Haití: de cantos y ayuda

El rapero haitiano Wyclef Jean y el actor George Clooney lograron reunir 57 millones de dólares con su teletón “Hope for Haiti now” transmitido por televisión en varios canales de Estados Unidos, el canal MTV en Gran Bretaña y YouTube. Cantantes de pop y rock como Madonna, Bruce Springsteen, Rihanna, Justin Timberlake y el grupo Coldplay participaron en la campaña benéfica. Se dice que el dinero recaudado excede el conseguido por iniciativas similares.

La rapidez con que se han hecho las donaciones, ya sean de individuos y gobiernos, se corresponde con la magnitud de la tragedia. Lo demuestra que el DEC o Disasters Emergency Committee, una organización que agrupa a 13 agencias de ayuda humanitaria en este país, haya recibido 42 millones de libras esterlinas (casi 68 millones de dólares) hasta el viernes pasado. Es un esfuerzo loable y no hay porqué dudar que el dinero irá a quienes más lo necesitan. Sin embargo, ¿qué pasará cuando Haití desaparezca de los titulares de los noticiarios de televisión y radio y de las primeras planas de la prensa escrita? ¿Volverá a ser el país olvidado de siempre a la espera de otro desastre? Evidentemente, urge crear un mecanismo a largo plazo para garantizar que esto no suceda. No hay que recordar que los huracanes son más predecibles y probables que cualquier terremoto.

Hace unos días el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton y el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon aseguraron en conferencia de prensa que se trabaja en la reconstrucción de Haití. A la pregunta de quien determina como se utilizarán los fondos, un respetuoso Clinton señaló que son los haitianos quienes deben decidir. Sin embargo, en las circunstancias actuales en las que las autoridades del país parecen estar anonadadas por la dimensión de la catástrofe, corresponde a Naciones Unidas, o tal vez a Estados Unidos, tomar cartas en el asunto de la creación de una estructura que permita sacar a Haití de ese ciclo infernal de tragedias del que no saldrá por sí solo.

A la vez, esperemos que bajo los escombros que dejó el terremoto esté también el falso nacionalismo porque, ante el peligro actual en que se encuentran millones de personas, el argumento de la soberanía nacional suena más hueco que nunca. Aunque la anécdota data de mucho antes del sismo, ilustra la actitud de ciertos políticos haitianos. El año pasado, la ahora ex primera ministra, Michelle Pierre-Louis, dijo en un discurso ante la Cámara de Comercio de Haití que por el mundo se divulgaba la idea de que sus compatriotas eran unos salvajes a los que había que civilizar. Madame Pierre-Louis, destituída meses más tarde por el Senado, no mencionó a quienes o a qué iniciativa se refería. Aun sin saber quienes sustentan tan extraña tesis, puede concluirse que la ex jefa de gobierno exageró en su alocución. A veces estar cerca de los problemas no garantiza tener una buena perspectiva de ellos. Quizás Madame Pierre-Louis ya se ha dado cuenta de que a sus paupérrimos conciudadanos no les interesaba entonces de dónde venía la ayuda. Mucho menos ahora.

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