Irán: bendición y sanciones


Mahmoud Ahmadineyad recibió hoy la aprobación del Líder Supremo de Irán, Alí Jameneí, para un segundo período en la presidencia que comenzará después de su investidura este miércoles.

Esta suerte de bendición era una mera formalidad. Nadie esperaba lo contrario.

Ahmadineyad es un hombre muy cercano a Jameneí aunque en los últimos días se habló de un cierto disgusto del Líder Supremo por el nombramiento de un vicepresidente con ideas conciliatorias hacia los israelíes.

Todo parece haber sido un desacuerdo pasajero. Ahmadineyad, como buen pupilo, cumplió las órdenes del guardián de la pureza de la república islámica.

En la ceremonia de hoy, Ahmadineyad, reverente, quiso rendir homenaje con un beso en el hombro del ayatola, un gesto que por un segundo no entendió el religioso.

No hay mucho que interpretar de la deliciosa confusión, en la que la mano de Ahmadineyad pareció por un momento enredarse en el manto de su superior.

A los efectos propagandísticos del régimen, la ceremonia puede servir para mostrar que hay unidad en el campo conservador de donde le han venido críticas al controvertido presidente en los últimos días.

Como era de esperar, cuatro importantes figuras de la oposición no asistieron al acto: los ex presidentes Alí Ajbar Rafsanjani y Mohamad Jatamí y los candidatos a las diputadas elecciones presidenciales de junio, Mir Hossein Musaví y Mahdi Karrubí.

Por el momento, quienes tienen las riendas del poder en Irán intentan no perder la iniciativa.

El juicio de más de 100 opositores que comenzó el fin de semana tiene el objetivo de amedrentar a los cuatro ausentes de la ceremonia que son los que pueden convocar a futuras protestas.

Uno de los procesados, que fue vicepresidente de Jatamí, ya entonó un mea culpa en el que confesó que las acusaciones de fraude fueron fabricadas y que Jatamí y Rafsanjani urdieron un plan para poner en marcha una “revolución de terciopelo”.

Algunos de los acusados podrían ser condenados a muerte o a largas penas de cárcel.

Sanciones

El gobierno iraní necesita estabilidad interna a toda costa cuando se avecinan más presiones desde el exterior por su programa de enriquecimiento de uranio.

Estados Unidos desea que la ONU imponga sanciones a Teherán, entre ellas la prohibición del envío de derivados de la producción de petróleo como gasolina, kerosene y diesel.

Irán, uno de los principales exportadores de crudo, no tiene suficientes refinerías para cubrir todas sus necesidades de combustibles.

Los estadounidenses proponen también que se limiten las importaciones de petróleo y gas desde Irán y las inversiones en su industria energética.

Curiosamente, las sanciones podrían venir como anillo al dedo para el régimen iraní.

La “agresión externa” le serviría para consolidar el apoyo interno en una población profundamente dividida por la reelección de Ahmadineyad.

Es todo un reto para el gobierno de Obama.

Deja un comentario

¿Y usted qué opina?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Categorías

  • Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

  • El autor en Twitter

  • Follow Cuba y otras obsesiones on WordPress.com
A %d blogueros les gusta esto: