Enhorabuena, Mario Vargas Llosa

-¿Y tú lees a ese contrarrevolucionario, enemigo de Cuba?, le espetó airada su cuñada después de leer una diatriba contra Mario Vargas Llosa en el Granma días antes.

Mi amigo no tuvo más que ocultar La fiesta del chivo bajo un forro como hacen con sus libretas los escolares cubanos y, cuando terminó de leerlo lo sepultó en el fondo de un armario. Fue a finales de los noventa. La mujer, fidelísima siempre, nunca había tenido en sus manos una de las geniales obras del ahora Premio Nobel pero sí sabía quien era el “detractor de la Revolución” de turno, al que había que denunciar.

Nunca pensé que mi regalo le podría causar problemas a mi amigo. Todo quedó en un regaño alimentado por la ignorancia pero en un país donde la más mínima sospecha de infidencia política podía tener consecuencias, él prefirió precaver. Ten en cuenta, me dijo, que La fiesta del chivo no es sólo un retrato del régimen de Trujillo en República Dominicana. Y explicaba: en el libro se dice que todas las dictaduras acusan a sus enemigos en el exterior de los problemas internos. Todo un argumento para declararlo subversivo.

Soy uno de la legión de admiradores de Vargas Llosa que recibió con alegría la noticia de que la Academia Sueca le hizo justicia finalmente a uno de los mejores exponentes de la narrativa en español. Pocas veces un escritor logra urdir bien una trama en la que la maestría del lenguaje va de la mano de lo inesperado y el humor, tan criollo en él. Es además autor como pocos que agarra a sus lectores y no suelta prenda.

Disfruté de sus libros en Cuba, tan difíciles de conseguir. El primero fue La ciudad y los perros que leí en la Biblioteca Nacional de La Habana con la condición de entregar como garantía mi carné de identidad. Después, prestado, La tía Julia y el escribidor, en tiempos difíciles. En Inglaterra leí ya, sin necesidad de forros ni de alertas, la mayoría de sus novelas, algunas de las cuales llevé a aquella otra isla.

Vivo con la esperanza de que algún día se vendan en las librerías de las ciudades cubanas todas las obras de Mario Vargas Llosa, como las de tantos otros escritores nacionales y extranjeros mal vistos por los rectores de la política cultural del gobierno de Cuba.

Mientras tanto, celebremos el Nobel de Mario Vargas Llosa, a quien debemos agradecer no sólo el genio, sino también la pasión por la defensa de la libertad.

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6 comentarios

  1. Finiquito

     /  octubre 8, 2010

    Reconozco su calidad como escritor pero no comulgo con sus posiciones políticas. El, tan derechoso.

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  2. Alceo

     /  octubre 8, 2010

    Lo que importa es cómo escribe, lo hace divinamente. Eso y no cómo piensa y lo que dice debe ser suficiente motivo para que se le dé a conocer en Cuba.

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  3. María del Carmen Fernández

     /  octubre 8, 2010

    Todo país donde se prohíbe o limita la lectura de ciertos autores , sean cuales sean, condena a su población a la ignorancia. En el caso de Cuba, la lista de escritores censurados o semicensurados es larga, comenzando por Guillermo Cabrera Infante y Reynaldo Arenas. Es por eso que es una monumental mentira decir que “la revolución no dice cree, sino lee”.

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  4. Si ser de derecha es reclamar el derecho que tiene todo escritor de escribir lo que quiera,preocuparse porque su país tenga una democracia,escribir sobre la historia y costumbres de muchísimas culturas,etc,etc…entonces yo también soy de derecha o derechoso,como dice usted…y hay algo de malo en eso Fifiquito?
    Bueno y cierto lo que escribes querido Fernan.Yo tuve que esperar a llegar a Alemania para empezar por “Los jefes” hasta terminar con “La hitoria de la niña mala”…y de enterarme bién lo del caso Padilla y leerme la carta que también Sartre firmó,entre muchísimos otros que después nos prohibieron en Cuba por subversivos.Se te olvida que en Cuba también tuviste la posibilidad de leer en 1989 “La guerra del fin del mundo” y si no me equivoco”La tía Julia y el escribidor”.Un abrazo.

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    • cubanlad

       /  octubre 10, 2010

      A pesar de que lo tenía, nunca pude acabar de leer “La guerra del fin del mundo” en Cuba. Me lo traje junto a tantos otros libros cuando vine para Inglaterra.

      Gracias a ti por poner ante ojos ávidos algunas de esas delicias.

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  5. Rectifico,”Las travesuras de la niña mala”.

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