La floreciente industria del sexo

Un periodista, ex colega, indagaba esta semana sobre buenas noticias económicas.
Para darle un norte, le sugerí las empresas de familias, que según el diario The Financial Times, están sobreviviendo mejor la crisis, considerada ya como la más severa, la de más alcance, de los últimos 80 años.
Pienso hoy en otro sector donde no han parado las ganancias: la industria del sexo.

Sean cuales sean los parámetros morales que se tengan, hay que reconocer una realidad innegable, esta sigue floreciendo, a pesar de la tormenta que afecta la economía.

Se calcula, según el diario The Independent, que las ganancias anuales del giro en Gran Bretaña son de entre 700 millones a mil millones de libras esterlinas (más o menos entre 999 millones a 1,426 millones de dólares o entre 785 millones a 1,120 millones de euros)

Se trata de la industria del sexo en sus múltiples negocios, no sólo la prostitución: videos y revistas pornográficas, objetos para uso sexual, lapdancers, strippers, etc.
La demanda, irreprimible, sigue y por ende, también la oferta.
Leí recientemente que en un país latinoamericano, algunas prostitutas se quejaban de un descenso en el número de clientes, algo que ellas achacaban a la crisis.
Si bien es cierto que cierto tipo de prostitución, el de la calle, podría dejar menos réditos ahora, hay una clientela más exigente que sigue dando vida a servicios más caros.
Hace unos años conocí a alguien que había hecho un estudio de la rentabilidad de la prostitución.
De sus entrevistas con varones que se dedicaban a esta profesión en Londres, concluyó que se trata de un negocio redondo porque lo hacen a voluntad, no están controlados por nadie y no pagan impuestos.
La realidad para la mayoría de quienes se dedican a vender su cuerpo es otra.
Para resumirlo: la prostitución, que no es ilegal en Gran Bretaña, se mueve en el mundo sombrío del tráfico de personas, un fenómeno que se ha acentuado desde que se abrieron las fronteras de Europa Oriental.
Se afirma que de las 80,000 trabajadoras sexuales, la mayoría extranjeras, que ofrecen sus servicios aquí, 4,000 son mujeres, algunas muy jóvenes, que son explotadas por mafias de traficantes de personas, sobre todo de origen albanés.

En ese contexto, el actual gobierno británico quiere quebrar el ciclo de oferta y demanda haciendo un delito el pago a una prostituta controlada por terceros.

La medida ha generado polémica entre quienes están a favor de una legalización de la prostitución y quienes sostienen que no detendrá el tráfico de personas como ha sucedido en Holanda.
Dudo que con medidas de este tipo se pueda frenar a las mafias, que siempre encontrarán un resquicio para vivir de un lucrativo negocio.
Por otra parte, estoy seguro de que la antigua y milenaria industria del sexo será de las menos afectadas por la crisis.
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