¿Quién ganó y quién perdió con la visita del Papa?

Previsiblemente la reciente visita de Benedicto XVI a Cuba ha dado pie a innumerables reacciones de condena, sobre todo entre las comunidades cubanas en el extranjero. Con el excesivo apasionamiento que nos caracteriza, se concluye apresuradamente que la presencia del Papa en la Isla confiere legitimidad al gobierno.

Los críticos, denostadores en su mayoría, dicen que la reunión del Pontífice con Fidel Castro muestra un presunto contubernio de la jerarquía católica con el poder para recuperar espacios perdidos en la sociedad cubana. La confirmación es que no se reunió con los disidentes, nos aseguran. Algunos llegan incluso a predecir una enorme pérdida de fieles para la Iglesia cubana como consecuencia de esta y otras aparentes faltas de solidaridad con la oposición.

El viaje del Papa a nuestro país merece ser visto en realidad con menos emoción y más mesura; debe considerarse en el contexto en que se realiza y en su complejidad. Cualquier análisis ha de tener en cuenta además que falta la necesaria distancia del tiempo para pasar un justo balance y, por consiguiente, cualquier conclusión sobre ganadores y perdedores puede ser prematura.

En todo caso, en el torrente de juicios adversos sobre la visita hay omisiones que no deben pasarse por alto. Es notable por ejemplo que los más obvios beneficiarios, los católicos cubanos, brillan por su ausencia de estos dictámenes reprobatorios. Algunos repiten sin cesar, y hasta con no oculta fruición, que los fieles de Roma son una minoría. Lo son, pero eso no es motivo para ignorar que ellos son los primeros favorecidos del encuentro con el Papa.

A la luz del receso laboral decretado por el Viernes Santo, no son solo los católicos quienes ganan sino también todos los cristianos cubanos. Aun con su carácter provisional (hasta tanto “los órganos superiores de la Nación” no lo hagan permanente), la declaración de esta importante fecha del calendario cristiano como feriado nacional es el primer resultado tangible de la visita del Papa. Por supuesto, permitir la enseñanza de la religión en las escuelas y universidades, otra de las demandas del pontífice, es harina de otro costal.

Algunos críticos pierden perspectiva al soslayar el aspecto religioso de esta visita y magnificar el político. El Papa fue a Cuba más que nada a fortalecer su grey, lo que parece estar consiguiendo. Su encuentro con Fidel Castro es parte de ese mismo objetivo y no debe interpretarse ligera y erróneamente como un aval al gobierno. Nuestra historia en los últimos 53 años demuestra que cualquier avance de la libertad de culto es fruto de las buenas relaciones con el Estado, no de antagonismos. Es así como se explica que el Papa se haya reunido con el mayor de los Castro, que – ¿hay alguien que lo dude? – aun en su decrepitud influye en las decisiones de su hermano.

El gobierno no se beneficia tanto de la visita como se afirma. Aunque de un lado y otro se trate de minimizar las palabras del Pontífice, en ellas se puso de manifiesto lo que está en falta en nuestro país: libertad, apertura, inclusión, reconciliación. Los medios de prensa internacionales transmitieron esos llamados, como también las imágenes de agentes o simpatizantes del régimen que golpeaban a un hombre por gritar abajo el comunismo antes de la misa en Santiago. ¿Es así como se logra legitimidad?

Quizás lo más difícil de entender es por qué el Papa no se encontró con ningún disidente, ni aun con aquellos de fe católica. Sin embargo, es falso que Benedicto XVI no haya tenido en cuenta su causa. ¿Cómo puede decirse seriamente lo contrario después de escucharlo abogar por un país en el que se respeten los derechos fundamentales, que sea casa de todos y para el bien de todos? En ese sentido gana también la oposición con la visita.

En medio del escepticismo que engendran las frustraciones de más de medio siglo, puede vislumbrarse la esperanza de que nos encaminamos hacia algo mejor. La ruta no será fácil pero lo que no deberíamos olvidar es que, si hacemos realidad las palabras de ese anciano tan vituperado y desconocido que ocupa la silla de Pedro, ganará Cuba.

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5 comentarios

  1. Osvaldo

     /  abril 1, 2012

    Totalmente de acuerdo con usted. Ha habido una reacción desmesurada en contra de la visita. Por supuesto, es lo habitual del sector más furibundo del exilio y la diáspora. Hay también mucho de prejuicios anticatólicos y de ignorancia.

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  2. Anónimo

     /  abril 2, 2012

    Creo que la Iglesia apuesta a largo plazo, lo que muchos de los que critican no ven en su impaciencia. Los que despotrican contra Benedicto y la Iglesia parecen vivir ajenos de la realidad. Como dijo el obispo Wenski, “el Papa no puede hacer lo que los cubanos no han hecho en 53 años”.

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  3. Angela

     /  abril 4, 2012

    Con respeto a las opiniones expuestas y a la del autor, un punto de vista interesante sobre la visita del Papa, por provenir desde dentro de la misma Iglesia cubana, es el de Espacio Laical. Creo que vale la pena su lectura.

    http://espaciolaical.org/contens/esp/sd_171.pdf

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  4. Ramón Mercader

     /  abril 11, 2012

    Fernán, su interpretación de la visita del Papa tampoco es que sea desapasionada. Diría que es incluso interesada.

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    • Fernán González

       /  abril 16, 2012

      Ramón, si encontró pasión en este escrito, entonces debería darme por satisfecho: no me va encontrar impasible cuando de Cuba se trata. También, le admito, hay mucho interés de mi parte, interés en que los cubanos superemos nuestros antagonismos sin violencia.

      Gracias por su comentario.

      Responder

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