El gran golpe de Wikileaks

La diplomacia de Estados Unidos está hoy en coma. Hillary Clinton tiene hoy el cargo menos envidiable de cualquier gobierno del planeta: la tarea de limitar los daños por la filtración de 250 000 documentos secretos enviados por decenas de embajadas estadounidenses se presenta casi menos que imposible.

El diario británico The Guardian es uno de cinco medios de prensa en los que Julian Assange, el fundador de Wikileaks, confió este caudal de información. Los otros son El País, The New York Times, Le Monde y Der Spiegel.  Muchas de las revelaciones ya están en sus páginas. Otras se publicarán en el transcurso de los próximos días y quizás semanas.

Algunos de los documentos ponen no sólo al gobierno de Barack Obama en una posición difícil sino también a aliados como Arabia Saudita. Uno de los mensajes revela que el monarca Abdulá pidió a los Estados Unidos que atacara a Irán para poner fin al programa nuclear iraní.

Muchos políticos de alto rango a nivel internacional tendrán motivo para disgustarse con los diplomáticos estadounidenses, entre ellos el primer ministro británico David Cameron, el premier italiano Silvio Berlusconi, su par ruso Vladimir Putin y la presidenta de Argentina Cristina Fernández, viuda de Kirchner.

Cameron y su antecesor Gordon Brown son objeto de comentarios nada halagüeños desde la embajada de Estados Unidos en Londres. Otra información confidencial, esta vez de diplomáticos norteamericanos en Roma, aborda con preocupación la cercanía de Berlusconi y Putin. El jefe de gobierno italiano es calificado de casquivano, vanidoso e incompetente. Por su parte, el ex presidente y actual premier ruso saldría mal parado en un informe que lo cataloga de machista y autoritario. Además, para más inri se dice que la Rusia que ha ayudado a forjar es un estado mafioso. En cuanto a la mandataria argentina, un recado a la misión diplomática estadounidense en Buenos Aires pide que se investigue su salud mental.

La vulnerabilidad de los sistemas de comunicación y almacenamiento de datos del gobierno de Estados Unidos, o por lo menos de uno de sus departamentos, ha quedado en evidencia. Aunque se desconoce cómo obtuvo Wikileaks ese cuarto de millón de documentos (¿piratería informática?, ¿acceso desde dentro?), alguien tendrá que responder cuanto menos por descuido. No es de extrañar entonces que pronto comiencen a rodar cabezas en Washington.

Irresponsable o no, Wikileaks ha logrado lo que ningún individuo, grupo o entidad ha conseguido antes: dejar en un ridículo monumental al país más poderoso del mundo.

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