Cuba: cambio de mentalidad

Foto AP

Fidel Castro, endeble y achacoso, no habría podido pedir más. A comienzos de esta semana, el 19 de abril, recibió los aplausos de sus fieles en la clausura del VI Congreso del Partido Comunista, como en sus mejores tiempos. Fidel, que se despojó de sus altos cargos por razones de salud, ha sobrevivido lo suficiente para dar bendición pública y rotunda a los cambios que se presentan como “actualización del socialismo”; a la vez, se le asegura que estará en el pináculo del panteón político en la Cuba futura. Su nombre se invocará; se le citará; se le honrará. En todo caso, será la continuación de una práctica en que la prensa cubana, tan obstinadamente parca y lenta en dar a conocer los problemas del país, ya sobresale. El diario Granma, por ejemplo, no escatima espacio para los más exagerados panegíricos.

La aparición del Líder Máximo en el cónclave comunista estuvo precedida por un aparatoso despliegue de parafernalia militar para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la derrota de la invasión de Playa Girón. Decenas de miles de personas, entre soldados y civiles, fueron movilizados para demostrar una vez más la solidez del régimen. Las cámaras de la televisión oficial se regodearon en sus vistas panorámicas de los batallones de paso marcial al unísono y las oleadas de gente que parecía caminar al son de las consignas. En estos días de abril, La Habana no podría parecerse más a Pyongyang, con tantos elogios a un hombre, tanta escenificación partidista y tanta confirmación de un dogma ideológico.

Podría argumentarse que detrás de la fachada de esta casa que se proclama socialista a los cuatro vientos, se cuece – eso sí, lentamente – una profunda transformación del sistema en lo económico y lo social; algo así como la metamorfosis que se verifica en la crisálida. Sin embargo, todo lo que hay sobre el tablero son promesas de un futuro un poco más holgado para los cubanos.

El problema para Raúl Castro es que el régimen que preside, como heredero de su hermano, tiene un déficit de credibilidad en esa área. Después de medio siglo de sucesivos fracasos, el “ahora sí” suena cavernosamente hueco. De entrada, el plan para revivir la economía nacional está errado en sí mismo al mantener la primacía de las empresas estatales, que en su casi totalidad son escandalosamente improductivas.

Supongamos, no obstante, que las limitadas medidas económicas sancionadas por el Congreso del Partido Comunista den algunos frutos: aumenta la inversión extranjera, se incrementa la producción agrícola y el estado reduce las abultadas nóminas de sus empleados que optan en número creciente por el cuentapropismo.

¿Son estos los resultados que garantizarán un mejor nivel de vida para la mayoría de los cubanos? La respuesta es obvia. Al rehuir cambios más profundos y rápidos al estilo de China y Vietnam, Raúl Castro prolonga el propio mal al que supuestamente quiere poner remedio.

Cuba necesita urgentemente de inyecciones de capital. Si bien Estados Unidos impide el acceso a las fuentes de crédito internacionales, como se queja el menor de los Castro, ¿está su gobierno dispuesto a eliminar las cortapisas a la inversión extranjera o incluso de sus nacionales, incluídos los que están fuera de la Isla?

La mención de los cubanos de la diáspora no es una broma. No creo que sean pocos los que estarían dispuestos a invertir – con todas las garantías, claro está – allí donde no habría nada de interés para un extranjero. Sin embargo, no es algo que al parecer se proponga Raúl. Su visión de la economía sigue siendo demasiado ideologizada, por convenirle, dirían algunos: la reticencia de los gobernantes a pensar en economía con un poco más de creatividad viene de su obstinada determinación por mantener bien sujetas las riendas del país.

Es precisamente esa insistencia en no ceder parcelas de poder, y en algunos casos no aparentar debilidad, donde están las raíces de los males de la Cuba actual, incluyendo los económicos. Tómese como ejemplo la liberación de los presos políticos por la intermediación de la Iglesia Católica. La medida reparó una injusticia pero al mismo tiempo creó otra al exigírsele a la mayoría de los excarcelados que abandonara la Isla. O el no permitir ninguna expresión de disenso en público, so pena de acosos y arrestos.

Al embarcarse en un período incierto, Raúl Castro reivindica la adhesión de la mayoría de los cubanos. El general presidente lo subrayó en sus discursos de apertura y clausura del VI Congreso. El aserto es repetido como argumento de legitimidad por sus partidarios. La apatía y la pasividad – el callar y otorgar – son presentadas, una vez más, como apoyo.

Raúl, que aparentemente gusta de ver las cosas como son, no debiera hacerse ilusiones. Mientras su gobierno o los que le sigan no incorporen a todos los cubanos en sus proyectos nacionales, con todo lo que eso significa, no habrá un genuino progreso. El cambio de mentalidad que él reclama a sus compatriotas debería comenzar con la aceptación de ese principio.

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4 comentarios

  1. El artìculo está muy bueno, pero en este caso el cintillo llama la atención, cualquiera diría que tú piensas que hay un cambio de mentalidad en el amplio sentido del contexto que se trata, al final del artículo tu niega ese cambio de mentalidad. Comprenderás que en la vida moderna actual, la gente va tan aprisa que está leyendo la cabeza de la noticia solamente, y lo que es peor se la hace creer.

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    • Fernán González

       /  abril 25, 2011

      Gracias por tu comentario, Ernesto. Espero que sean más los que se animen a leer hasta el final, como tú, para saber a qué cambio de mentalidad me refiero. De más está decir que eres siempre bienvenido en este blog.

      Responder
  2. Juan Carlos

     /  julio 12, 2011

    Me gusta vuestro articulo, muy escueto pero de amplio contenido. Las libertades economicas, condicionadas por el sistema politico cubano estan muy restringidas, solo conseguiran un cierto reposo, las necesidades del pueblo pero no lograran un desarrollo economico; ¿Como se podria negociar, si los cubanos no tienen la libertad de viajar al extranjero para establecer sus propias relaciones de produccion?, pero menos aun tienen la posibilidad de importar recursos ni tan siquiera bajo el estricto control del estado. Cuando el estado cubano admita los derechos de los cubanos de sobrepasar los limites de las fronteras del pais, entonces podria tenerse alguna esperanza.
    No sabes cuanto siento no tener mas tiempo y por ello no puedo dedicarle mucho espacio a vuestra pagina.

    Saludos

    Responder
    • Fernán González

       /  julio 12, 2011

      Juan Carlos, agradezco su opinión. Como se da cuenta usted, no hay ni siquiera un mínimo de libertades que hagan mover la economía cubana a un paso más rápido.

      Responder

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