Paisaje después de la batalla electoral

A estas horas el futuro político de Gran Bretaña se decide en la Plaza St. John Smith, no muy lejos del Támesis, donde está la sede del Partido Liberal Demócrata. Es un lugar que conozco bien, una plaza de elegantes edificios del siglo XVIII y XIX, en la que estaba la primera compañía para la que trabajé en Londres.

Nick Clegg, líder de los liberal demócratas, discute con la plana mayor de su partido la propuesta de los conservadores para entrar en una coalición. No muy lejos de allí, David Cameron espera ansioso con sus colaboradores la respuesta y cavila sobre el camino a seguir en caso de recibir un “no, gracias”.

Estamos ante ese espectro, ese cuco de la alta clase política británica que es “a hung parliament“, un parlamento “colgado”, es decir uno que no puede trabajar efectivamente porque no hay mayoría absoluta con la que un gobierno puede hacer aprobar leyes y programas. En la contienda electoral, ningún partido se hizo con el trofeo de los 326 escaños, cifra necesaria para instalarse en el poder. Es por eso que, por primera vez desde 1974, este país está en vilo, en niebla política.

A pesar de que la imagen de un parlamento sin los pies en el suelo conjura tremebundas asociaciones, debemos mirar a lo positivo de una coyuntura a la que nos trae nuestra imperfecta democracia británica. La negociación entre partidos con enfoques tan diametralmente opuestos sobre muchos asuntos fundamentales puede tener resultados beneficiosos: cualquier paso futuro de nuestros gobernantes iría más allá de los intereses de un solo grupo político. Por supuesto, también está el peligro de que tal sea el tira y hala, que gobernar sea imposible y que cualquier programa que quiere una relativa mayoría se diluya con tantas concesiones a las minorías.

Las dictaduras lo tienen fácil con su “ordeno y mando”; las verdaderas democracias deben exponerse al riesgo de parálisis momentáneas para determinar la mejor manera de seguir camino. No tengo duda de que es un inconveniente que bien vale la pena.

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