Cuba: tierras y paliativos


Raúl Castro, presidente de Cuba, hizo un llamado a acelerar la entrega de tierras ociosas a quienes desean cultivarlas como forma de ahorrar miles de millones de dólares que ahora se destinan a la importación de alimentos.

“¡La tierra está ahí, aquí están los cubanos, veremos si trabajamos o no, si producimos o no, si cumplimos nuestra palabra o no! No es cuestión de gritar Patria o Muerte, abajo el imperialismo, el bloqueo nos golpea y la tierra ahí, esperando por nuestro sudor”, dijo Castro en la ciudad de Holguín al celebrar el quincuagésimo sexto aniversario del ataque al Cuartel Moncada el pasado 26 de julio.

El actual mandatario cubano señaló además que el uso de terrenos apropiados para la agricultura cerca de ciudades y pueblos serviría para garantizar la alimentación en caso de que “faltara el combustible en este mundo tan cambiante y alocado”.

No hubo referencias a las relaciones con Estados Unidos o a otras reformas, como el levantamiento de las restricciones para viajar al exterior, una medida solicitada por un gran número de cubanos cuando hace más de dos años su gobierno los instó a expresarse sobre los problemas del país.

Urgencia

Con el estilo directo que lo caracteriza y un mínimo de retórica, Castro prefirió hacer énfasis en un asunto que, en sus palabras, es una prioridad estratégica.

La urgencia se debe a que Cuba no se puede seguir dando el lujo de importar el 80 por ciento de los alimentos que consume la población.

A la deuda externa de más de 17 mil millones de dólares se añade ahora la dificultad de conseguir más créditos debido a la crisis financiera mundial.

El gobierno de Cuba pretende incrementar la producción agrícola mediante la entrega de tierras que comenzó hace poco más de un año.

Sin embargo, como reconoció Castro, el proceso ha sido insuficiente: sólo el 39% de los terrenos baldíos han sido entregados en usufructo.

Dudas

La iniciativa por sí misma no parece que resolverá la dependencia de Cuba de las compras de alimentos en el extranjero.

Los testimonios que llegan de la isla indican que para incrementar la producción se necesitan también más créditos y menos restricciones en cuanto a la extensión de los terrenos.

Dada la experiencia de otros países con sistemas políticos semejantes al que existe en Cuba, la formación de microempresas también podría contribuir a hacer más eficiente el sector agrícola.

La cuestión de fondo es que se requieren reformas económicas muchas más profundas más allá de la agricultura que estimulen la productividad.

Mientras eso no suceda, la concesión de tierras tiene todos los visos de un paliativo.

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