2030, "año de catástrofe"


Es consustancial al ser humano el interés en conocer el futuro.

Desde la infancia venimos escuchando de distintos grupos religiosos que el fin del mundo se acerca.
Otros profetizan el fin de la historia o anuncian hecatombes que nos acarreará el cambio climático.
Los profetas de distinta laya son casi cuestión de cada día.
De vez en cuando algunos reciben atención, sobre todo si es un científico reconocido el que hace el vaticinio.
Tal es el caso de John Beddington, el principal asesor en materia científica del gobierno de Gran Bretaña.
Beddington afirmó hoy que la escasez de alimentos y energía en el mundo creará una “tormenta perfecta” en 2030.
El jefe del Departamento de Ciencia señaló ante la Conferencia de Desarrollo Sostenible del Reino Unido que dentro de 21 años la demanda de energía aumentará en un 5o por ciento y la de agua potable en un 30 por ciento cuando la población del planeta llegue a los 8 mil 300 millones de personas.
El cambio climático, argumenta Beddington, exacerbará el problema.
El científico prevé que las consecuencias serán guerra y migraciones masivas.
Ante este desolador panorama, el profesor Beddington insta a desarrollar plantas más resistentes a las plagas y mejores prácticas en la agricultura.
No es la primera vez que el científico hace serias advertencias sobre el futuro, aunque la de hoy es quizás la más dramática.
Beddington sostiene que los alimentos tienen prioridad porque en su opinión una crisis alimentaria global vendría primero que los efectos más serios del cambio climático.
El profesor cree que los precios de los alimentos seguirán aumentando debido a que el incremento de los niveles de vida trae aparejada una mayor demanda.
Algunos verán estos alarmantes pronósticos como la confirmación de que el planeta no tiene los recursos suficientes para suplir las necesidades de una población en aumento.
Otros argumentarán que las hecatombes son inevitables. En su opinión, hambrunas y epidemias corregirán un exceso de seres humanos en el planeta.
Sería, literalmente, un sálvese quien pueda.
En todo caso, si tomamos las predicciones de Beddington como bien fundamentadas, la pregunta que debenos hacernos es qué hacen los gobiernos de este mundo para prevenir o al menos limitar las repercusiones de esta catástrofe.
Por la urgencia del científico británico (y lo debe saber bien), muy poco o nada.
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