Sobre Afganistán, Japón, Turing y lesbianas felices


Cuatro noticias hoy llaman mi atención. Aviso de entrada que no hay ningún vínculo entre ellas, no sea que alguien me acuse de prometer algo en vano.

La primera llega de Afganistán, ese frente de batalla que es más que militar. Se trata de la admisión de que la estrategia de Estados Unidos en ese país no está funcionando.

No lo dice el Talibán o alguno de los muchos críticos de Washington, ni siquiera aliados de la OTAN como Gran Bretaña que ponen recursos y, lo que más duele, muertos en esa guerra. El reconocimiento de que la campaña contra la insurgencia afgana no es eficaz viene, nada más y nada menos, que del mismo comandante de las fuerzas militares de Estados Unidos en Afganistán, el general Stanley McChrystal. Según la BBC, el alto oficial cree que la incapacidad para derrotar al Talibán se debe a que el pueblo afgano no ve una mejoría en su situación.

El nostra culpa del general no sorprende porque es sabido que la población de Afganistán está descontenta por la falta de seguridad y de empleos. Esos fueron los principales motivos que alejaron a muchos votantes de las urnas en las polémicas elecciones presidenciales del pasado 20 de agosto.

Para McCrystal, proteger a la población del Talibán debe ser la prioridad. El militar también se refirió a la desocupación laboral, no para la población afgana en general sino para los rebeldes. En su opinión, un 60% del problema se resuelve con empleos.

Cuán receptivos sean los políticos en Washington y sobre todo, el presidente Barack Obama como comandante supremo de las fuerzas armadas de Estados Unidos, a la recomendación de McCrystal es una incógnita. Aunque Obama parece estar convencido que la guerra de Afganistán no se puede perder, ¿estaría dispuesto a enviar más soldados y gastar más dinero en un conflicto que según las últimas encuestas es cada vez más impopular entre los estadounidenses?

Japón parece entrar en una nueva era con el triunfo del opositor Partido Democrático en las elecciones de ayer. Detrás quedan casi 54 años de gobiernos ininterrumpidos del Partido Liberal Demócrata para alivio de muchos japoneses descontentos con el estancamiento económico de su país.

El líder del Partido Demócratico, Yukio Hatoyama, tiene despejado el camino para los cambios que ha prometido al contar con una amplia mayoría en el parlamento. Una de sus propuestas es aumentar los gastos del sistema de seguridad social, a pesar de la enorme deuda pública de Japón y una población de mayor edad. Es uno de los grandes retos que tiene ante sí el nuevo primer ministro, que viene de una familia de políticos. Su abuelo fue premier y su padre, canciller.

A pesar de que los problemas de Japón me son ajenos, no puedo dejar de sentir satisfacción por los resultados de las elecciones. Es el mismo sentimiento que cuando terminaron casi 70 años de gobiernos del PRI en México. Los pueblos quieren y eligen, los gobernantes cambian.

Aquí en Gran Bretaña, miles de personas han firmado una petición(hacer click aquí)para que el gobierno se disculpe ante un muerto, un genio, Alan Turing.

Turing, que era matemático, tuvo el mérito de descifrar el código secreto que usaban los militares de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1952, Turing fue llevado a juicio por el delito de “indecencia grave” después de confesar sus relaciones sexuales con un hombre. Como castigo se le ofreció escoger entre la cárcel o un tratamiento de castración química con inyecciones de estrógeno para reducir su libido.

De más está decir que Turing no pudo volver a trabajar para el gobierno. En 1954 el hombre al que se considera el padre de la computación se suicidó con una cápsula de cianuro.

Aunque se han recogido más de 12 mil firmas, entre ellas la mía, los mismos promotores de la disculpa consideran que esta es improbable. El objetivo es en todo caso que se reconozca la contribución de Turing, víctima del prejuicio, al mundo en que vivimos.

La despenalización de las relaciones sexuales entre varones llegó demasiado tarde para Turing. La ley cambió en Inglatrerra y Gales sólo en 1967, trece años después de su muerte. Desde entonces las minorías sexuales lograron mucho más en este país. Gays y lesbianas pueden alistarse en las fuerzas armadas desde el 2000, formar uniones civiles desde 2005 y adoptar niños desde 2002.

El último de los cambios en la ley favorece a las parejas de lesbianas que, a partir de ahora, pueden registrar sus dos nombres en el certificado de nacimiento de hijos concebidos como resultado de tratamientos de fertilidad. El derecho se extiende también a mujeres homosexuales que no hayan formado uniones civiles.

Las críticas no se han hecho esperar. Un comentario de la diputada laborista Geraldine Smith puede resumirlas: “tener una partida de nacimiento con dos madres y ningún padre es una locura”.

El contraargumento de la organización homosexual Stonewall es que se trata de una cuestión de igualdad porque las lesbianas que quieran formar familia tendrán acceso a todos los servicios del Estado que financian con sus impuestos como ciudadanas británicas.

Qué polémica.

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