Oprobioso Afganistán

Muchos creíamos que con la invasión de Afganistán, el deleznable e infame régimen del Talibán, esos retrógrados, asquerosos, mentecatos, zarrapastrosos cavernícolas que se consideran tocados por la gracia de Alá, había llegado a su justo fin.

Todo lo contrario.

Una de las desilusiones mayores para quien tenga algo de inteligencia es el ver como esta plaga se replegó en cuevas y reductos montañosos.

Amparados y estimulados desde Pakistán, ese otro desastre, han vuelto a hacer de las suyas.

Hoy, por ejemplo, el diario The Guardian nos dice que dos jóvenes amantes, hombre y mujer, fueron fusilados públicamente frente a una mezquita.

Sus padres los entregaron a la milicia para su escarmiento.

El hecho ocurrió en la provincia suroccidental de Nimroz el lunes.

Los asesinados son Guy Pecha, que no había cumplido aún los 20 años, y su novio Abdul Aziz, de 21.

Su pecado fue haber planeado huir a un pueblo cercano para comenzar una nueva vida sin el permiso de sus padres.

La edición digital del diario británico cita a Ghulam Dastageer Azad, gobernador de Nimroz, quien afirmó que la ejecución de la pareja es “contraria al Islam, la ley y la Constitución”.

Sus palabras reflejan la incapacidad de las autoridades afganas para imponer la legalidad en las zonas donde el Talibán campea, más o menos, por sus respetos.

Estos energúmenos aterorizan a la población con ejecuciones y amputaciones si no cumplen con sus estricta interpretación de la religión musulmana.

(Engels, en parte tenías razón)

El Talibán niega haber ejecutado a los jóvenes pero lo que dijo uno de sus portavoces es suficiente para darse cuenta de que el asesinato es obra suya.

El vocero, Qari Yousuf Ahmadi, afirmó que “es malo que esta gente escapara de sus casas sin permiso y es correcto que hayan sido castigados de acuerdo con la ley de la Sharia”.

Huelga decir que es un oprobio que esto continúe ocurriendo en pleno siglo XXI.

Eso, sin embargo, es de esperar donde imperan estos semianalfabetos embrutecidos por el atraso.

Lo que es preocupante es que en el territorio que “liberaron” Estados Unidos, Gran Bretaña y otros aliados los avances sean casi simbólicos y en muchos casos susceptibles de retroceso.

Tomemos por ejemplo la ley de derechos de la minoría chiíta que aprobó recientemente el parlamento afgano, según la cual en el matrimonio las mujeres están obligadas a mantener relaciones sexuales con sus esposos, incluso contra su voluntad.

Es una forma de consagrar la violación en la ley.

Una manifestación de mujeres salió ayer a las calles de Kabul para expresar su descontento y entregar una petición ante el poder legislativo.

Las esperaban un grupo de contramanifestantes, todos hombres, que les lanzaron piedras, las escupieron e insultaron con frases como “perras anti-islámicas”.

La ira de los retrógrados no se detiene ahí. A comienzos de semana, una de las principales activistas por los derechos de las mujeres fue asesinada en su casa.

Los acontecimientos de esta semana en Afganistán confirman la necesidad que tiene Occidente de ganar la guerra contra las fuerzas del oscurantismo como sea.

Abandonar los afganos, ceder los poquísimos espacios de libertad a la barbarie, no deber ser nunca ni una remota opción.

Aunque sea para que jóvenes como Guy y Abdul Aziz tengan el derecho a la felicidad sin el temor a perder la vida.
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