Dos inmolaciones

La muerte en huelga de hambre del preso de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo y la reacción oficial a ella me recuerdan inevitablemente el sacrificio del monje budista Thích Quảng Đức que causó conmoción internacional durante los años de la guerra de Vietnam.

El 11 de junio de 1963, el religioso se dirigió en un automóvil a una céntrica calle de Saigón, seguido de otros 350 monjes y monjas. Después de que uno de sus acompañantes lo empapara en gasolina, Thích Quảng Đức, sentado en posición de loto, recitó una plegaria a Buda y, con asombrosa serenidad, encendió un fósforo. Murió en pocos minutos ante las miradas de los transeúntes y los periodistas extranjeros convocados por una organización budista.

El sacrificio de Thích Quảng Đức fue un premeditado acto político de protesta contra el gobierno de Vietnam del Sur por su tratamiento de la mayoría budista. El entonces presidente Ngô Đình Diệm era un católico que, según dicen, favorecía a sus correligionarios en la administración pública y el ejército.

La misma noche del suicidio del monje, Diệm se dirigió al país en un discurso transmitido por radio para expresar su pesar. El presidente dijo que se distorsionaba la situación de los budistas, a quienes recordó que sus derechos estaban garantizados por la constitución.

A las palabras conciliatorias de Diệm, siguieron los intentos de sus funcionarios por desacreditar a Thích Quảng Đức. El gobierno divulgó que el religioso había sido drogado antes de prenderse fuego y acusó al fotógrafo estadounidense Malcolm Browne de sobornarlo para que se suicidara ante su cámara. Una foto tomada por Browne durante la inmolación recorría ya el mundo. Por ella el reportero recibió meses más tarde el Premio Pulitzer junto al periodista David Halberstam de The New York Times, otro testigo presencial de la muerte del bonzo.

Thích Quảng Đức sentó escuela con su suicidio. Otros monjes budistas se inmolaron en protesta contra el gobierno de Vietnam del Sur. El método de martirio llegó a incluso a Estados Unidos donde varias personas imitaron su ejemplo para repudiar la participación de su país en el conflicto vietnamita.

Mientras la muerte de Thích Quảng Đức fue pública y bien documentada, están por conocerse todavía todos los hechos que condujeron al fallecimiento de Orlando Zapata Tamayo. En todo caso, es más lo que los emparenta, que lo que los separa: optar por la inmolación para denunciar situaciones intolerables y sufrir póstumamente el inútil escarnio del poder para desvirtuar su causa.

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