Cuba: un tigre que no cambia sus rayas

Dicen que Cuba cambia. Lentamente pero cambia, aseguran.

La evidencia está a la vista: hay más trabajadores por cuenta propia, más tierras en manos privadas, más libertad religiosa (vigilada, eso sí) y…¿algo más?

Claro, habría podido agregarse que es un país sin presos políticos. El año pasado se abrieron las puertas de las cárceles a decenas de hombres arrestados y condenados a largas penas debido a un ataque de paranoia de Fidel Castro en 2003. Sin embargo, no solo se les indujo a abandonar el país sino que a aquel gesto que buscaba mejorar una deteriorada imagen internacional, le han seguido más detenciones y golpizas a quienes se atreven a protestar contra el régimen. De más está decir que no todos los encarcelados por causas políticas salieron de prisión.

En las últimas semanas, las fuerzas de choque del gobierno han estado particularmente atareadas en la represión de opositores, sobre todo mujeres. Las Damas de Blanco han sido insultadas con la agresividad verbal que caracteriza a las huestes del régimen para impedirles asistir a una misa. Mucho peor fueron los golpes que recibió Sara Marta Fonseca, una osada activista que exigía libertad y derechos humanos frente a su casa junto a su esposo, hijos y un reducido número de personas. Sara está ingresada en un hospital de La Habana. Otras tres mujeres están detenidas desde el 26 de septiembre.

El gobierno de Raúl Castro parece hacer valer la orden de que las calles son suyas. Ni siquiera un milímetro de espacio público para expresar una opinión contraria. Eso que en cualquier país democrático no es materia de discusión. No es difícil ver el porqué de este obstinado monopolio: el temor a que otros, esos tradicionalmente callados y ovejunos, ventilen sus múltiples frustraciones. El régimen nunca pecará de bobo.

No hay que hacerse ilusiones con Cuba. No habrá libertades ni derechos humanos con el actual gobierno que no quiere ni puede despojarse de su esencia autoritaria. Como el tigre que no cambia sus rayas.

La próxima vez que alguien me pregunte si Cuba cambia…

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5 comentarios

  1. El hijo de la mano derecha

     /  octubre 3, 2011

    Gracias por tu blog Fdo, abre la mente al diálogo. Cuba está cambiando con el titubeante paso de un octogenario osteoporótico que tiene miedo caer porque el piso está mojado y en pendiente. La época de los caciques controladores de pueblos ya pasó. No creo que la situación aguante dos primaveras más.
    Ben

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  2. Como dijo nuestro Comandante, Cuba cambiará en lo que tenga que cambiar pero no como quieren los Estados Unidos y algunos países europeos. Lo que sucede en Cuba es la lucha entre un pueblo nacionalista contra los agentes de Washington.

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  3. Esa lucha entre el pueblo nacionalista y Washington me gustaría disfrutarla si el dictador dejara por algún milagro el poder.De seguro que a esa turba nacionalista que arma la fiesta más vulgar en la puerta de una Dama de Blanco por un paquetico de guachipupa y un pan con ave(rigua), armarían la fiesta para recibir los dólares de ayuda que de seguro le darían los cubanos que se tienen que rallar la espalda para vivir decentemente en un exilio obligado o voluntario…porqué mezclar al gobierno de los EEUU?Para ellos la existencia de Cuba es gracias a que los cubanos del exilio todavía no pierden las esperanzas de que Cuba vueva a ser un país libre y con propio desarrollo económico.Actualmente el pueblo insular cubano, es como un camaleón..y a ese camaleón en cuanto le ponen un dólar y una botella de ron canta y baila como el mejor Pánfilo.No olvides Maricela que cubanos somos todos,los de afuera y los de adentro,los que temen a las represalias del tirano,los que se van para mandar dólares a su familia,los que salieron de la cárcel al exilio obligado,los que se dieron cuenta de la manipulación y doctrina en cuanto tuvieron la posibilidad de información sin sensuras,los desesperanzados de adentro,los que exigen su derecho de libre expresión y movimiento dentro del país…Y todos queremos un cambio;pero un cambio real no manipulativo.

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  4. Fe de erratas:Censura

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  5. Miren las declaraciones de Sara Marta Fonseca después de salir de la estación de policía donde estuvo detenida. Con gente así, sí hay oposición. Esto lo copio de Cubanet.

    Después de trece días de calabozo, Sara Marta luce cansada, pero la sonrisa es la misma. Su casa está llena de activistas, tanto de su partido como de otros movimientos de la oposición pacífica interna.

    Ella quiere atenderlos a todos, y hacemos un aparte para preguntarle: ¿Dime lo que recuerdas del momento de tu detención? Rápida responde:

    “Si supieras que no recuerdo mucho, no sé si tenía dos, tres o cuatro agentes aguantándome, tratando de inmovilizarme. Si recuerdo que me tiraron dentro de un auto patrullero, y luego uno de ellos me dobló las rodillas. Así fui hasta la estación policial de la calle Infanta.

    Luego para bajarme allí fue otra odisea. Y después me arrastraron escaleras abajo hasta el sótano donde están los calabozos. Cuando me dejaron me dolía todo el cuerpo.

    Se fueron los vestidos de civil, y una mujer policía me pidió mis pertenencias y le dije: ¿Qué pertenencias tu quieres, si yo no tengo nada. Ustedes me sacaron de mi casa como yo estaba. Entonces me hace alusión a los cordones de mis tenis, no te preocupes, le dije, que no me voy a ahorcar, y se los entregué.

    También me pidió las manillas con los lemas cambio y democracia que llevo puestas en mi brazo. Le respondí que no se las iba a entregar, que si quería me las quitara, pero que procurara no se rompieran ni se perdieran.

    Esa policía se fue y al rato vinieron otras dos. Eran altas y de constitución fuerte. Ya las conocía de otras detenciones. Hablamos muy poco. De nuevo me pidieron las manillas y les dije lo mismo. Un poco que me sorprendí cuando una de ellas me aguantó el brazo y la otra suavemente me las quitó. Después una dijo a la otra casi en tono de advertencia: Estas manillas no se pueden perder ni romper.”

    Estábamos de pie en la sala de su casa, frente a un pequeño librero, las interrupciones eran constantes y por un momento pensé que se abortaría nuestra charla. Pero pudimos retomar el tema.

    “Estuve 96 horas sin beber agua. Al cabo de ese tiempo, los instructores de la Seguridad del Estado me dijeron que iba a ser procesada por atentado y escándalo público. Entonces pensé, si voy a juicio tengo que llegar en buen estado porque yo misma me voy a defender. Por este motivo comencé a beber agua de nuevo.

    Me sacaron muchas veces para interrogatorio; pero sinceramente, mis captores están perdidos.

    Pude notar en mi tiempo de calabozo, que la policía se mantiene al margen, al menos en nuestros casos. Ellos dicen que somos un trabajo de la C. I. (contra inteligencia) y que solo se limitan a dar en estos casos prestar el servicio de detenernos.

    El calabozo estaba muy húmedo y no había agua. Además muy antihigiénico. Había sólo una poceta para bañarse todos los detenidos, y estaba tupida.

    Cuando llevaba varios días sentí que me daba fiebre. Parece que tenía muy mal aspecto, pues cuando me vieron los de la Seguridad, se asustaron y me trajeron un médico.

    Después de casi dos semanas, me han puesto en libertad, sin que medie siquiera un papel oficial, con la condición que no puedo viajar al interior de la isla, solo puedo ir a casa de mis padres en Villa Clara con un permiso que, me aclararon, se me dará por tres días. Además también me prohibieron dicen ellos, las reuniones aquí en mi casa. Y mira como está esto lleno de gente desde anoche que salí.”

    Con una sonrisa termina nuestra conversación. A pesar de las amarguras vividas, la Secretaria Ejecutiva del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, no pierde su buen carácter, ni su sentido del humor.

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