La reafirmación de la intolerancia y la exclusión

“Cuando no lo hacen a la entrada, lo hacen a la salida”. Esta es una de las frases con las que en Cuba se manifiesta el menosprecio hacia nuestros conciudadanos negros por su supuesta incapacidad para comportarse apropiadamente en público. Sacando la expresión de su contexto racista, esta podría aplicarse al gobierno cubano durante la actual visita del Papa a la Isla.

Tal como esperábamos, Benedicto XVI nos ha instado a la concordia y la reconciliación necesarias para el progreso que anhelamos. Sin embargo, desde el mismo momento de su arribo, las palabras de los gobernantes han sido como un balde de agua fría ante los llamados del pontífice. Raúl Castro lo recibió con un discurso nada nuevo en el que repitió las consabidas posiciones oficialistas sobre el país víctima de la agresión de Estados Unidos y los éxitos del trabajo social de la Revolución. La retórica del actual presidente sonó paladinamente falsa cuando afirmó que su gobierno había hecho valer la máxima martiana de “con todos y para el bien de todos”. Poco después, en la misa de Santiago se retomó la frase para pedirle a Dios que las autoridades gobernaran sin exclusión. Como para neutralizar cualquier expectativa, el Vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, aclaró en conferencia de prensa que las reformas del sistema no serán políticas. Es decir, lo que nos había dicho Raúl en la Conferencia del Partido Comunista en enero de este año: en Cuba no se permitirán otros partidos que el suyo.

La confirmación del credo castrista parece ser la única reacción a mano para contrarrestar lo que a oídos de los gobernantes debe interpretarse como un desafío a su régimen de ordeno y mando. Lo peor, sin embargo, no ha sido que muestren su nula disposición a construir la sociedad abierta y renovada a la que nos convoca el pontífice sino que, sin empacho alguno, continúen recurriendo a la violencia para silenciar a sus críticos. El incidente en que un joven fue golpeado por gritar consignas antigubernamentales antes de la misa de Santiago reveló al mundo lo que bien sabemos los cubanos. Cuando se trate de acallar al contrario, el arsenal de la represión en Cuba seguirá contando también con arrestos, intimidación y hasta el bloqueo de teléfonos celulares, como hemos visto antes y durante la visita del Papa.

El grupo gobernante tiene una oportunidad para iniciar una transición pacífica hacia un sistema democrático que evite los peligros de un colapso del que implantaron en Cuba. Su ceguera y egoísmo es tal que prefieren no hacer nada antes que perder la más mínima cuota de poder. Tal parece que en este caso, y por naturaleza, no lo harán ni a su salida.

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