Francisco y la eterna espera

Los cubanos no aprendemos de nuestra misma historia y en eso no somos tan inteligentes como pretendemos ser. A casi 57 años de entregarle el país a un hombre para que solucionara los problemas de entonces, seguimos esperando a mesías que nos iluminen y liberen de tantas penas acumuladas.

Durante décadas una buena parte de los alienados por la dictadura mantuvo la esperanza de que algún día Estados Unidos le pusiera fin. Después, con la caída del comunismo en Europa Oriental, preveíamos que el efecto dominó llegara al Caribe. Casi todos esperábamos pero poquísimos hacían. Porque – seamos honestos con nosotros mismos: lo nuestro es pasar, como decía el poeta Antonio Machado, pero pasar esperando.

Frustrados, quisiéramos que cada jefe de estado de país democrático que viaje a Cuba regañe a sus gobernantes y haga gestos públicos de solidaridad con los disidentes. Ese deseo se expresa con mayor vehemencia en las visitas de los papas a la Isla.

En estos días se quiere que en sus homilías Francisco condene explícitamente la represión a los opositores y la falta de libertades en nuestro país aunque se ignora que nada más llegar a La Habana, Bergoglio le recordó a Raúl Castro con palabras de Martí que se acabó el tiempo de las dinastías y los grupos.

Hasta ahora, el Papa ha dicho suficiente a los que tienen mentes para entender: ¿qué son si no sus llamamientos a la concordia, al respeto del diferente y a la construcción de una sociedad sin exclusiones?

Los críticos de Francisco y de los obispos, algunos muy furibundos, deberían volver a la realidad y ver nuestra propia historia. La Iglesia cubana de hoy, que se ha ido recuperando desde aquella perseguida y abandonada por muchos que se decían católicos, está en minoría entre una población políticamente apática y siempre creyente a su manera. Seamos sensatos entonces en lo que exigimos.

El Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998 dijo, citando a Cristo: “no tengan miedo”. Fue la frase que repitió muchas veces en su natal Polonia y que inspiró a millones de sus compatriotas para demandar un cambio. La historia es conocida. En nuestro país solo unos pocos oyeron y terminaron hostigados, cuando no en la cárcel. La mayoría, dentro o fuera, seguimos esperando.

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