Desempolvando historia de Cuba en Londres

Documents National Archives 030

El Archivo Nacional británico me ofreció ayer la oportunidad de hojear algunos documentos originales de la historia de Cuba que revelan detalles poco conocidos de la toma de La Habana por los ingleses en el siglo XVIII y de un episodio poco feliz de la primera guerra de los cubanos contra España ocurrido en 1869.

Las cartas del comandante de la expedición británica, el conde de Albemarle, al conde de Egremont, Secretario de Estado del Departamento Sur* (con las responsabilidades de un actual ministro de Relaciones Exteriores y un ministro del Interior) muestran lo difícil que fue la captura de La Habana y las molestias que le causó el entonces obispo de La Habana, Pedro Morell de Santa Cruz por no querer someterse a sus exigencias.

Los ingleses desembarcaron en Cuba el 6 de junio de 1762. Cuarenta y siete días más tarde, el conde de Albemarle escribió al ministro:

Conducimos el asedio del Fuerte del Morro con el mayor vigor que una sucesión de dificultades y contrariedades no han hecho disminuir y que solamente menciono para dar al Ejército y la Marina el mérito que merecen al enfrentarlas y vencerlas.

La misiva de George Keppel, que tal era el nombre del conde de Albemarle, manifiesta el deseo de un funcionario que trata de quedar lo mejor posible ante sus superiores en caso de un fracaso de su misión:

Las crecientes enfermedades de los soldados, el calor intenso del clima y la proximidad de la estación de lluvias son circunstancias que me impiden ser demasiado optimista sobre nuestro futuro éxito en tomar la ciudad, particularmente cuando no tenemos noticias de los refuerzos americanos…

Ese mismo día, el 13 de julio, Albemarle pone su firma a una lista de muertos, heridos y desaparecidos, clasificados por oficiales, tamborileros y soldados. Hasta esa fecha, habían muerto 191 británicos, 370 habían sido heridos y se desconocía el paradero de otros 120.

Al llegar a Cuba, Albemarle había publicado una proclama dirigida a las autoridades españolas y a la población de la Isla.

Documents National Archives 036

El bando, en español de la época, conmina a la capitulación con una clara amenaza:

Por Quanto Haviendo venido de orden del Rey Mi Amo con las Fuerzas que son constantes sufficientes no solamente a la Conquista expresada: mas á Paises mucho mas fuertes y llegado con las mayor Felicidad a estas Partes de mañera que me hallo en estado de ampararme por la Fuerzas de las Armas de la Ciud. de la Havana y de destruir y arruinar todo este Pais mas siguiendo el Magnanimo y Piadoso Corazon del Rey mi Amo qui no quiere hazer infelizes los Innocentes y que no los mira como sus Enemigos, si no se se arman contra sus Tropas, antes bien los quiere tratar con el mismo Amor y Protección que a sus mismos Vasallos. Hago notorio a Todos los estantes y habitantes de la Ciud. de la Havana y su Jurisdicción lo expresado y en esta Inteligencia les ofresco dexarles en la entera Posecion de todos sus Bienes Raizez…y en la Libre Exercicio de su Relixion Publicamente como lo han acostumbrado siempre que el Governador no me oblige con una Temeraria Defensa a tomar medidas tan fuertes que me sea Posible suxetar el ardor de la Tropa Venzedora ni escusar el Pillaxe

El gobernador al que se refería Albemarle era Juan de Prado, el capitán general español, que no tuvo otro remedio que rendirse a pesar de la tenaz resistencia del capitán de la guarnición de la fortaleza del Morro, Luis de Velasco, y los milicianos cubanos de Pepe Antonio en el poblado de Guanabacoa.

La única oposición a la dominación inglesa que preocupó a Albemarle vino del obispo Morell de Santa Cruz. El religioso se negó a ceder uno de los templos de la ciudad para el culto protestante, pagar tributos de guerra y entregar una lista de clérigos.

Tanto incomodó el obispo a Albemarle que este lo desterró a la Florida. El gobernador inglés no oculta su satisfacción con la medida en una carta al ministro Egremont con fecha de 4 de noviembre de 1762.

El Obispo de Cuba me dio al fin una buena Excusa para sacarlo de esta Isla y del Gobierno de la Iglesia, un Hecho que hace mucho tiempo deseaba porque lo consideraba un hombre muy peligroso aquí.

Ha aprovechado cualquier oportunidad para ser problemático e impertinentemente litigioso en cada asunto que tuve que tratar con él.

El obispo regresó a Cuba en mayo de 1763, después de que Albemarle dejara La Habana en manos de su hermano William Keppel, quien escuchó los pedidos de clemencia de los habitantes de la ciudad.

Dos meses más tarde, se ponían en práctica los términos del Tratado de París en cuanto a Cuba. Los ingleses devolvieron la parte occidental de la isla a España que, a su vez, cedió la Florida a Inglaterra.

Al regresar a su patria, el gobernador W. Keppel lleva consigo, entre otros documentos, el comunicado oficial del rey Jorge III sobre el fin de la dominación inglesa en Cuba, que también se conserva en las bóvedas del Archivo Nacional.
Documents National Archives 038

En una próxima entrada escribiré sobre los documentos que dan cuenta de un revés de los cubanos en la lucha por la independencia en el que los británicos se vieron involucrados.

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* El Secretario de Estado del Departamento Sur se encargaba de los asuntos de gobierno en el sur de Inglaterra, Gales, Irlanda, las colonias de América y de las relaciones con los países de religión católica y musulmana de Europa.

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