Hooligans: nuevo brote de la "enfermedad inglesa"


El hooliganismo, ese baldón nacional conocido también como “la enfermedad inglesa”, reapareció en Londres esta semana para consternación de las autoridades y los medios de comunicación, que creían que los peores casos de violencia en el fútbol británico eran asunto del pasado.

La desagradable sorpresa se debe a que desde los años ochenta no se registraban incidentes tan serios como los ocurridos en el estadio de Upton Park, en el este de la ciudad. Allí, partidarios de los clubes West Ham United y Millwall se enfrentaron en una batalla campal en la que un hombre resultó herido con arma blanca. La policía, a pie y a caballo, pudo contener a duras penas a los hinchas más bravucones en medio de una lluvia de botellas y otros objetos.

Los diarios claman ahora por una sanción ejemplarizante de los culpables de la violencia, algunos de los cuales son fácilmente identificables en fotos y videos. Uno de los castigos que se sugiere es prohibirles asistir de por vida a los juegos de fútbol. Es algo así como la pena donde más duele.

Castigo

El escarmiento es lógico pero no resolverá un fenómeno que persiste y que, en sus peores manifestaciones, puede aflorar con fuerza como sucedió en Upton Park. Un remedio más efectivo sería atender las múltiples causas de la violencia asociada al fútbol, que han sido estudiadas de manera exhaustiva por historiadores y sociólogos desde los años sesenta del siglo pasado.

La percepción tradicional es que el hooligan es un hombre de clase obrera sin muchas oportunidades de progresar en la escala social. Se tiende a creer entonces que al estar entre sus pares, el hincha manifiesta su frustración en actos de violencia. El asunto es, por supuesto, mucho más complejo.

Para quienes han estudiado el hooliganismo, un factor a tener en cuenta es la necesidad de identificarse con un grupo. Tal es la conclusión Paul Gow y Joel Rookwood, de la Cátedra de Estudios del Deporte de la Universidad Hope de Liverpool. Uno de sus entrevistados les dijo a los investigadores: “cuando los muchachos se juntan, algunos quieren ser violentos y algunos lo hacen para parecer duros frente a sus amigos”.

Consejo

Es una realidad que conoce bien Dougie Brimson, autor de varios libros sobre la violencia en el fútbol, ex hooligan y veterano de las guerras de las Malvinas y del Golfo. En su libro March of the Hooligans: Soccer’s Bloody Fraternity, publicado en 2007, Brimson señala que los hinchas violentos dejarán de serlo por la actitud firme de sus pares, tal como sucedió con los seguidores del fútbol escocés conocidos como el Tartan Army.

La recomendación de Brimson, que no es un antídoto para el hooliganismo, bien podría ser tenida en cuenta por los hinchas del West Ham y el Millwall, protagonistas de los recientes actos de violencia. Es una receta que también deberían intentar clubes en otras partes del mundo porque en definitiva esta enfermedad no es única y exclusivamente inglesa.

Erradicar de una vez y por todas los disturbios y el vandalismo en el fútbol es una tarea a largo plazo y de fin incierto. Sin embargo, la máxima autoridad del deporte en Inglaterra, la Asociación de Fútbol, tiene que actuar con urgencia si desea que la Copa Mundial se celebre en casa en 2018.

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