Karl Marx, resucitado

A la tumba de Karl Marx, en el londinense cementerio de Highgate, nunca le faltan flores y peregrinos.

Este domingo, había unos amarillos narcisos regados sobre ella y dos postales, una del Partido Comunista de Finlandia y otra de un admirador que escribió en portugués: “gracias por mostrarme el lado real y perverso del mundo…”

La actual crisis económica da motivos a algunos a decir que las ideas de Marx siguen vigentes.

El filósofo judío alemán, dicen, siempre tuvo razón, aunque a veces haya sido olvidado.

La caida del socialismo real en la Unión Soviética y el resto de Europa Oriental parecía haber confinado las formulaciones de Marx a los libros de historia, habida cuenta de que aquellos regímenes se inspiraban, o decían inspirarse, en ellas.

El aumento de la riqueza que generó la expansión del comercio desde entonces acá y el consiguiente ascenso del nivel de vida de millones de personas en el mundo reforzaron la imagen de un capitalismo triunfante y sin rival.

No tenía necesariamente que ser como había dicho Marx.

El autor de El Capital estaba convencido de que el capitalismo es un sistema moribundo que se caracteriza por sus crisis cíclicas.

Para los seguidores de Marx, la actual debacle es una demostración de su vigencia.

Si es así, ¿qué podemos esperar entonces?

¿Una revolución obrera?

Yo, que estudié filosofía marxista y economía política, como cualquier estudiante universitario cubano de mi época, recuerdo que, según el teoría, tienen que darse las condiciones objetivas para que haya un cambio de sistema.

En ese sentido, Emma Duncan, editora de la revista The Economist, señala que el mundo de Marx, el de profundas divisiones de clase, no es el mismo en que vivimos hoy.

Por lo menos en este país, muchos somos dueños de algo y hay acceso a la educación y a la atención médica que paga el Estado, al que a la vez pagamos todos.

Nadie niega que el sistema económico en que vivimos es injusto e imperfecto.

Nadie tampoco tiene otro que lo reemplace.

Vale recordar que es precisamente el modelo de desarrollo capitalista el que ha permitido que China hoy sea lo que es.

Al parecer nos encaminamos ahora a un capitalismo donde el Estado tendrá un papel más determinante.

Y tal vez Marx tenía razón en que vendrán otras crisis, las inherentes a cualquier empresa humana.

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