Un gobierno con los días contados

Me refiero al de Gran Bretaña.

Hemos entrado en la cuenta regresiva del relevo en Downing Street que vendrá en junio del año próximo, si su actual inquilino, Gordon Brown, espera hasta la fecha límite para convocar a elecciones generales.

El período final de este gobierno laborista lo marca el presupuesto presentado ayer por el Ministro de Economía Alistair Darling que indigna a algunos y a otros nos deja escépticos.

El problema mayor de Darling y del actual gobierno es que pocos creen que la economía comenzará a enderezarse a finales de este año.

Lo contradice el Fondo Monetario Internacional que, en lugar de preveer un crecimiento de 1.25% para 2010, cree que la actividad económica andará en números negativos, un 0.4%.

Una gran diferencia.

El impuesto de 50% a quienes ganan más de 150 mil libras al año (218,614.66 dólares al cambio de hoy) es considerado como el fin del neolaborismo, la transformación del Partido Laborista que impulsaron por Tony Blair y Gordon Brown.

El neolaborismo se definía entre otras cosas por su oposición a gravar la riqueza.

El cambio de política en el Partido a mediados de la pasada década fue lo que le ganó el favor de los empresarios, factor para volver al poder en 1997.

El asunto es que al gobierno actual no le queda más remedio que buscar dinero en cualquier parte.

Ya parece además que no importa porque la batalla en las urnas está perdida.

Aunque en este país se dice que una semana es largo tiempo en política y todo puede pasar, muy poco podría revertir la suerte del Partido Laborista.

No hay que lamentarse porque hace mucho que este gobierno está varado y, míresele como se le mire, es el responsable del mayor endeudamiento público de toda la historia de Gran Bretaña.

A las democracias, ese sistema imperfecto, le hace falta el cambio, gente nueva con nuevas ideas.

Lo que preocupa es que la alternativa no está a la altura de las circunstancias.

Como he dicho en otra ocasión, el líder del Partido Conservador, David Cameron, y su equipo no convencen.

Durante esta crisis económica se han limitado a quejarse de que el gobierno gasta sin piedad y nos mete en un hueco mayor.

No hay nadie en la oposición que ni de lejos se acerque a lo que fue Tony Blair en 1997, la alternativa creíble a un gobierno conservador desgastado y desprestigiado.

Así estamos.

Voté hace 12 años, como lo hicieron millones en este país por el cambio.

Votar en las próximas elecciones, sean cuando sean, es tiempo perdido.

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