Una lectura del reciente discurso de Raúl Castro

Raúl Castro dedicó una buena parte de su discurso en la clausura del IX Congreso de la Juventud Comunista a demostrar que su gobierno no enfrenta ninguna crisis. Según el general, los momentos más difíciles del régimen que instauró su hermano Fidel hace 51 años quedaron en el pasado: la invasión de Playa Girón en 1961, el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética por el emplazamiento de misiles en territorio cubano en 1962 y la pérdida del apoyo soviético a comienzos de los años noventa del siglo pasado. Su argumento es que nada puede ser más peligroso o desestabilizador. Por consiguiente, las recientes críticas por la situación de los derechos humanos en la isla son, en sus palabras, “escaramuzas de la ofensiva de la reacción internacional” que le tienen absolutamente sin cuidado.

Es cierto que sobre su gobierno no pende una amenaza militar o un colapso económico inminente. Sin embargo, el hecho mismo de referirse a lo que él llama “campaña de descrédito” denota preocupación. No es para menos: las autoridades cubanas están ante una situación inédita por la repulsa mundial que les ha traido la muerte en huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, a quien Raúl Castro insiste en presentar como delincuente común, las protestas cada vez más audaces de la oposición y la ausencia de mejoras económicas que se refleja en el descontento de la población.

No sólo en Europa y Estados Unidos se reprueba la actuación del gobierno cubano en el caso de Zapata Tamayo y se le reclama que ponga en libertad a los presos políticos. En varios países de América Latina como Chile, México y Brasil también se levantan voces de condena, algunas incluso desde la izquierda. No obstante, Castro se abstuvo de referirse a sus críticos latinoamericanos y prefirió dirigir sus ataques a Europa, donde la imagen del régimen que representa ha sufrido un daño difícil reparar. Tanto es así, que el actual gobierno socialista español no parece contar con apoyo para su propuesta de poner fin a la posición común europea hacia Cuba. La modificación de esa política habría significado un triunfo diplomático cubano. Ante esa realidad, Castro parece haber tirado la toalla con Europa. Por otra parte, se inhibió de aludir a América Latina quizás con la lógica de no generar más críticas en la región.

Ante la actual coyuntura, Raúl Castro opta por el conocido recurso de presentar a la oposición como agentes de intereses extranjeros, a los que no hará concesiones. Es decir, no decretará una amnistía para los presos políticos, a los que evitó mencionar en su discurso. Ni siquiera excarcelará a los disidentes enfermos como le pide Guillermo Fariñas que lleva más de 40 días en ayuno. Tampoco permitirá la libertad de prensa bajo el conocido pretexto del embargo comercial de Estados Unidos, entre otros factores externos. Mantener un muro de inflexibilidad es su respuesta a los reclamos desde dentro y fuera de la isla.

Castro está convencido de que un gesto de humanidad sería interpretado como flaqueza política y no quiere permitirse más incertidumbre que la que ya tiene debido a la situación de la economía. No en balde este tema ocupó una gran parte de su discurso, en el que advirtió sobre problemas existentes como ha hecho en el pasado: los gastos superfluos, el derroche, la insuficiente producción agrícola, la falta de estímulo para el trabajo, la corrupción y el exceso de personal en las nóminas del Estado. Cómo deshacerse del millón de trabajadores excedentes – cifra que mencionó – sin crear más malestar entre la población parece ser uno de los principales retos de su gobierno.

El catálogo de los conocidos lastres de la economía cubana contrastó con la ausencia de detalles sobre el modelo económico al que aspira su gobierno. Lo que sabemos es que es uno que mantendrá la “irreversibilidad y el desarrollo del socialismo cubano”. Por entre los lugares comunes de la retórica y las omisiones puede entreverse que cualquier cambio en este ámbito será lento y estará sujeto a un prolongado examen para determinar cuánto afectará al sistema político.

El discurso de Raúl Castro reafirma la incapacidad de su gobierno para resolver los grandes problemas del país. Todo lo que hace es recurrir a remedios caseros cuando de lo que se trata es de una compleja operación quirúrgica. En sentido estricto no hay crisis pero los síntomas indican que no está lejos.

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1 comentario

  1. Las formas no sólo ya antidemocráticas, si no sobre todo antihumanitarias del regimen castrista… lo están retratando.

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