Motivos de Yunier, futuro emigrante ilegal

Yunier vio el discurso del presidente Obama el 17 de diciembre. Se quedó perplejo ante las tres grandes noticias de ese día: el regreso de los tres “héroes prisioneros del Imperio”, la liberación del americano Alan Gross – en sus palabras: “tremendo canje, caballero” – y el anuncio de las medidas para flexibilizar el bloqueo, como llama él al embargo. Así le dicen en Cuba desde que tiene uso de razón y él no ve la diferencia entre un término y otro.

Esa noche se reunió con sus amigos Yunieski y Carlos Manuel. El tema de la conversación no podría ser otro: ¿cómo puede la “bomba” de Obama cambiar las cosas en Cuba? En lo que a él toca, quiere saber si habrá algo que lo haga desistir de su idea de irse ilegalmente a Estados Unidos.

– Oye, dicen que esto es un regalo de San Lázaro.

– Ay, Yunier, qué San Lázaro ni qué cuento, lo contradice Carlos Manuel. Le oí decir a un disidente que si hay algo de religión en esto, es Januká.

– ¿Quién es Januká?

– Quién, no; qué. Es una fiesta religiosa judía y como Alan Gross es judío querían que estuviera con su familia para esta fecha. Esa gente movió cielo y tierra porque el hombre está enfermo. Hasta al Papa involucraron.

– Entonces el caso de Alan Gross aceleró lo que Obama tenía hace tiempo entre manos, tercia Yunieski.

– Compadre, el hombre ha estado bajo presión de las compañías que quieren hacer negocios aquí. Además, quisiera pasar a la historia como el presidente que terminó el conflicto con Cuba.

– Bueno, ¿pero ustedes creen que esto mejoraría?, pregunta con un dejo de sorna Yunier.

– Quisiera pensar que sí, que algo nos toque cuando empiecen a llegar los yumas.

– ¿Estás soñando, Yunieski? Con medio bloqueo o sin bloqueo a nosotros no nos llegará nada o muy poco. Se beneficiarán el Estado, los que trabajan en turismo con más propinas, los que tienen paladares y los taxistas. Olvídate. Con esas gotas no serán muchos los que se mojen, sentencia Carlos Manuel.

Yunier asiente. Él lo tiene pensado desde hace tiempo: la única forma de darle un mejor futuro a su hijo y su mujer es irse a Estados Unidos. Cree haberlo intentado todo en Cuba. El sueldo de 20 dólares al mes que le pagaba el Estado apenas le alcanzaba para subsistir.

Tampoco ganaba mucho cuando se aventuró a trabajar por cuenta propia, en puestos de esto o aquello. En parte, porque los impuestos fijos eran un hueco en sus ganancias.

Le fue un poco mejor cuando revendía ropa que un conocido traía de Ecuador. Pero el negocio terminó cuando el gobierno decidió limitar drásticamente la cantidad de artículos que los cubanos pueden traer al país.

A los 38 años, está convencido de que su juventud está por terminar sin haber logrado lo que quiere. Y no ha tenido suerte: Él, sin parientes cercanos que lo patrocinen, ha entrado dos veces en la lotería de visas de Estados Unidos, sin resultados. La única solución que ve a su problema es una salida ilegal.

Hace unos días volvió a encontrarse con Carlos Manuel. Hablaron de las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos en La Habana e, incidentalmente, de los disidentes. Su amigo le contó que a fines de año hubo detenciones en la Plaza de la Revolución para evitar que una artista cubana residente en el extranjero abriera un micrófono a todos los que quisieran decir algo.

No entiende que alguien quiera arriesgarse por decir lo que piensa. No ve cómo la libertad de expresión pueda resolver su problema. No conoce las propuestas de los disidentes. Nunca los ha visto de cerca. Tampoco quiere. No vaya a ser un obstáculo en sus planes.

Sabe que Estados Unidos y Cuba coordinarán más su combate a la emigración ilegal. Sabe también que por ahora continuará la Ley de Ajuste, una gran ayuda pero no el motivo para irse. De no haberla, lo intentaría también como lo hacen haitianos, mexicanos y centroamericanos.

De camino a casa ve un mural desactualizado. “Volverán”, grita en letras rojas y negras el lema de la campaña por el regreso de los cinco agentes del gobierno cubano en Estados Unidos. No puede dejar de pensar que quizás dentro de unos meses emprenderá el camino contrario.

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