Secretos y verdades

La revelación de Juanita, hermana de Fidel y Raúl Castro, sobre sus servicios a la CIA ha decepcionado a aquellos que esperaban un verdadero secreto de familia. Que la agente Donna (tal el nombre de la Sra Castro) haya conspirado contra el gobierno de sus hermanos es irrelevante a estas alturas. Además, no parece que haya pasado ninguna información de valor a los servicios de inteligencia estadounidenses. En fin, no culpo a los que creen que han sido víctimas de un montaje publicitario antes de la publicación del libro “Fidel y Raúl, mis hermanos“, a la venta desde este lunes.

Debo concluir que el espacio que le concedemos a la publicación de esas memorias denota la ausencia de auténticas noticias desde o sobre Cuba. Por lo menos de las realmente importantes, que indiquen que aquella isla sale de su marasmo.

De vez en cuando, suenan falsas alarmas. Algunas veces las echan a andar quienes pasan por sagaces observadores. Ellos creen ver una y hasta dos golondrinas pero, invariablemente, la realidad prueba la regla de que hacen falta muchos más indicios para anunciar el verano.

Entre lo poco que de vez en cuando reconforta es saber que en los últimos tiempos cada vez hay más cubanos que son capaces de exponer su visión de un país mejor, aun cuando hacerlo conlleve un riesgo. Los editoriales de Dagoberto Valdés en Convivencia, las entradas de Yoani Sánchez en su blog Generación Y y las recientes catarsis por email de los actores Armando Tomey y Luis Alberto García son señales que demuestran que ha prendido un espíritu genuinamente crítico en la sociedad cubana y que no teme al poder.

Vale destacar que las voces por el cambio se escuchan también con insistencia desde la Iglesia Católica. Recientemente, el padre Carlos Manuel de Céspedes publicó un enjundioso artículo en el que llama por el respeto a la pluralidad y a transformaciones que se reflejen en la Constitución. En el mismo tono de respetuosa exhortación, la revista Palabra Nueva, se pronuncia en su edición de octubre a favor de un mayor espacio para la iniciativa privada.

Aunque en Cuba no faltan ahora quienes dicen sus verdades, el gobierno no parece estar dispuesto a emprender los cambios esenciales y necesarios que mejorarían sustancialmente el nivel de vida material y espiritual de los cubanos. Queda entonces esperar, seguir esperando, un milagro.

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