Analfabetos de democracia


La mayoría de los cubanos no reclaman derechos políticos porque Cuba es un país que carece de profundas tradiciones democráticas. Con este sofisma algunos pretenden explicar un asunto cuya complejidad evitan o desconocen.

Es cierto que en nuestra relativamente breve historia republicana tenemos un sobrante de dictaduras y un faltante de democracia. Aceptemos que en la Cuba de antes de 1959, las instituciones democráticas no funcionaron cabalmente y que nuestro sistema político estuvo plagado de males de tercermundismo. Reconozcamos que por edad sólo una minoría recuerda lo que fueron la separación de los poderes, las elecciones multipartidarias, y una prensa independiente.

Nada de lo anterior, sin embargo, demuestra el actual silencio de la mayoría cuando se trata de libertades civiles y políticas. Más que una carencia de hábitos democráticos, las razones hay que buscarlas en las limitaciones que mantiene el Estado castrista sobre los ciudadanos.Todavía son muchos los que temen a las consecuencias de pronunciarse por un cambio de sistema político y optan por demandar lo que más les urge, reformas económicas. A fin de cuentas, el propio Gobierno dice estar consciente de que estas últimas son necesarias.

Para ser justos, los cubanos no actúan de forma muy diferente a otros pueblos. El ansia por un mayor nivel de vida fue la motivación de las mayorías que dieron al traste con el comunismo en Europa Oriental. Para ellas estaba claro que ese objetivo sólo podría cumplirse con un cambio del sistema político.

No hay que olvidar tampoco que por lo general son los intelectuales, los estudiantes y pequeños sectores muy concientizados dentro de la clase obrera los que primero exigen reivindicaciones democráticas. Las mayorías siguen, como se vio en el caso de la misma Revolución Cubana.

La apatía entre la población de la Isla ante los llamados de la oposición por mayores derechos refleja no sólo un sentido de prioridades y temor sino también una ignorancia impuesta desde arriba. El hecho de desconocer la democracia no implica que algún día puedan reconocer si inmensa superioridad como sistema y establecer garantías para desterrar de una vez y por todas la imposición de dictaduras. Como analfabetos que un día aprenden a leer y a escribir.

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