Caso Padilla: embajador británico recomendó prudencia

Como cubano crecido durante el gobierno de Fidel Castro, tuve que armarme el caso del escritor Heberto Padilla como un rompecabezas, una pieza aquí, otra allá. De escasas lecturas y de oídas. La primera vez que pude leer uno de los poemas “subversivos” de su libro Fuera del Juego fue cuando cayó en mis manos brevemente una revista austríaca durante mis años en la Universidad de La Habana. ¡Y era una traducción al alemán!

Por obvias razones, Padilla (1932-2000) sigue siendo un gran desconocido para la mayoría de los cubanos. Su arresto y mea culpa en 1971 tuvieron una adversa reacción entre numerosos intelectuales extranjeros que hasta entonces habían visto con simpatías a Castro. Basta citar a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Mario Vargas Llosa.

Recientemente encontré en el Archivo Nacional de Gran Bretaña, una carta del embajador británico en Cuba, Richard Sykes, al Foreign Office – el Ministerio de Relaciones Exteriores –  sobre Padilla. En su momento fue un documento confidencial pero desde hace varios años está a disposición del público. Es una evaluación personal del caso casi cuatro meses después de que comenzara la tormenta. Después de varios días de detención y una humillante autocrítica en la Unión Nacional de Escritores y Artistas, Padilla estaba en libertad pero condenado al ostracismo oficial. Sin embargo, al menos entonces, las autoridades no le habían prohibido el contacto con diplomáticos extranjeros. Después de hablar con Padilla en una recepción, el embajador aconsejó a su gobierno no sobredimensionar la importancia del caso. Para el diplomático británico, el escritor no parecía estar bajo coerción. Es una imagen distinta del hombre acosado y dado al alcohol que devino después, según dicen los que lo conocieron.

Sykes establece una relación entre el caso Padilla y el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura que inauguró un período de estricto control de los intelectuales conocido como el “quinquenio gris” en el que se marginó a escritores de la talla de José Lezama Lima y Virgilio Piñera.

La carta es una vista con perspectiva, la de un observador que toma distancia. Si bien no añade nada sustancialmente nuevo, puede ser un documento más para tener una idea más clara de este caso que marcó nuestra historia. Por su interés, he hecho una traducción:

Todos hemos leído aquí con mucho interés los comentarios en Occidente sobre el caso Padilla. Sabemos que el arresto de Padilla se debe a una orden del propio Castro y es una advertencia a los intelectuales que podrían inclinarse a ser demasiado críticos. Ellos, sin lugar a dudas, lo han entendido así.

De todas formas, creo que debemos tener cuidado en no exagerar el aspecto represivo en lo que publicamos. Tanto en la fiesta por el cumpleaños de la Reina (que celebramos aquí el 21 de abril) y en el Día Nacional de Canadá el 1ro de julio, los poetas Pablo Armando Fernández (un ex agregado cultural en Londres) y César López, ambos criticados por Padilla, estaban presentes, mezclándose alegremente con todo el mundo y conversando libremente con los diplomáticos occidentales. En segundo lugar, en la exhibición de la versión de Anthony Asquith de “La importancia de llamarse Ernesto” el 16 de julio, organizada por el representante del British Council, no sólo estaban presentes Pablo Armando Fernández y su esposa, sino también Padilla y su señora. A López se le invitó pero no vino. Tuve una larga conversación con Padilla (cuando hubo un apagón y esperábamos que se restableciera la corriente eléctrica para que continuara la exhibición de la película). Padilla parecía perfectamente dispuesto a hablar. Naturalmente, evité temas polémicos (hablamos, entre otras cosas, del tiempo que pasó en Londres como corresponsal de Prensa Latina y de la obra de Belloz (sic) y Chesterton). En ningún momento dio la impresión de ser alguien que ha sido intimidado.

Por supuesto, el régimen podría estar sorprendido por la cantidad de críticas en el extranjero y la reacción de aquellos que hasta ahora ha considerado como simpatizantes (es obvio que Castro estaba extremadamente molesto). Por eso las autoridades podrían haberse echado atrás un poco en privado. Supongo que también es posible que estén mostrando más flexibilidad. Permitirían que se sepa que estos intelectuales pueden mantener sus contactos occidentales para dar la apariencia de normalidad pero a sabiendas de que cualquier cosa que escriban será doctrinalmente ortodoxa. Cualquiera que sea el motivo, sería un error pensar que lo que hemos visto aquí es una especie de purga Zhdanov del mundo intelectual. En algún momento, parecía que habría una gran purga pero no sucedió. De todas formas, a los intelectuales se les ha hecho una advertencia y los han entrado en cintura. La Universidad de La Habana fue ciertamente otro objetivo. No hay duda de que este asunto tuvo una gran influencia en el “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura” (“y Cultura” se añadió al último minuto). La declaración final del Congreso refleja la situación y se supone que provea una guía ideológica dentro de la cual los intelectuales deben actuar en el futuro. En general, pienso que es posible que aumente la presión a los intelectuales y debemos darle amplia publicidad cuando suceda. Sin embargo, pienso que debemos evitar darle demasiada importancia al caso Padilla, por el momento en todo caso. De lo contrario, podría volverse en contra nuestra.

Mientras tanto, ha habido varios cambios en la dirección del Consejo Nacional de Cultura (subrayado en el original). Aunque uno de esos cambios se debe a la muerte de uno de sus miembros, el nuevo director del Consejo es el ex editor de la revista del Ejército, Verde Olivo. Es de suponer que sea de línea dura. También han sustituido al editor de Bohemia. Afortunadamente y a pesar de estos acontecimientos, pienso que no hay motivo para concluir que estos afecten directamente el trabajo del British Council. Como informamos en su momento, Boza (el viceministro del Ministerio de Relaciones Exteriores que tiene a su cargo Europa Occidental) le dijo a Tony Bullock (funcionario de la embajada británica) el 21 de abril que los comentarios de Castro sobre el “imperialismo cultural” no se refieren a los contactos culturales oficiales con Gran Bretaña y Europa Occidental los que, según dijo, el gobierno cubano ha decidido aumentar. Debemos entonces esperar lo mejor.

Nota al margen: El autor de esta carta, Richard Sykes, murió asesinado por el IRA cuando se desempeñaba como embajador en Holanda en 1979.

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