Lo bueno, lo malo y lo trascendental de Margaret Thatcher

MT

Estuve hoy en el funeral de Margaret Thatcher, tan polémico como fue ella en vida. Exequias apropiadas para unos, dispendio inmerecido para otros. En un país de gente generalmente circunspecta y contenida, esta señora despierta todavía pasiones políticas y sentimientos opuestos como nadie. Que salvó al país o que lo destruyó. Que fue una gran primera ministra. Que fue un malévolo personaje, origen de los males de la sociedad. Que es el Bien. Que es el Mal. Pocos la ven en el claroscuro de sus tres períodos de gobierno.

Yo llegué a Londres en 1990, a solo unos meses de que dirigentes de su partido la obligaran a abandonar su puesto. Se acercaba el fin de una era. La ciudad era de grandes contrastes. En Green Park, los yuppies ostentaban aquellos celulares que eran como ladrillos. Brixton, por el contrario, parecía un barrio de Tercer Mundo de calles sucias y edificios destartalados.

Once años antes, Thatcher había sido electa con un mandato inequívoco para poner orden y mejorar la vida de los británicos. El panorama que precedió su entrada en Downing Street no podía ser más intimidante: las huelgas de empleados públicos hacían que la basura se acumulara y que algunos hospitales recibieran solo emergencias. Hasta los sepultureros en Liverpool y Manchester dejaban de trabajar por reivindicaciones laborales. El malestar de la gente se acentuaba con las bajas temperaturas de un invierno más frío que de costumbre.

Thatcher puso manos a la obra. Con determinación, torció el brazo de los poderosos sindicatos que estaban detrás de las huelgas y se dio a la tarea de administrar un tratamiento radical para la enferma economía británica. Los medicamentos más fuertes fueron la privatización de las empresas estatales y el cierre de decenas de minas de carbón. Según ella, el país simplemente no estaba en condiciones de mantener industrias obsoletas. Al cabo del tiempo, los índices económicos mejoraron.

Muchas de las medidas que tomó causaron inevitablemente sufrimiento. Los mineros y sus familias se quedaron sin fuente de ingresos. El desempleo aumentó a tres millones de personas, una cifra no registrada desde la Gran Depresión de los años 30.

Hoy la mayoría de los británicos, según el diario The Guardian, considera que Margaret Thatcher hizo bien al país al domar unos sindicatos demasiado poderosos y frenar su declive económico. En el imaginario colectivo, a ella se debe que Gran Bretaña dejara de ser “el enfermo de Europa”. También desde una perspectiva nacional, se le acredita la victoria en el conflicto de las Falkland o Malvinas que reparó el ultraje de la invasión argentina.
Si de saldo positivo se trata, no debe pasarse por alto tampoco su contribución al fin de la Guerra Fría y del comunismo en Europa del Este.

Lo más difícil de aceptar de Thatcher es el costo social de su revolución neoliberal. Ella no reparó -o pareció no reparar- en el aumento del desempleo y el consiguiente empobrecimiento de muchos británicos que trajeron los cierres de fábricas y la privatización de empresas estatales. Para ella era un mal necesario.

Si en algo están de acuerdo los admiradores y los detractores de Thatcher es que nadie cambió tanto el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Su legado, el thatcherismo, ha estado presente en los gobiernos de cada primer ministro que le sucedió, incluyendo a Tony Blair y Gordon Brown, del Partido Laborista. De hecho los laboristas no hubieran podido regresar al poder en 1997 sin aceptar la nueva realidad impuesta por Thatcher. Blair se moldeó en la horma de la Dama de Hierro.

Hoy en su funeral hubo muchos más aplausos que abucheos y más respetuoso silencio que protesta. Thatcher, que como Edith Piaf no se arrepentía de nada, podría haberse sentido satisfecha.

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6 comentarios

  1. Gracias por tu ojo de observador. A veces los de adentro no pueden juzgar sin pasion o sin conveniencia.
    Tu observaste lo que sucedia cuando llegaste a Gran Bretana sin ser todavia un britanico. Por mi parte yo la observe desde los Estados Unidos y a traves de su amistad con el Presidente Reagan que trajo decoro a esta nacion . Tambien trajo la amistad de estos dos pueblos y un liderazgo necesario para el mundo. libre. Mrs. Thatcher y Mr. Reagan eran una pareja admirable.
    Yo la admire y la admiro mucho aunque se que no existe un lgobernante perfecto y que no cometa errores pero siempre me quedo con los que ayudan a mejorar y dejan que los ciudadanos traten de esforzarse para lograr sus deseos y anhelos.
    La Sra. Thatcher fue ese tipo de lider. Y por supuesto me encanta que una mujer pueda tomar las riendas comno ella supo hacerlo.
    Creo que has logrado ser objetivo y justo en tus apreciaciones y sin extremos . Y eso me agrada.
    Te felicito.

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    • Fernán González

       /  abril 17, 2013

      Estimada Ismari, valoro y agradezco sinceramente tu comentario. Creo que Thatcher encontró en Reagan alguien muy similar no solo por coincidencias ideológicas sino también por cuestión de personalidad y por su proyección como líder. Es curioso como coincidieron en el tiempo en que les correspondió dirigir sus países. Según tengo entendido la relación no siempre fue armoniosa. Por ejemplo, Thatcher no estuvo de acuerdo con la invasión de la isla de Granada y así se lo hizo saber a Reagan. En todo caso fueron desavenencias entre amigos. Saludos.

      Responder
  2. Fernán, creo que los grandes personajes de la historia caminan por esos límites con absoluto conocimiento de causa y consecuencias. Lo que los hace grandes es exactamente eso. Van hacia donde se propusieron sin importarles el juicio de la inmediatez. Ellos saben que al final la historia y la justicia se acercaran lo suficiente como para erigirle un pedestal.
    Su obra fue la que necesitaba la Gran Bretaña de su tiempo. Los graves problemas que tiene la vieja Europa es exactamente eso que los ha hecho burlarse y denigrar a los Estados Unidos y a la Bretaña Thatcheriana: la responsabilidad social y personal de cada individuo es la base del crecimiento. Personalmente no estoy de acuerdo con ninguna ideología donde los extremos se toquen. No soy ni de derecha ni de izquierda. No me gusta encasillarme. Si amo a este país, del cual soy ciudadano felizmente, es porque te hace saber constantemente y con rigor disciplinario, que tienes que preocuparte por ti y por tu familia. ¿Te imaginas, cuando aún cazábamos para sobrevivir y luego nos refugiábamos en la cueva que teníamos a mano, que hubiéramos abandonado a nuestra pequeña familia? Aunque soy un humanista, detesto el paternalismo. Pienso que el equilibrio -en todo, por todo y ante todo-, en la clave. Ella supo, en su mandato inolvidable, que había que empujar de esa manera para que la balanza tomara el fiel.
    Me encantó tu artículo. No solo tu opinión sobre la Maggie, como le llamas. Tu manera de escribir. Tu sencillez y tu elegante contundencia.
    un abrazo

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    • Fernán González

       /  abril 18, 2013

      Roberto, estoy de acuerdo en que Thatcher se lanzó a sus reformas a sabiendas de las reacciones que encontraría. Sin embargo, se sorprendió por la violencia de las protestas en el centro de Londres por la introducción del poll tax en 1900. Este impuesto fue un error que contribuyó a su caída. Es que los líderes pagan por sus yerros, sobre todo cuando se trata de una democracia.

      Gracias por el tiempo y tu apreciación, amigo.

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  3. Salvador V Guerra

     /  abril 19, 2013

    Entro tarde y entiendo lo dicho, no me gustan los extremos, pero Thatcher tuvo que lidiar con esto, su papel en el Fin de La Guerra Fría, su respuesta al conflicto de Las Malvinas, su actuar en el Gobierno…al fin creo que un Balance muy positivo…sin dejar a un lado su accionar contra los sindicatos..Fue Líder que supo asumir su papel..puede gustar o no, pero una Gran Mujer no solo para su Partido…Me gusta tu articulo, como expones tus vivencias… y a partir de ahí la crónica..muchas gracias

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    • Fernán González

       /  abril 19, 2013

      Agradezco tu opinión, Salvador.Margaret Thatcher fue y es una personalidad de la política fuera de serie. Ella pertenece a ese club exclusivo de quienes moldean la historia. Como dijo el alcalde de Londres: “su recuerdo vivirá por largo tiempo, mucho después que el mundo olvide los trajes grises de la política actual”.

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