Túnez: pájaros que danzan; caldera que estalla


Al atardecer, decenas de miles de pájaros ejecutan una frenética danza sobre los árboles de la avenida Habib Bourgiba de Túnez, capital del país del mismo nombre que hace noticia desde hace algunas semanas. El cielo rojizo que tiñe el sol poniente compite en protagonismo con el bamboleo del enjambre. Por casi media hora, las alas y los chichidos se adueñan de la tarde magrebí. No hay cómo escapar de ellos. Tan pronto están en un extremo del elegante bulevar, herencia de Francia, tan pronto están en su lado más distante. Es el juego que pone fin a la jornada, un ejercicio antes del descanso de horas que interrumpirá el sol del día siguiente.

Así era hace 12 años cuando visité Túnez y así debe ser ahora. Hay cosas inmutables o, al menos, más duraderas que aquellas que levantamos los humanos. No hay que ir muy lejos para probarlo: la misma vía principal de la ciudad fue escenario reciente de un cambio impensable en aquel otoño de 1998. Los tunecinos simplemente perdieron el miedo. Todo lo guardado, lo callado, lo dicho en voz baja, se desbordó. El suicidio de uno de ellos,  triste culminación de la desesperanza, los convocó a una revuelta para deshacerse de un tirano y su corte de corruptos aprovechados. El autócrata Zine El Abidine Ben Alí, tan ubicuo él, retrato con sonrisa y mano derecha en el corazón, ganador de elecciones por abrumadoras mayorías, huyó precipitadamente como conocemos bien en América Latina. El mismo viaje sin regreso de Machado, Batista, Somoza y Stroessner.

Tal como iban las cosas, Túnez era una caldera que tenía que estallar tarde o temprano aunque nadie hubiera podido predecir cuándo. Un orden injusto sin oportunidades de progreso para la juventud y una clase gobernante egoísta  son caldo de cultivo para levantamientos que algunas veces devienen en verdaderas revoluciones.

Al ver las imágenes de jóvenes que alzan los puños y claman por un país nuevo, recuerdo inevitablemente a Ramzi, el muchacho de veintitantos años que conocí en la avenida Bourgiba una tarde. Como otros, estaba a la caza de turistas. Me preguntó la hora en árabe; yo le respondí en francés que no hablaba su idioma. Su respuesta fue que yo parecía tunecino. Era el truco para entablar conversación. Ya otros lo habían ensayado antes.

Ramzi no tenía mucha educación, como otros jóvenes que hablaban de historia y política en los cafés y que pedían cerveza sin pudor a sus interlocutores extranjeros. El, que era desempleado, quería regresar a Italia donde había trabajado en los campos en el verano anterior. Su problema era que no tenía dinero para costearse el viaje. Al parecer, la estrategia para lograrlo era hacer amistad con un extranjero que lo patrocinara.

Ramzi temía acercarse a los hoteles para no buscarse problemas con la seguridad, celosa de los turistas. El día que nos encontramos, conversamos en un café del centro. Lo vi dos o tres veces más. Quizás se dio la tarea de atenderme a su manera: tal vez pensó que yo podría ser el occidental que lo ayudaría. Me acompañó por ejemplo a unas ruinas romanas a varios kilómetros de la ciudad bajo un fuerte aguacero. Con mi mochila al hombro y paragua en mano, él no se explicaba cuál era la gracia de ver piedras a cielo abierto.

Al despedirme de él en el aeropuerto, le di los dinares que me sobraban. Tal vez eso le dio la idea de que yo podría ser su tabla de salvación. Días después de mi regreso a Londres, se comunicó conmigo para que le prestara la suma que necesitaba para viajar a Italia. No supe más de él después de explicarle con franqueza que no podía ayudarlo.

Espero que Ramzi haya logrado al final lo que, según dijo, se proponía: hacer dinero y, en su momento, formar familia. Prefiero pensar que no malgastó su juventud y que nunca se expuso a peligros innecesarios. De cierta forma puedo identificarme con él porque yo también crecí en un país pobre donde la frustración engendra muchos males y demasiadas tragedias.

Ciertamente me gustaría regresar un día a Túnez para ver de nuevo esa danza extraordinaria de los atardeceres y, más que nada, un país donde los jóvenes como Ramzi tengan futuro.

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20 comentarios

  1. Cecilia Diaz

     /  enero 19, 2011

    Yo también le deseo a Ramzi y a muchos jóvenes del mundo fuerza,
    iniciativa y mucho valor para generar cambios de bases reales!
    Fernan, me gusta mucho la forma en que escribes, no has pensado en escribir un libro un documental o algo por el estilo?
    Abrazos!

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  2. FGT

     /  enero 19, 2011

    Estimada amiga, diría como en tiempos de mis abuelos: “favor que usted me hace”. Para ser sincero, tengo ganas de escribir algo de ficción. En realidad comencé, sólo me falta la disciplina. Gracias por la visita.

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  3. Salvador V Guerra

     /  enero 19, 2011

    Es triste que la pobreza lleve hasta ….bien escrito, y pienso en nuestro propio país, y el agua que debe pasar por debajo del puente Almendares contaminando a su paso para que podamos salir de las sombras largas….y espero que si, que logres regresar a un mejor Tunez, aun cuando les cueste organizarse y de inicio no sepan, como los pájaros si, que hacer con la libertad ganada

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    • FGT

       /  enero 20, 2011

      El derrocamiento de un régimen odioso conduce a veces a un peligroso vacío de poder que genera otros males. Es de esperar que el extremismo islamista no saque partido de la frustración de tantos en un país donde la religión no juega un papel predominante en la esfera pública: la práctica religiosa se circunscribe en gran medida a las mezquitas. Algo que se nota en Túnez es que muchas mujeres, sobre todo en las ciudades, no llevan velo.

      ¿Quiénes serán los ganadores y los perdedores en estas aguas revueltas?

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  4. nancy alvarez

     /  enero 19, 2011

    que bello escribes pero que dura esa realidad que tambien es su
    frimiento de nuesta bella cuba.

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  5. Juan Carlos Rincón

     /  enero 19, 2011

    Mi querido Fernán

    Gracias por el blog.

    Yo también he pensado mucho en Tunez estos días. Estuve un mes viajando a través de ese hermoso país, me lo recorrí desde Bizerta y Sidi Bou Said hasta el oasis de Ksar Ghilaine y Tataouine, donde se filmó una parte de Star Wars. Una de las más grandes aventuras fue un viaje de cinco días que hice por el desierto del Sahara, en camello, sólo con mi guía Belgacem, durmiendo en la inmensidad y soledad del desierto…

    Los tapetes de mi casa en Colombia son de Gabés, me los traje al hombro en ese viaje. Dejé amigos en Cartaghe, Sfax, Tozeur y Douz, desde donde inicié mi travesía del Sahara a través del lago salado del Chott EL Jerid. También oré en la mezquita de Keirouan, una de las cuatro sagradas del Islam, visité el cementerio de Mahdia, me bañé en el mar azul con arena blanca de Monastir y pasé momentos y atardeceres inolvidables en Hammamet, Port el Kantaoui y Sousse.

    Nunca olvido la luna llena del 27 de noviembre en Matmata, el pueblo de las casas trogloditas y la sensación de paz y armonía durmiendo en ellas.

    Fue mi último gran viaje antes de regresar a Colombia en 1995 para organizar la cadena de radio Radionet. Fue el viaje de mi búsqueda después de leeer El Alquimista de Paulo Coelho, fue mi ruta personal, fue un encuentro conmigo mismo y mi futuro que se planteaba unos meses después en Bogotá.

    Un viaje inolvidable en un país inolvidable, del que guardo en mi corazón sus soles y su generosidad, los encuentros mágicos, las Roses du Sable que decoran mi urna con la arena del Sahara conseguida en ese viaje, los turbantes (sheshe) negro y crema con los que viajé, el recuerdo de una noche literaria con unas copas de grappa helada con Franco Falsari y la tarde cosechando dátiles en Tozeur, los tapetes de diseños geométricos y de animales, la moneda de bronce de la época cartaginesa, la lámpara de aceite romana y el relinchar de mi camello Mazaud, compañero de ruta.

    Cómo olvidar lo hermoso y difícil que es caminar por la cresta de las dunas, los fuertes bereberes en las colinas, las ruinas de Medenine, el agua fresca y tibia del oasis tras cinco días de viaje, la cena comunitaria con los jóvenes de Ksar Ghilane….uff…son tantos y tantos recuerdos y vivencias que se me atropellan al pensar en Túnez.

    Para que veas mi querido amigo cómo tu blog me ha hecho emocionar. Por algo dicen que recordar es vivir!.

    Y ojalá Tunez pueda ser finalmente libre, pero el camino es aún largo y no es tan claro como su cielo.

    Tendremos que volver a comprobar los cambios.

    Un abrazo,

    Juan Carlos

    Responder
    • FGT

       /  enero 20, 2011

      Memorable viaje, muy cinematográfico. Es como para hacerlo una vez en la vida. Nos vemos pronto.

      Responder
  6. Juan Ernesto Mauriz-Gomez

     /  enero 20, 2011

    Gracias Fernan, lindo articulo. Dios quiera lo pueda leer de tu puño, pero desde La Habana. Un abrazo.

    Responder
  7. Russell J Mileham

     /  enero 20, 2011

    Estimado compatriota.
    Me gusto mucho tu escrito, veo que eres un excelente profesional, orgullo de nuestro pais. Te felicito.
    Russell

    Responder
    • FGT

       /  enero 20, 2011

      Coterráneo, muchas gracias por tu generoso elogio. Ojalá pudiera merecerlo.Espero que sigas pasando por esta página.

      Responder
  8. Ismari Oro Perez

     /  enero 20, 2011

    Les deseo libertad a los de Tunez y a los de todos los paises que sufren opresion. Les deseo libertad,ese preciado tesoro que Dios nos da gratuitamente y que algunos hombres malignos se empenan en quitar. Porque hay que ser maligno para hacer que otros seres humanos vivan en la opresion.
    Pero pienso y creo que el tiempo de Cuba tambien se acerca. Espero que nuestro pueblo que se ha educado en un sistema en el que solo se quiere conseguir a toda costa lo material porque han carecido hasta de lo ams insignificante tenga suficiente cordura para empezar de nuevo , que haya tambien suficientes hombres y mujers que deseen el bien de la patria que puedan guiarlos, que los nobels ideales renazcan y que los hombres y mujeres consideren el trabajo como algo digno que trae prosperidad y progreso.
    Cuanto lo deseo . Felicitaciones a los hombres y mujeres de Tunez.

    Responder
  9. Hugo

     /  enero 20, 2011

    Hola Fernan,
    Muy bueno el articulo . Veo que has comenzado el ano con nuevos brios tambien. Lo escrito podria estar tambien muy cerca en el mar de Las Antillas.
    Un abrazo y buena suerte!

    Responder
    • FGT

       /  enero 30, 2011

      Gracias, amigo Hugo. Si algo demuestra Túnez es que todo régimen, por fuerte que parezca, tiene grietas. Tiempo al tiempo.

      Responder
  10. Luis M. Mir

     /  enero 22, 2011

    Hola Fernan:
    Excelente articulo; el caso de Ramzi ; es solo un ejemplo de ese deseo de cada ser humano por superarse y de lograr su espacio en el universo. Puede ser Ramzi; o Pedro que cruza el estrecho de la Florida en busca de la libertad que en Cuba no tiene o; de Juan que cruza el canal de La Mona para llegar a Puerto Rico y escapar de la pobreza en la Republica Dominicana. Es increible como a pesar de los años de civilizacion que conocemos exista tanta diferencia entre los paises y culturas. Por que sociedades como las escandinavas son ejemplos de paz y estabilidad ; y por otro lado tenemos sociedades como en latinoamerica donde pululan la corrupcion y el no respeto a los minimos derechos de cada ser humano? De todas formas, me gusto el articulo y espero que haya muchos mas. Un abrazo, Luis.

    Responder
    • FGT

       /  enero 30, 2011

      Luis, se agradece el elogio.

      No hay diferencia entre el balsero cubano que cruza el Estrecho de la Florida o el subsahariano que se lanza al Mediterráneo en patera: arriesgarse por una vida mejor es común al ser humano. Por otra parte, el modelo escandinavo no es transferible a América Latina. Aunque suene un poco determinista, hay que aceptar que siempre habrá desigualdad y pobreza en esa parte del mundo.

      Responder
  11. Javier Luque

     /  enero 29, 2011

    Hacía mucho tiempo que 9 párrafos, entre poesía y autobiografía, no me trasportaban a una realidad tan cruda. NO descubro nada nuevo si te felicito por tu magnífica pluma…
    Por otro lado, espero que elabores otro sobre Egipto.
    El otro día pensaba sobre ‘tot plegat’ como decimos los catalanes (todo en su conjunto, más o menos). Al final la humanidad de las personas se sobrepone a nuestros propios errores: La situación de Tunez y Egipto la terminarán arreglando los propios ciudadanos… a nadie le gusta vivir subyugado.

    Un fuerte abrazo dsd Tarragona.

    Responder
  12. FGT

     /  enero 30, 2011

    Gràcies, bon amic.

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