Honduras: el gran perdedor


Los resultados de las elecciones de ayer en Honduras confirman lo que más o menos se sabía: el depuesto presidente Manuel Zelaya no cuenta con el apoyo de la mayoría de sus conciudadanos. Más del 60% de los hondureños ejercieron su derecho a elegir su próximo presidente de forma pacífica a pesar de que Zelaya, desde su refugio en la embajada brasileña en Tegucigalpa, había pedido la abstención como forma de protesta contra unos comicios que considera ilegítimos.

Aun cuando la cifra de participación no fuera todo lo alta que indican los datos oficiales, es imposible falsear los números de votantes ante la mirada de los observadores extranjeros. Zelaya lo sabe pero insiste en desconocer una realidad que le es adversa. Lo ha hecho desde que los militares lo enviaron en un avión a Costa Rica en la madrugada del pasado 28 de junio.

Mal aconsejado, Zelaya se empeñará en que lo restituyan en el poder, aunque sea en lo que queda de su mandato presidencial que termina oficialmente el 27 de enero de 2010. Con más de medio país en contra, no parece que esa sea una opción viable. Los enemigos de Zelaya sospechan que su regreso sería algo así como un suicidio político. No les falta razón: ¿cómo confiar en alguien que se ha conducido con tanta negligencia?

El veterano político Porfirio Lobo tiene ahora ante sí la ingrata misión de dirigir un país profundamente dividido. Aunque se ha desmarcado de las actuales autoridades que desalojaron del poder a Zelaya, la minoría zelayista – una alianza de un sector del Partido Liberal y organizaciones políticas y sindicales de izquierda – parece tener el propósito de hacerle difícil la tarea de gobernar.

Sin embargo, el peligro para Lobo no viene tanto de los partidarios internos de Zelaya. Ellos por sí mismos no tienen la capacidad de desestabilizar el país. La amenaza podría venir de los valedores extranjeros del derrocado presidente, principalmente Hugo Chávez, que considera a Honduras como una plaza imposible de perder.

El interrogante es si Chávez estaría dispuesto a financiar una resistencia a largo plazo en Honduras a través de sus aliados en Nicaragua. De hacerlo, se expondría al peligro de un enfrentamiento con Estados Unidos que ya anunció su disposición a reconocer el nuevo gobierno hondureño. Es una posibilidad que a esta hora debe considerarse en Caracas.

Al final, el mayor perdedor en Honduras no es un político fracasado como Manuel Zelaya sino Chávez, que apostó fuerte por integrar ese paupérrimo país a su esfera de influencia. Los ganadores son, sin lugar a dudas, todos los hondureños que actuaron ayer con responsabilidad y sentido común.

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