El fin de Muamar Gadafi

Muamar Gadafi no tuvo la muerte heroica que había prometido. Pocos dictadores la tienen. Su fin se parece más al de Mussolini, detenido por los partisanos italianos cuando intentaba huir a Suiza. Al menos, dicen que el Duce se abrió la camisa y pidió que le dispararan al pecho. Cuentan que el Hermano Líder, como se hacía llamar el ex déspota de Libia, apeló a la clemencia de sus captores. Esperaba una compasión que no tuvo con sus oponentes en los cuarenta y dos años que fue dueño y señor de aquel país.

Fue un desenlace ignominioso: lo sacaron de una cloaca, lo mataron sin miramientos y pasearon su cadáver como el mayor trofeo. Los medios nos avisan que las imágenes son brutales. Es cierto, lo son; pero mucho menos, infinitamente menos, que la violencia y el terror que caracterizaron su gobierno. Nada comparables, por ejemplo, a los restos carbonizados de presos políticos, muertos o heridos a granada y quemados en una cárcel de Trípoli.

Conocida es la sevicia del gadafismo aunque todavía queda mucho por documentar sobre las torturas, los asesinatos, los actos de terrorismo más allá de las fronteras de Libia ordenados por un tirano delirante, cuyo último desvarío le costó la vida. Creer que podría organizar una resistencia de sus partidarios lo llevó a parapetarse en Sirte, en lugar de ponerse a buen recaudo en Argelia o Zimbabue. De nada sirvieron sus desesperados llamados a la rebelión.

Los dictadores que quedan en el mundo deberían tomar nota de una lección de la historia que se repite: los regímenes que presiden, por férreos, violentos y económicamente solventes que sean, caen tarde o temprano.

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2 comentarios

  1. Vi una foto e intenté ver el video donde lo ajustician…no pude…pero se merece esa muerte!Y Dios quiera que sea como dices y que vayan cayendo uno por uno todos los dictadores.La caldera en el infierno está pidiendo carne fresca!

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  2. Fernán González

     /  octubre 21, 2011

    Personalmente no justifico que lo hayan linchado; un juicio era necesario. En todo caso, era de esperar que su final fuera violento si caía en manos de los rebeldes.

    En mi opinión, no debe pedirse venganza para los déspotas. Justicia, sí, cuando sus pueblos se harten de ellos.

    Responder

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