problemas a lo largo y ancho del país.

Hu aplica un remedio preventivo. Como hombre inteligente que es debiera saber que su cura tiene un alcance limitado: el disenso continuará mientras China niegue los derechos de sus ciudadanos.

Ver: Ai Weiwei, las causas de un rebelde

Liu Xiaobo, una hormiga molesta

Mata a uno para advertir a cien, dice un proverbio chino. La saña del gobernante Partido Comunista contra el disidente Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz 2010 parece seguir ese principio.

El inconforme profesor de 54 años se enteró del galardón sólo cuando su esposa lo visitó en la cárcel donde purga una condena de once años. Su delito es ser uno de los autores del manifiesto conocido como Carta 08, publicado en diciembre de 2008, en el que se pide – ¡qué pecado! – que China se convierta en una democracia donde se respeten los derechos humanos. Para las camarillas dirigentes esto es, nada más y nada menos, que subversión.

El problema es que Liu Xiaobo es un reincidente al que la cárcel no le es ajena. Su participación en las protestas de la Plaza Tiananmen en 1989 fue el comienzo de dos décadas de juicios y castigos. Sin embargo, sus cuatro condenas a prisión no han hecho mella en su compromiso por una China con un sistema político que respete la diversidad y no que la reprima.

A estas alturas, en el Comité Central debe haberse perdido la esperanza de callar a este hombre en el que medio mundo ha puesto sus ojos desde que Noruega lo declaró ganador del Nobel de la Paz. Sin embargo, como elefante torpe el régimen se empeña en aplastar lo que lo irrita. Es así como se ve el intento de aislar a Liu Xia, la esposa del disidente, a la que tienen bajo arresto domiciliario y a la que no le permiten ni siquiera hacer uso de su celular. Son medidas destinadas a fracasar porque tarde o temprano se conocerá la verdad pero ya se sabe que las dictaduras son lentas en aprender de los errores propios y ajenos.

La exagerada reacción del gobierno chino, que llegó incluso a amenazar a Oslo, es reflejo de su temor a lo que podría pasar si otros siguen el ejemplo de Liu. Los activistas pro derechos humanos no son más que una mínima gota en el océano de los 1, 324 millones de habitantes del país pero en la lógica de los comunistas chinos es mejor desestimular cualquier expresión de descontento. Creen a pie juntillas, quizás demasiado, otro de sus proverbios que les advierte sobre la chispa que incendia la pradera.

Ai Weiwei, las causas de un rebelde

Dicen que es el Andy Warhol chino. Y que es también como Marcel Duchamp. Por lo de provocador e iconoclasta. El, que además de artista, es curador de exposiciones, arquitecto y diseñador. Suya es la idea del “nido” para el estadio olímpico de Pekín. Es Ai Weiwei: un cincuentón barbado y pasado de peso, resuelto a decir lo que piensa aunque le cuesten palizas de la policía.

Ai Weiwei se ha propuesto abrir brechas en el control de la información en su país, una gran muralla que el gobernante Partido Comunista se empeña en mantener cerrada a cal y canto. Es el autor de cinco blogs, tres de los cuales ya fueron cerrados por las autoridades, que siguen preocupadas y no es para menos: los visitantes de las páginas de este díscolo artista son 10 mil por día.

Weiwei tiene sobradas razones para denunciar las iniquidades del sistema. Es hijo del poeta Ai Qing, condenado a trabajos forzados durante la Revolución Cultural. Vio el escarnio a que eran sometidos sus padres y vivió en carne propia las humillaciones de los rechazados por el comunismo. Por mucho tiempo su trabajo – el único disponible para él -era limpiar baños.

Pudo estudiar cinematografía en Pekín al terminar la pesadilla de aquel período cuando Deng Xiaoping estaba en el timón del carro de la reforma. No pasó mucho tiempo en la escuela de cine. Hastiado de China,Weiwei se fue a Nueva York donde surgió su pasión por el arte conceptual.

El regreso a su país en 1993 fue el comienzo de una prolífica y exitosa carrera en el campo artístico. Sus obras tuvieron – unas más, unas menos – un elemento de osadía, de lo inédito en China, ya sea un jarrón de la dinastía Han hecho añicos o vasijas del neolítico que pintó con múltiples colores.

La falta de libertad de expresión llevó a Ai Weiwei al activismo en la red de sus últimos años. Es un desafío que las autoridades no le perdonan. Con el cierre de uno de sus blogs el año pasado intentaron impedir que siguiera publicando los nombres de los miles de estudiantes que murieron en el terremoto de Sichuán en 2008. Ai Weiwei denunciaba que los edificios mal construidos causaron en parte el elevado número de víctimas. Eso no fue todo. Poco después, la policía recurrió a la violencia para no permitirle que testificara en el juicio de un colaborador que, como él, investigaba el desastre de Sichuán.

El gobierno chino quiere neutralizar a este atrevido agitador. Con ánimo de amedrentarlo o de buscar algo que lo incrimine de alguna forma, dos de sus cuentas en Google fueron pirateadas para leer sus correos electrónicos y dos de sus cuentas bancarias están bajo la lupa de la seguridad del estado.

Weiwei sabe que corre un enorme riesgo si continúa sus actividades contestarias. Sin embargo, él no parece inmutarse ante el peligro. En una conferencia sobre ciberactivismo que tuvo lugar este lunes en Nueva York, el artista bloguero dijo no tener ningún miedo. Y por algunas de las respuestas que dio tal parece que ese es el caso. En ellas, su condena al sistema imperante en China fue inequívoca.

Una empresaria estadounidense de origen chino exaltó el logro de China en sacar de la pobreza a cientos de millones de personas en sólo 25 años. ¿No sería mejor – le preguntó a Ai Weiwei – esperar otros 25 años para que el país complete una hazaña sin precedentes en lugar de pedirle ahora democracia? En su opinión la democracia es cuestión de tiempo.

Weiwei replicó que nada debe disculpar la falta de democracia y recriminó a la mujer su defensa de un país que priva a sus ciudadanos de los derechos humanos. Poco después pidió a la empresaria que especificara qué tipo de negocios hace en China, a lo que esta respondió que está a cargo de un fondo de capital de riesgo. En el evento participó también Jack Dorsey, el creador de Twitter, red social que permanece bloqueada en China.

Después de escucharlo tengo la impresión de que Ai Weiwei no es un rompemoldes más. Es alguien con convicciones, determinación y capacidad para expresarse. Por eso incomoda a los actuales timoneles en Pekín.

Dos citas de Ai Weiwei:

“Crecí en una sociedad comunista y en medio de luchas ideológicas. El sistema involucionó hacia un totalitarismo extremo sin derechos personales, sin libertad de palabra o expresión. La justicia fue reemplazada por la lucha de clases que es realmente una excusa del gobierno para mantener el poder. Desde una edad muy temprana hallé que en esas condiciones era casi imposible que las personas desarrollaran un concepto de sí mismas o cualquier concepto real de los valores estéticos. En su lugar, había un agudo conflicto entre el poder del individuo y el estado. Estas luchas impregnaron el ambiente en que crecí. Todavía, después de 30 años de la llamada “apertura y reforma”, tenemos una versión reducida del mismo estado. Hoy estamos bajo un sistema con un espacio muy limitado para la libertad de expresión”.

“Escribo mi blog porque es el único canal posible a través del cual una persona puede expresar una opinión personal en China. Ningún periódico, revista o canal de televisión presentará tu argumento o ideas. Pensé que mi blog podría ser una buena forma de crear un foro en el cual expresar lo que se siente. Sin embargo, todavía cuando me siento a escribir, dudo: ¿debería hacerlo? ¿Cuáles serán las consecuencias? Yo mantengo una simple premisa en mi mente: mi blog es una extensión de mi pensamiento. ¿Por qué debo deformar mi pensamiento simplemente porque vivo bajo un gobierno que, en mi opinión, está totalmente contra la humanidad? Y esta llamada ideología está totalmente contra la humanidad. Durante décadas, ha hecho daño a muchas generaciones en esta nación: muchos están muertos, muchos han desaparecido y muchos han resultado afectados, hayan estado o no conscientes de esta realidad. No se trata de ideas extrañas de una sola persona: es nuestra vida y vivimos en esta parte del mundo. La gente que vive en Londres no va a tomar una posición en cuanto a esto – ellos tienen otras preocupaciones. Para mi no es una responsabilidad: es parte de mi vida. Nuestra vida se devalúa si nos autocastigamos o nos autoimponemos ignorar o no tener una consciencia de nosotros mismos. La autocensura es un insulto a uno mismo”

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