Ganadores y perdedores

Anoche fui al centro de Londres para una breve incursión en la Deutsche Welle, informando desde Millbank, con el Big Ben al fondo.

Vi una ciudad en calma, con visos de normalidad: el mismo gentío en todas partes, metros, restaurantes y bares llenos.

Al final de un día agitado en víspera de una cumbre que congrega a algunos de los más poderosos del planeta, no puedo dejar de pensar en ganadores y perdedores.

En primerísimo lugar, ganaron Obama y su esposa Michelle.

Obama porque en su primera salida internacional se desempeñó con altura.

Mostró la serenidad que lo caracteriza, tranquilizó con su optimismo, cultivó nuevas simpatías con su sonrisa y su carisma.

Sus primeros encuentros por separado con los presidentes de China y Rusia terminaron en positivo, con un compromiso de colaboración en distintas esferas.

Todo un avance, sobre todo en lo que toca a Rusia, en comparación con el deterioro de las relaciones bilaterales durante el gobierno de George W.

Los logros de este primer día para Obama son el primer éxito de Hillary Clinton en su papel de jefa de la diplomacia de Estados Unidos.

Fue ella la que allanó el camino a las conversaciones de ayer con viajes a Pekín y Moscú.

Michelle Obama porque lució elegante, distinguida e inteligente.
La Primera Dama parece estar abriéndose también un espacio de simpatías de este lado del Atlántico.
Otro de los ganadores del día fue Scotland Yard.

La Policía Metropolitana mantuvo el orden a pesar de que tuvo que vigilar y en algunos casos contener a la fuerza tres manifestaciones, una frente al Banco de Inglaterra dirigida contra los banqueros y el capitalismo, otra también en la City, el distrito financiero, que exigía medidas contra el cambio climático y una tercera, contra las guerras de Irak y Afganistán, que fue desde cerca de la Embajada de Estados Unidos a la Plaza de Trafalgar.

Los agentes, sin embargo, no pudieron impedir los destrozos que causaron un grupo de enfurecidos manifestantes al Royal Bank of Scotland, uno de los perdedores de la jornada.

El mayor perdedor en realidad fue el presidente de Francia Nicolas Sarkozy.

El dicho de que nuestros peores enemigos somos nosotros mismos se hizo cierto ayer en el mandatario francés.

La vehemencia con la que expone sus argumentos no le hace bien.

Pareció intransigente en su conferencia de prensa junto a la canciller de Alemania Angela Merkel en comparación con un conciliador Obama.

Puede verse porqué los exabruptos del presidente francés no contribuyen a su buena imagen.

La Cumbre del G20 comienza esta mañana de un jueves sin el sol radiante de ayer.

Algunos desearían que su situación cambiara tan rápido como el impredecible tiempo londinense.
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