Aung San Suu Kyi: ¿Mandela de Birmania?

Aung San Suu Kyi

Dieciocho meses más de arresto domiciliario.

Esa es la condena que un tribunal de Birmania emitió contra la líder opositora y Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

La junta militar que gobierna ese país del sureste de Asia parece empeñada en castigar una y otra vez a esta frágil mujer de 64 años.

Aung San Suu Kyi, quien ganó las elecciones de 1990 pero nunca llegó a la presidencia, ha pasado 14 de los últimos 20 años bajo arresto.

En esta ocasión se le acusó de violar las condiciones de su detención domiciliaria por permitir que un ciudadano estadounidense, John Yettaw, visitara su residencia en Rangún.

En mayo de este año, Yettaw, llegó a la casa de Aung San Suu Kyi después de nadar en un lago, a fin de burlar la vigilancia de los guardianes de la líder de la Liga Nacional por la Democracia.

Por su imprudencia, Yettaw fue condenado a siete años de cárcel, cuatro de ellos de trabajo forzoso.

Este hombre dio a los militares un pretexto para prolongar la detención de Aung San Suu Kyi.

“Motivo”

El verdadero motivo de la condena a la líder birmana, según sus partidarios, es impedirle que participe en las elecciones generales de 2010.

Algunos observadores creen que la pena impuesta a la dirigente opositora podría haber sido mucho más severa.

Con optimismo, esbozan la idea de que esta sufrida mujer emergerá como un Nelson Mandela para llevar a Birmania por el camino de la reconciliación.

Aung San Suu Kyi podrá tener las virtudes de Mandela, al que lo asemeja su estoica apuesta por la reconciliación a pesar de una cárcel injusta.

Sin embargo, el paralelo tiene sus límites.

Condiciones diferentes

Es cierto que los militares birmanos son objeto de sanciones y críticas, sobre todo de parte de Occidente, pero éstas no son comparables al aislamiento internacional al que se vio sometido el régimen del apartheid en Sudáfrica.

La junta militar que preside el general Than Shwe está muy lejos de la asfixia económica.

Mientras la mayoría de la población birmana malvive, la clase gobernante se financia con la venta de rubíes, perlas, zafiros y jade.

La economía birmana también tiene una multimillonaria fuente de ingresos en la producción y tráfico de drogas.

Birmania, el segundo productor mundial de opio, integra con Laos y Tailandia el llamado Triángulo Dorado del sureste de Asia.

No hay ninguna posibilidad de que se organice un cierre de fronteras o una paralización del comercio que haga que los militares birmanos entreguen pacíficamente las riendas del poder y regresen a sus cuarteles.

De todas formas, la junta prefiere curarse en salud porque, después de tantos años de detención, sabe que Aung San Suu Kyi todavía arrastra pueblo.

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  1. Sobre Aung San Suu Kyi « El blog de Fernán González

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