Jade, vida y muerte sin desperdicio

Jade Goody, gran dama de la telebasura en Gran Bretaña, blanco por igual de burlas y compasión, murió de cáncer en la madrugada de ayer a los 27 años.

Mal educada y vulgar, una chav sin esconderlo, esta muchacha mestiza nacida en el barrio de Bermondsey en Londres, creció en un hogar en el que el padre estuvo ausente, en la cárcel, y perdió la vida también relativamente joven.

Su fama vino en 2002, al participar en el programa de “telerrealidad”, realidad fabricada mejor dicho, Big Brother del canal 4 de la televisión británica, conocido en España y países latinoamericanos como Gran Hermano (¿no debería ser Hermano Mayor?), donde se explota el interés humano en fisgonear.

Jade se dio a conocer por decir estupideces y por sus groserías, chusma como la que más, pero con aparente honestidad.
A la vez se convirtió en el hazmerreír de la prensa sensacionalista que hizo su agosto del desparpajo.
Por torcidas razones, se ganó un pasaporte a la fama.
Crearon programas de televisión para ella y hasta un perfume.
Ya toda una personalidad, entró en otro programa, esta vez el Celebrity Big Brother, en enero de 2007.
Fue entonces que supe de ella por primera vez debido al escándalo que provocó al gritarle, desgañitada, a la actriz india Shilpa Shetty, a la que llamó “Shilpa Papadum” (papadum es una galleta hecha de harina de lenteja que acompaña las comidas indias, usualmente antes del plato principal).
Jade fue acusada de racista por muchos en la numerosa comunidad india y por quienes se sienten ofendidos por la incorrección política, que no son pocos, en este país.
Acosada y amenazada, Jade pidió disculpas y seguramente para garantizar seguir siendo una figura pública se fue a la India a participar en un Big Brother local.
Fue allí que supo que padecía de cáncer de útero, al llegarle el resultado de pruebas médicas.
Apareció en cámara, llorosa e inconsolable.
Un avispado publicista, Max Clifford, tomó las riendas de las relaciones de Jade con la prensa.
Los detalles de la vida de esta mujer, con cáncer terminal, se vendieron a buen precio a los diarios sensacionalistas, con el objetivo, según se dijo, de garantizar un futuro libre de estrecheces económicas a sus dos pequeños hijos.
Hace unas semanas salió del hospital para casarse con su novio ante las cámaras.
Poco después se bautizaría con sus hijos, seguramente en busca de paz espiritual.
Supimos luego que había decidido pasar sus últimos días en la tranquilidad de su casa, donde falleció este domingo, día de las madres en Gran Bretaña.
Se puede haber tenido o no simpatías por esta mujer por la forma en que se hizo famosa, es decir no por inteligente, caritativa, elegante o bella, o por la manera en que aprovechó el morboso interés de cierto público en ver a un enfermo terminal en lo que le queda de vida.
Ella simplemente jugó el juego de la fama instantánea y ganó o la hicieron ganar.
Sus ganancias venían a la par del aumento de las ventas de diarios y de los índices de audiencia.
La ex enfermera dental dejó millones de libras esterlinas a sus hijos y, supongo, a su esposo Jack Tweedy quien debe terminar una condena de 18 meses de cárcel por atacar a un adolescente.
Se anuncia que su funeral será lo que quiso esta famosa de nuestro tiempo.
Su publicista Max Clifford lo describe como “una producción Jade Goody”
Cabe la pena preguntarse qué se recordará de Jade al paso de los años.
Nos dicen que tal vez más mujeres jóvenes se hagan exámenes médicos para evitar el cáncer del útero.
Sería así con su muerte más útil que lo que fue en su corta vida.
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