Cuba: el escamoteo de la verdad

Un chiste que circula desde hace tiempo en Cuba, y que he escuchado varias veces, dice que Napoleón le confiesa a Fidel Castro en el infierno que de haber tenido una prensa como la cubana nadie se habría enterado que perdió la batalla de Waterloo.

La realidad que refleja el “cuento” es la misma desde hace medio siglo: los diarios, la televisión y la radio controlados por el Estado ignoran muchos de los problemas del país y cuando hacen referencia a ellos dan únicamente la versión oficial de los hechos.

Por ejemplo, ni Granma ni Juventud Rebelde investigaron la muerte de más de 30 pacientes del Hospital Psiquiátrico de La Habana por negligencia el pasado mes de enero. Los dos periódicos de más circulación se limitaron a reproducir una nota oficial después de que el blog Penúltimos Días, que se publica en Barcelona, diera a conocer la noticia.

El actual rumor sobre un gran escándalo de corrupción que implicaría a altos funcionarios de la aviación civil tampoco es asunto que indagan los periodistas cubanos.

Mucho menos es noticia en la prensa de la isla que son tres los disidentes en huelga de hambre: Guillermo Fariñas en Santa Clara, Darsi Ferrer en la prisión de Valle Grande y Franklin Pelegrino en el pueblo de Cacocún, provincia de Holguín. En todo caso, Fariñas ha sido mencionado en los medios de comunicación para recibir la habitual carga de epítetos con la que el gobierno denigra a sus opositores. Ferrer y Peregrino pueden esperar el mismo tratamiento si sus casos llegan a recibir atención internacional.

Alguno que otro corresponsal extranjero en Cuba creyó ver una señal de apertura con la publicación de quejas de lectores y dos o tres artículos medianamente críticos en Granma y Juventud Rebelde, después de que Raúl Castro asumiera la presidencia en 2006. El supuesto indicio de un incipiente socialismo abierto y “participativo” fue sólo un espejismo. Aquel país les sigue sorprendiendo.

Una prensa que presente los hechos sin antes pasarlos por el tamiz oficial, ni adornarlos con sus florituras ideológicas no es posible mientras Fidel y Raúl Castro estén en el poder. Para ellos, una de las lecciones históricas de la Unión Soviética y Europa Oriental es que cualquier glásnost es perjudicial porque una población bien informada es más difícil de controlar. El escamoteo de la verdad es un recurso indispensable de su gobierno.

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