Bush, en defensa de la tortura

El ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, salió de su relativo silencio desde hace casi dos años para hablar con la cadena de televisión NBC y al diario británico The Times a propósito de la publicación de sus memorias, Decision Points. Como era de esperar, la tortura de los sospechosos de terrorismo es lo que más interés genera en las entrevistas. Sin remordimientos, Bush justifica el uso de la tortura conocida en inglés como waterboarding, la asfixia simulada de un detenido, como necesaria para evitar desmanes terroristas.

En sus palabras: “pensé en mi encuentro con la viuda de Danny Pearl (periodista estadounidense secuestrado en Pakistán), que estaba embarazada cuando lo asesinaron. Pensé en las 2,971 personas que Al Qaeda robó a sus familias el 11 de septiembre. Entonces pensé en mi deber de proteger a mi país de otro acto de terror”.

Según él, el waterboarding impidió ataques en el aeropuerto de Heathrow y en el distrito comercial de Canary Wharf, aquí en Londres. Bush no ve nada objetable en un recurso que provocó sufrimiento en algunos individuos pero salvó muchas vidas.

El asunto del “waterboarding” sigue despertando opiniones encontradas y renueva dudas. Por un lado es perfectamente reprobable condonar la tortura pero por otro, ¿cómo negar que es quizás el único recurso ante fanáticos dispuestos a matar y destruir? ¿Cómo no pensar que un mal menor es preferible a uno mayor? ¿No bastan los ejemplos de Moscú, Beslán, Nueva York, Madrid y Londres?

Decision Points promete ser buen material lectura para entender al hombre que más influyó en el curso de la historia en la primera década de este siglo. Vilpendiado y aplaudido, Bush ha dejado huella. En una buena parte del mundo convivimos con el resultado de sus decisiones, para bien o para mal. Así será por largo tiempo.

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2 comentarios

  1. Anónimo

     /  noviembre 9, 2010

    Lo que le faltó en carisma lo tuvo en valentía. Con todas sus faltas trascenderá más que Obama. Lo siento por los obamófilos y bushófobos.

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  2. Alvaro

     /  noviembre 9, 2010

    Caramba, cómo la persona que me precede quiere cambiar la historia. El problema de Bush no fue que no tuviera carisma, es que no tenía la capacidad para comportarse como un verdadero estadista. Era el simplismo más puro elevado en dudosas circunstancias a la presidencia. Que usted confunda valentía con bravuconería de vaquero es otra cosa.

    Responder

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