Desempolvando historia de Cuba en Londres (II)

National Archives 23_11_09 056

El pasado 16 de septiembre (hacer click aquí) anuncié que escribiría sobre un revés para la causa de la independencia de Cuba, bien documentado en el Archivo Nacional británico. Es deuda que cumplo hoy.

Los hechos ocurrieron un año después de que Carlos Manuel de Céspedes diera comienzo a la primera guerra de los cubanos contra España. En octubre de 1869 las autoridades de las Bahamas, por entonces una colonia de la corona inglesa, frustraron un intento de llevar ayuda en armas y municiones a los insurrectos en la Isla. Celoso cumplidor de sus leyes coloniales, el gobernador del archipiélago ordenó la incautación de los pertrechos y del barco que los llevaba a Cuba.

Los documentos que se conservan en Londres muestran las difíciles circunstancias en que se vieron los responsables de la expedición y las maniobras de los representantes de la república en armas para impedir su fracaso.

La historia comenzó cuando el vapor Lilian, rebautizado como Céspedes por los cubanos, se acercó a un cayo de las Bahamas procedente de Estados Unidos para recoger hombres y armamento y aprovisionarse del carbón necesario para seguir la travesía.

Al enterarse de la proximidad del Céspedes, el gobernador británico Sir James Walker despachó un barco de patrullaje para que le advirtiera que violaba las leyes del territorio. Al mismo tiempo, los representantes cubanos en Nassau, Loynaz y Turnell, solicitaron a Walker que autorizara la partida de un cargamento de carbón con destino “a Santo Domingo”. El plan era proveer a la nave de combustible en alta mar.

Walker, quien sospechaba de los cubanos, denegó la solicitud y ordenó la detención del Céspedes por presuntamente infringir las leyes de la colonia, llevar documentación falsa y no llevar bandera reconocida. No valió que el capitán Francisco Harris se identificara a sí mismo y a su tripulación como ciudadanos de la república de Cuba.

Tras examinar las acusaciones, el Fiscal General de las islas dictaminó que el Céspedes no había violado ninguna ley. Poco después, Walker decidió dejarle ir a condición de que no tuviera comunicación con tierra. Al mismo tiempo, Turnell y Loynaz solicitaron al gobernador que les permitiera poner 200 toneladas de carbón a bordo y llevar hombres que estaban en la costa a los que identificaron como oficiales. El permiso fue denegado.

Ante la rotunda negativa del gobernador británico, el capitán Harris tuvo que utilizar la madera de las paredes de los camarotes como combustible para seguir viaje. Los cubanos, dispuestos a cumplir su misión, intentaron reabastecerse de carbón no muy lejos de las costas de las Bahamas.

Los representantes de la república en Nassau finalmente habían logrado que se autorizara la salida del cargamento del combustible para La Española en el barco Tryphena. El plan era transferir el carbón al Céspedes en alta mar. Cuando estaban a punto de hacerlo, aparecieron dos barcos de guerra enviados por el gobernador Walker. El vapor Céspedes fue detenido. Para evitar cualquier intento de fuga, el gobernador ordenó que se retiraran piezas de la maquinaria de la nave.

Los cubanos y simpatizantes de otras nacionalidades que los acompañaban en la expedición, unos 336 en total, fueron desarmados. El capitán Harris y otros oficiales debieron esperar para que terminara el proceso legal contra ellos que no concluyó en condenas de cárcel. A otros de los hombres se les permitió regresar sin demora a Estados Unidos.

El destino del Céspedes se decidió en subasta pública en 1870. Una persona identificada en los documentos del caso como el agente cubano “Sr Castillo”, ofreció 1041 libras esterlinas, 13 chelines y 4 peniques (el equivalente a casi 76 mil dólares estadounidenses en la actualidad). Sin embargo, la oferta quedó muy debajo de las 3000 libras ( 217 mil 860 dólares) que ofreció el cónsul español A. Costa.

Muchos de los pormenores de este desafortunado capítulo de la Guerra de los Diez Años se encuentran en una carta que escribió el gobernador Walker al cónsul británico en funciones en La Habana, John Crawford, el 31 de octubre de 1869.

El alto funcionario no esconde su desprecio por los detenidos. “Mi gran dificultad está ahora, por supuesto, en deshacerme de estas personas…No puedo tener la responsabilidad de enviarlos a otro lugar a inflijir el mal que quiero eliminar en esta colonia…”, dice en su correspondencia al diplomático británico en Cuba, a quien pide que informe en detalle al Capitán General Antonio Caballero Fernández de Rodas.

El expediente del caso “Lilian alias Cespedes” guarda también las cartas del capitán Harris al gobernador, la constancia escrita de una protesta de los oficiales, soldados e infantes de marina por haberse arriado la bandera cubana en el barco, una proclama y billetes de 1, 10 y 50 pesos de la república en armas.

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