Corea del Norte: ¿más que un golpe de efecto?

El ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton tiene motivos para sentirse satisfecho.

Durante su visita a Corea del Norte esta semana, el presidente Kim Jong-il indultó a dos periodistas estadounidenses condenadas a 12 años de cárcel por entrar ilegalmente en territorio norcoreano.

Devolver estas dos mujeres a sus familias, que las esperaban con ansiedad en el aeropuerto de Los Angeles, es un acto de humanidad que se corresponde a otras misiones emprendidas por el ex mandatario.

El mérito, sin embargo, acaba ahí.

Clinton no hizo gala de sus dotes de negociador con los norcoreanos para lograr que se pusiera en libertad a Laura Ling y Euna Lee.

Simplemente aceptó ir a Pyongyang a sugerencia de Corea del Norte, después de los pedidos de clemencia del gobierno estadounidense.

Su sorpresivo viaje parece ser una astuta jugada de Kim Jong-il.

Contexto

Es interesante que la liberación de las dos reporteras se produjo después de un fuerte intercambio de epítetos entre norcoreanos y estadounidenses sobre lo que más preocupa a Washington, la amenaza militar que representa Pyongyang.

Hillary Clinton había calificado a los norcoreanos de comportarse como niños pequeños en el tema nuclear.

Los norcoreanos, ofendidos, respondieron que la Secretaria de Estado parecía a veces una “niña de primaria” y otras una “pensionista que va de compras”.

Es en esa atmósfera enrarecida de insultos que al presidente Kim Jong-il se le ocurre sugerir que Bill Clinton fuera a Pyongyang.

Gesto

Durante unas horas el mundo vio en sucesión las imágenes de Clinton llegando al “reino ermitaño”, entrevistándose con su enigmático presidente y regresando con Ling y Lee.

Kim Jong-il logró así un tremendo golpe de efecto, del que sale como un líder magnánimo.

El mandatario norcoreano quiere negociar directamente con Estados Unidos y al más alto nivel. Hacer venir a Bill Clinton a Pyongyang, aun en gestión personal, es un paso en esa dirección.

La reacción inicial del gobierno estadounidense ha sido reiterar su posición de que Corea del Norte debe poner fin a su programa nuclear de una vez y por todas.

Cabe preguntarse si el Querido Líder estaría dispuesto a hacer un gesto que sea más que un golpe de efecto.

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