Cuba pierde


Sucedió ayer en uno de los lugares más céntricos de La Habana. Una muchedumbre de partidarios del gobierno cubano zarandearon y lanzaron consignas para acallar al periodista Reynaldo Escobar, esposo de la bloguera Yoani Sánchez. Escobar se proponía pedir explicaciones a un agente de la seguridad del estado que según Sánchez la secuestró y agredió el pasado 6 de noviembre.

Este tipo de manifestaciones, los tristemente célebres “actos de repudio” que bien conocemos los cubanos, es un instrumento de las autoridades para impedir la más mínima expresión de disenso. Paradójicamente esta vez, más que nunca antes, la fuerza de una multitud desgañitada en consignas es muestra de debilidad. El gobierno y sus simpatizantes carecen de argumentos para justificar la falta de libertad de expresión. Recurren por lo tanto a los gritos y al maltrato de las turbas.

Lamentablemente se perdió una oportunidad para que los cubanos demostremos que somos capaces de un diálogo civilizado entre nosotros mismos, que podemos discrepar en privado y en público. Quienes autorizaron este torpe aquelarre político no sólo gastan su menguada imagen sino hacen perder a Cuba, como bien dice Reynaldo Escobar, ante los ojos del mundo.

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Del blog de Reynaldo Escobar:

Para empezar a perdonar

Pocas veces un crimen puede probarse al cometerse otro. A los que pusieron en duda que Yoani Sánchez fue golpeada por los esbirros de la seguridad del estado, a los que les pareció demasiado efectista una filmación donde se le ve andando con muletas y exigían documentos médicos, radiografías con fracturas, cicatrices y hematomas, a ellos, a todos los que dudaron, les pregunto si ya vieron las imágenes donde un cardumen de seres vivos vociferaba, golpeaba y escupía a un hombre que acudió a su cita puntualmente, a un hombre que solo pretendió obtener una respuesta.

Tuve una doble suerte, por una parte estaba la prensa extranjera filmándolo todo (ellos también cogieron sus ramalazos) y por otra sufrí menos la golpiza, porque una inesperada coraza de amigos* los recibió por mí. ¿Exigirán ahora certificados médicos?

El agente Rodney, o como se llame la persona a quien reté a un duelo verbal, perdió por no presentación, pero eso es ahora historia pasada. Perdió la Nación que se desacredita ante los ojos del mundo, y lo peor, perdió el pueblo, mi pobre pueblo, sobre el que quieren hacer caer la carga de fanatismo que ellos mismos alimentaron.

Al llegar a mi casa de regreso, la encontré llena de amigos, entre ellos al padre José Conrado que me dio un abrazo y un consejo que nunca olvidaré: “Perdónalos”

*Quiero citar especialmente al blogger Eugenio Leal, al opositor Silvio Benítez, al pastor Manuel Morejón y a la dama de blanco Mercedes Fresneda.

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