Benedicto XVI: ¿demasiados errores?

No puedo permanecer impasible ante la cobertura que se le da a la primera visita del Papa a Africa.

Los diarios han optado por resaltar la respuesta que dio Benedicto XVI a la pregunta de un reportero al comienzo de su viaje sobre el uso de preservativos para detener el sida en el continente africano.

Para quienes no están al tanto de la polémica (hay tantas cosas más urgentes que nos ocupan), el Pontífice dijo que los condones no resuelven el problema sino incluso lo acentúan.

Benedicto XVI reafirmó así la postura de la Iglesia Católica sobre el sexo en el matrimonio y la abstinencia.

Quizás puede argumentarse que el Pontífice debería haber sido más cauto al responder a este tipo de preguntas, poniéndolas en contexto.

De todas formas, como líder de la Iglesia él considera que debe hablar en un lenguaje claro y fijar cuestiones de principios.

Es posible que su declaración no habría levantado tanto revuelo si no hubiera sido en el inicio de un periplo por Africa, el continente donde se encuentra el mayor número de víctimas de sida.

Sin embargo, el hecho de que se le haya dado tanto espacio en los medios de comunicación, obedece también, en gran medida, a una sed por el escándalo.

La declaración sobre los condones se une a lo que se considera como un catálogo de errores que llevan a concluir que la máxima jerarquía de la Iglesia Católica se encuentra ante un serio problema.

Esa conclusión la contiene el titular del diario británico The Daily Telegraph: “Conocedores del Vaticano consideran al Papa un desastre

Según el rotativo, una de sus fuentes afirma que Benedicto XVI está aislado y no consulta a sus asesores.

Se refieren por ejemplo al reciente caso del obispo lefebvrista Richard Williamson al que el Vaticano decidió levantarle la excomunión a pesar de su posición negacionista del Holocausto judío.

Como reconoció después la Santa Sede, una búsqueda en internet, algo que al parecer no se hizo en el caso de Williamson, habría informado sobre sus ideas que son de conocimiento público.

El otro vaticanólogo, la segunda fuente de The Daily Telegraph, argumenta que el discurso del Papa en el que citó las palabras de un emperador bizantino sobre Mahoma en 2006 puso en punto crítico las relaciones con el Islam.

De vuelta al escándalo por las palabras del Papa sobre el uso de preservativos, otro importante diario británico, The Times, destaca hoy:

Benedicto XVI trata de dejar a un lado la polémica por condones con viaje a Angola.

Me refiero a estos dos ejemplos en la prensa nacional pero he visto titulares semejantes en diarios extranjeros, sobre todo europeos.

La prensa podría haber destacado también otras historias del viaje de Benedicto XVI a Africa pero prefiere no hacerlo.

Por ejemplo, el hecho de que la Iglesia Católica atiende a muchos de quienes más necesitan ayuda o la casi ejemplar convivencia de las comunidades cristiana y musulmana en uno de los dos países visitados, Camerún.

Según cuenta John Allen, uno de los periodistas más versados en temas católicos, que viaja con el Papa, diarios importantes decidieron no enviar corresponsales a Africa por los costos en tiempos de recesión.

Sin embargo, lo harán cuando el Pontífice visite Tierra Santa en mayo porque se trata de una historia que vende más.

Creo que hay que concluir que definitivamente el Papa tiene la batalla perdida en los medios.

Hay que reconocer que no todo se debe a prejuicios liberales en la gran prensa.

En realidad, el Vaticano no se ha preparado bien para un mundo que exije noticias 24 horas.

Cuando cubrí el funeral de Juan Pablo II (La humanidad “se vistió de gala”) y la elección de Benedicto XVI para la BBC, (Benedicto XVI, el oso y su fardo) conté, como todos los periodistas, con toda una eficiente infraestructura puesta a nuestra disposición por la Santa Sede.

Otra cosa fue lidiar con la oficina de prensa cuando desde Londres queríamos la declaración de algún portavoz.

Los teléfonos se atienden estrictamente en horario de oficina, si acaso.

Muchas veces era una verdadera suerte que se respondiera un pedido urgente con la celeridad que requiere una transmisión de televisión o radio.

Se dice que uno de los problemas para la comunicación con el mundo exterior es que el director de la oficina de prensa del Vaticano, el padre Federico Lombardi, tiene también a su cargo la radio y la televisión de la Santa Sede.

Según tengo entendido esto obedece a un interés por aligerar el aparato de la comunicación a la medida de un pontificado que no se propone emular los grandes y casi constantes viajes del Papa Juan Pablo II.

Supondría que hay conciencia en la máxima jerarquía de la Iglesia sobre la necesidad de adaptar el engranaje de su oficina de prensa a estos tiempos pero ¿existe la capacidad y la voluntad para hacerlo?

Definitivamente no basta colocar videos del Papa en You Tube para dar a conocer su palabra.

Hay mucho que destacar de positivo de la Iglesia en respuesta a esa constante andanada de escándalos a las que se nos tiene acostumbrados.

Como dice el Evangelio, el candelero debe estar siempre visible.

Más en estos tiempos.

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